Luego de las primeras semanas de administración, luego de desar...
Durante la campaña electoral y luego de asumir el gobierno la presidente Keiko Fujimori anunció la integración del Perú al Escudo de las Américas, también conocido como Coalición Anticárteles. Se trata de una alianza de los estados de América Latina con los Estados Unidos que pretende coordinar la seguridad hemisférica y desarrollar cooperación militar, de inteligencia y otros, con el objeto de desmantelar cárteles de la droga, redes del crimen organizado transnacional y detener la migración ilegal que empieza a afectar a la región. La iniciativa, promovida por la administración del presidente Donald Trump, es decisiva para reconfigurar la posición del Perú y de los países de la región en el nuevo orden mundial que emerge, caracterizado por la colisión de civilizaciones.
Durante los primeros días de la nueva administración Fujimori, la izquierda antisistema, la izquierda vinculada al proyecto chavista de la región, ha comenzado a arremeter en contra de la decisión del Perú de formar parte del Escudo de las Américas. Una feroz campaña en contra de Carlos Espá, ministro de Relaciones Exteriores, y diversos intentos de amedrentar al nuevo gobierno forman parte de esta ofensiva.
¿Por qué la izquierda en todas sus versiones se opone al Escudo de las Américas? Quizá una respuesta se halle en la permanencia del gobierno del presidente Rodrigo Paz en Bolivia a pesar de la brutal insurrección que pretendió perpetrar Evo Morales y el eje bolivariano, mediante el bloqueo de todas las carreteras nacionales y acciones directas de masas. ¿Cómo resistió el presidente Paz y ahora avanza a consolidar la democracia? El 21 de mayo del 2026 en una nota de prensa del Departamento de Estados de los Estados Unidos, se informaba que Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, y Trinidad y Tobago –es decir los países del Escudo de las Américas– expresaban su profunda preocupación por los bloqueos de carreteras y violencia en Bolivia, y respaldaban al gobierno de Rodrigo Paz.
He allí una de las razones por las cuales la izquierda chavista luchará con uñas y dientes para frenar el ingreso del Perú al Escudo de las Américas. Y es que, inevitablemente, una coalición de estados de la región para combatir el narcotráfico y el crimen organizado culmina en una defensa real de la democracia y el Estado de derecho. Es inevitable. Detrás de los bloqueos de carreteras en Bolivia, sin lugar a duda, también estaban las economías criminales.
Algunos señalan que el Escudo de las Américas rompe la necesaria neutralidad que debería mantener el Perú frente a la disputa entre China y Estados Unidos. Semejante posición, delirante desde cualquier punto de vista, considera que el Perú tiene la fuerza para preservar la paz y los buenos negocios de nuestro territorio sin optar por un bloque en medio de esta disputa planetaria. Locura geopolítica.
La única manera en que el Perú puede mantener el equilibrio en esta disputa mundial, y al mismo tiempo preservar su pleno compromiso con el Estado de derecho y las libertades, es desarrollando una alianza geopolítica y militar con los Estados Unidos que, en esta primera fase, pasa por la consolidación de nuestra presencia en la coalición Escudo de las Américas. A partir de esa alianza el Perú estará en condiciones de desarrollar excelentes negocios con China continental, tal como lo hacen los llamados “tigres” del sudeste asiático, que mantienen sólidas alianzas militares con los Estados Unidos y desarrollan increíbles negocios con China.
Algo más que refuerza con absoluta claridad esta posición. El modelo civilizacional de China no se compromete con los estados de derecho ni la defensa de los Derechos Humanos en los países con los cuales desarrolla negocios. Por eso podía comprar el 80% del petróleo de Venezuela, mientras la dictadura chavista empobrecía al 90% de la población y perseguía y encarcelaba a todos los disidentes.
Nuestro compromiso con el Estado de derecho, los Derechos Humanos y las libertades nos obliga a una alianza geopolítica y militar con los Estados Unidos. Nuestra voluntad de crecer y reducir la pobreza también nos obliga a desarrollar negocios con China. No hay ninguna contradicción, a menos que se pretenda relativizar la pertenencia del Perú al eje civilizacional de Occidente.
Se trata, pues, de una fórmula que explica la emergencia de la mayoría de los países de Asia que alcanzan el desarrollo. No hay mucho que inventar.
















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