Una de las lecciones más reveladoras de los últimos comi...
La renuncia del gabinete que presidía Denisse Miralles se produjo horas antes de que el equipo ministerial se presentara ante el Legislativo. Más tarde, Luis Arroyo Sánchez, general EP (r), asumió la presidencia del Consejo de ministros (PCM) y el Perú se convirtió en un laboratorio mundial, único en los procesos democráticos, para analizar cómo la mediocridad de una clase política puede llevar al desquiciamiento general del espacio público.
El mundo se preguntaba cómo puede suceder que un equipo ministerial renuncie a menos de cuatro semanas de las elecciones generales y luego de una sucesión de ocho jefes de Estado en la última década, cuando solo debió haber dos presidentes. ¿Qué sucede en el Perú con este desquiciamiento general de la vida pública?
Sin embargo, a medida que pasaron las horas, cruzando especulaciones y versiones –como se dice en el periodismo político– se pudo establecer que era improbable que el gabinete Miralles consiguiera la confianza del Legislativo. El motivo: Alianza para el Progreso de César Acuña, Podemos de José Luna, Somos Perú y Perú Libre exigían ministerios y oficinas que hacían imposible los acuerdos. La voracidad de estos movimientos, que han confundido compras y ventas en un mercado informal con la política, volvía imposible la gobernabilidad. No había proyectos ni ideas de largo plazo.
Por otro lado, movimientos como Fuerza Popular y Renovación Popular no parecían muy interesados en jugarse por el gabinete Miralles, por cálculos y efectos en la campaña electoral.
Ante semejante impasse, de alguna manera, empezó a surgir cierta racionalidad entre los esforzados integrantes del gabinete Miralles que, por cierto, se fajaron y demostraron gran eficiencia en la crisis del gas, articulando convergencias entre el sector público y privado. ¿Cuál era esa racionalidad? Producir la renuncia del Gabinete horas antes de la presentación ante el Congreso con el objeto de posibilitar al presidente José María Balcázar formar un nuevo equipo ministerial.
De esta manera el nuevo Consejo de Ministros tendrá hasta 30 días para presentarse ante el Legislativo para solicitar la confianza. Es decir, podría presentarse ante el Congreso luego de la primera vuelta electoral del próximo 12 de octubre, cuando ya debe estar conformado el nuevo Legislativo; es decir, la cámara de diputados y el Senado Nacional. Planteadas las cosas así, los mercaderes de la política nacional, agrupados en APP y Podemos, tendrían escasas posibilidades de seguir negociando puestos públicos porque en el Perú habría surgido un nuevo poder político. De alguna manera las tendencias marcadas a la anarquía institucional se morigerarían.
En este contexto tan extraño de desquiciamiento político juró Luis Enrique Arroyo Sánchez como nuevo PCM y, en el acto, todos los peruanos de buena voluntad empezamos a desear que el nuevo equipo ministerial logre conducir a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional (PNP) para garantizar un proceso electoral transparente, sin sombras ni denuncias. E igualmente, se hizo votos para que en el actual estado de fragilidad de la democracia peruana el Estado logre enfrentar cualquier eventualidad como El Niño costero o la crisis del gas natural.
En este terrible escenario lo mejor que puede suceder es que el cronograma electoral avance y luego juzguemos adecuadamente la irresponsabilidad de los mercaderes de la política nacional.
















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