Editorial Política

El 60% de aprobación de Fujimori y la oposición política

Anotaciones sobre el nuevo momento de la administración Fujimori

El 60% de aprobación de Fujimori y la oposición política
  • 13 de agosto del 2026


La presidente Keiko Fujimori ha conseguido 60% de aprobación luego de una semana de gestión y, en el acto, se desataron las más diversas interpretaciones para, como se dice, aguar la fiesta de los análisis y las reflexiones. Por ejemplo, se pretendió comparar la popularidad del jefe de Estado con las aprobaciones de los primeros sondeos de Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuzcynski. Como todos sabemos, Toledo a inicios del 2000 alcanzó 74% de aprobación y los expresidentes mencionados consiguieron respaldos por unos puntos encima del sesenta por ciento de aprobación.

¿Es correcto hacer ese tipo de comparaciones? ¿O en vez de análisis político estamos intentando redactar la próxima narrativa del antifujimorismo? El triunfo de Toledo representó la emergencia de una mayoría nacional que, claramente, sancionó al fujimorismo de los noventa. Una mayoría que hoy sabemos que fue circunstancial, que representaba ese tipo de humores de las masas que se evaporan con rapidez. Las popularidades que alcanzaron García, Humala y PPK corresponden a jefes de Estado que ganaron y actuaron en medio de una democracia que se estabilizaba, con oficialismo y oposiciones que se institucionalizaban en medio de coaliciones que otorgaban gobernabilidad al Estado de derecho. 

De alguna manera el Perú parecía encaminarse a una democracia con relativa estabilidad. Quizá la señal más importante de la estabilidad institucional era la alternancia en el poder. Por ejemplo, García quedó segundo en la elección que ganó Toledo y en los siguientes comicios llegó al poder. Algo parecido sucedió con Humala, quien quedó segundo en la victoria de García y en la próxima elección ganó los comicios. El Perú se bloqueó en la siguiente elección: Keiko Fujimori había quedado segunda en la victoria de Humala, pero los sectores de izquierda levantaron un veto brutal, de la misma intensidad de los vetos del siglo pasado contra el aprismo. Incluso a Keiko se le inventó una investigación de la DEA y el veto se impuso y el Perú se encaminó a una guerra civil sin balas, una guerra de tanta intensidad que el mundo se volteó: los pícaros aparecieron como decentes y hasta los primariosos aparecieron como intelectuales y académicos con tal de alimentar el antifujimorismo.

En ese Perú de una virtual guerra civil sin balas se desarrolló una de las persecuciones de políticos anticomunistas más brutales de las últimas décadas en la región. Alan García, Keiko Fujimori y Luis Casteñeda Lossio fueron arrinconados y perseguidos de tal manera por la izquierda que el triunfo de Pedro Castillo en el 2021 fue un resultado natural. Y los fiscales villanos, convertidos en héroes por una media sorprendente, se ensañaron con Keiko de manera particular: tres veces llegó a una segunda vuelta y tres veces fue castigada con sendas prisiones preventivas.

En ese universo de guerra civil sin balas que se focalizaba en el ataque al fujimorismo sobre la base de narrativas goebbelianas que los científicos políticos estudiarán, Fujimori se convirtió en blanco central. En una década hubo ocho jefes de Estado en vez de dos –como establece la Constitución– y la popularidad de los ejecutivos y legislativos se derrumbó por debajo de un dígito. La anarquía, la implosión y el bloqueo caracterizaban al sistema institucional.

El hecho de que luego de una semana y media de gestión Fujimori alcance el 60% de aprobación revela que la esperanza y la expectativa del pueblo peruano es enorme. Y reconoce que ese estilo frenético de trabajo de Fujimori –que agobia a los ministros, a los medios, y a la propia oposición política– empieza a ser reconocido. Igualmente revela también que la gente registra que en el gobierno se hacen las cosas que deben hacerse y se designa en los ministerios y las oficinas a los mejores y a quienes debe designarse. Un académico extranjero podría subrayar la extraordinaria rapidez con que la nueva administración nos devuelve a la normalidad política. 

El asunto se sincerará cuando la oposición ideologizada de la izquierda comunista pretenda bloquear la delegación de facultades legislativas en medio de la emergencia nacional del fenómeno de El Niño y la lucha contra la ola criminal. En este contexto, si el Ejecutivo actúa correctamente resolviendo los temas de emergencia y transformando la riqueza nacional que produce el sector privado en servicios básicos, la izquierda radical se volverá intrascendente y el fujimorismo volverá a ganar en el sur por más de 60% del respaldo ciudadano. De lo contrario, todo se desplomará con la misma rapidez con que llega la esperanza.

  • 13 de agosto del 2026

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