Manuel Gago
Resentimiento, boicot y sabotaje
Mucho cuidado con los excesos y el autoritarismo
Una encuesta de Datum confirma la popularidad de Keiko Fujimori: el 60% de la población aprueba su gestión, destacando el apoyo de las mujeres y los más jóvenes. El “pensemos en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” –dicho por Keiko durante su mensaje a la nación por Fiestas Patrias– tiene un profundo valor. La presidente engancha con las nuevas generaciones.
En un contexto de mejora y aceleración de la gestión para ofrecer resultados prontamente, lo hallado en los hospitales no es novedad. Lo sabe la mayoría. Desde el año 2000 el Estado peruano fue gobernado por banderas políticas dedicadas a detener la recuperación del fujimorismo. La lucha anticorrupción enarbolada por los socialistas y progresistas sirvió para ganar elecciones y no para ofrecerle a los peruanos un mejor país. Hoy, Keiko Fujimori decide hacer todo lo contrario: comprarse el pleito y sentar las bases de la transformación.
Luis Dyer, ministro de salud, ha “descubierto” en los hospitales medicinas a punto de vencer, equipos médicos malogrados o paralizados y otras anomalías propias de un Estado capturado por la ineficiencia y sinvergüencería. Con el diagnóstico bastante conocido, el país espera recetas que alivien los males. Pero en un contexto de consolidación de la popularidad del nuevo gobierno, vale advertir sobre los peligros del exhibicionismo acompañados del fantasma autoritario.
La principal ley de la administración moderna es la dirección por objetivos, la delegación de la autoridad y la responsabilidad, respetando jerarquías. El voluntarismo manifestado de manera pública funciona para los aplausos, para el populismo, para ganar imagen; sin embargo, carcome el sistema que se piensa corregir. Que un jefe de alto nivel ridiculice a un mando medio promueve resentimientos, y de esto la historia nacional está plagada de ejemplos. Sus consecuencias pueden ser el boicot y el sabotaje.
Otra ley de la administración moderna es trabajar por medio de otros, aun cuando sean parte de esa ineficiencia y sinvergüencería. En simple: buscar aliados. El sistema de salud es un monstruo de mil cabezas, y cada cabeza sabe cómo hacer colapsar el sistema y sabe cómo destruir una gestión. Vea usted lo hecho por Donald Trump en Venezuela. Dejó que la alta dirigencia del chavismo sea la que destruya al chavismo diseminado en todo el país.
Los llamados “círculos de calidad”, experimentados exitosamente en Japón y propiciados por esa antigua administración moderna –de los cincuenta del siglo pasado–, busca la participación de todos en la solución de los problemas. El objetivo es la eficacia y competitividad. La realidad demuestra que el trabajador, en apariencia más insignificante en una jerarquía de súper jefes, sabe –por ejemplo– qué tornillo ajustar para que una máquina funcione. Los “círculos” buscan el compromiso de todos con los resultados.
La popularidad de Keiko debe ir hacia arriba. Dependerá de ella y de las autoridades nombradas. No es tarea fácil gobernar un Perú históricamente desconfiado, susceptible y proclive a creer todo lo escuchado. Por algo, las “narrativas” izquierdistas dicen lo contrario a la realidad, y convencen a amplios sectores de la población.
La alianza con los iguales no es novedad. La novedad es aliarse con los distintos, con los que parecen insignificantes y hasta con el adversario. Ese es el gran mérito necesario para avanzar manteniendo estable un sistema. Simpatía, capacidad de aprendizaje rápido y “muñeca” para dirigir son las claves para alcanzar cualquier objetivo.
















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