Piero Gayozzo
Después de Sendero Luminoso
Hoy tenemos congresistas vinculados a esa agrupación terrorista
La historia de Sendero Luminoso es una historia escrita con sangre, fanatismo y muchos intentos de reinvención. Los estudiosos de su historia y evolución dividen su desarrollo en cuatro etapas. La primera relacionada a su surgimiento en los años 1970. La segunda abarca el desarrollo de la lucha armada entre los años de 1980 a 1991, años en los que su accionar terrorista se focalizó en el interior del país. La tercera etapa es la correspondiente a los años de 1991-1992 o “intensificación” de la lucha armada, años en los que la cúpula decide tomar la ciudad de Lima y que culmina con la captura de Abimael Guzmán en 1992 y la rendición de sus seguidores más leales. Debe mencionarse que en 1993 una de las ramas liderada por Óscar Ramírez Durand alias “Feliciano” rechazó las órdenes de Guzmán y optó por continuar con los intentos por capturar el poder con las armas, así se crea una facción denominada “Proseguir”, que desde 1999, tras la captura de Feliciano, fue organizada por los hermanos Quispe Palomino y su accionar fue reducido a VRAEM.
Pese a la rendición de Guzmán y la reducción de Proseguir a un campo de acción muy limitado, Sendero Luminoso continuó luchando por mantenerse organizado y activo. Así, en 1993 se inicia lo que el politólogo Esteban Valle Riestra denomina la cuarta etapa o la etapa de Lucha política sin armas. Se trató de diferentes iniciativas dirigidas por la cúpula de Sendero Luminoso, ya para entonces en prisión, con los cuales lograr un acuerdo de paz con el Estado peruano. Asumiendo una perspectiva de “guerra”, según la cual Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas lucharon como partes enfrentadas en similares condiciones, la paz podía ser firmada y pactada sin mayores consecuencias para sus actores. De 1993 al 2000, Sendero Luminoso optó por una forma de “Acuerdismo” en el que formalizaron las negociaciones y búsqueda de acuerdos de paz, a la vez que solicitaron mejoras en las condiciones de los militantes presos e intentaron que el partido prevalezca. Caído el régimen de Fujimori, del 2000 al 2006 la estrategia viró hacia una “Solución Política”, una propuesta para amnistiar a los militantes de sendero y los miembros de las FF.AA. que participaron del conflicto.
Luego de los infructuosos intentos por dialogar con el Estado, la cúpula de Sendero Luminoso decidió reorganizar a sus seguidores en torno al Movadef. El año 2009 es creado el Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales, el cual trataba de recuperar el “Pensamiento Gonzalo” (ideología de Sendero Luminoso), organizarse como partido político, brindar una lectura senderista de la época del terrorismo y, además, popularizar la propuesta de “solución política” para la reconciliación, la cual amnistiaría a los senderistas, a los militares perseguidos y liberaría a Abimael Guzmán. Para nuestra tranquilidad, el Movadef fue objeto de investigaciones constantes por parte de las autoridades y recibió dos duros golpes en los operativos Perseo (2014) y Olimpo (2020). Por más que Movadef hizo uso de argucias legales para sobrevivir, entre ellas camuflarse una vez más al asociarse con otras organizaciones y crear el Frente por la Unidad y Defensa del Pueblo Peruano (FUDEPP) como segunda fachada (2015), el 28 de octubre del 2024, el Poder Judicial ordenó su disolución. Ese año el núcleo de reorganización senderista fue ilegalizado. Sin embargo, el nombre de Sendero Luminoso no dejó oírse en los noticieros.
Ocurre que en paralelo a las acciones organizadas y centralizadas de Sendero Luminoso a través del Movadef, se llevó a cabo un proceso de dispersión política de sus militantes y exafiliados. Fue sobre todo en el gobierno de Pedro Castillo (2021-2022) en el que nombres como Conare-SUTEP o Fenatep, organismos generados senderistas o asociados a él que se infiltraron en el sindicato magisterial, o el del exministro de Trabajo Íber Maraví, el del expremier Guido Bellido, los excongresistas Guillermo Bermejo y Edgar Tello, y el mismísimo presidente Castillo, fueron asociados por participación, filiación o simpatía con Sendero Luminoso y sus diversas fachadas.
Más allá de los nombres y casos particulares, estos episodios parecen formar parte de un proceso político más amplio: la dispersión de los antiguos miembros de Sendero Luminoso y de sus organismos generados dentro de la vida política nacional. Esta etapa podría considerarse anexa a su historia o, quizás, como un epílogo de la misma, aunque no inicia inmediatamente después de la ilegalización de Movadef, sino que, probablemente, se llevó a cabo de forma paralela a los intentos de acción política y “acuerdismo” de la organización terrorista. A diferencia de las anteriores, esta etapa se desarrolla en un clima de polarización política generalizada que podría resultarle favorable. Por un lado, existe un sector, principalmente de izquierda, que muestra cierto grado de tolerancia a miembros asociados al Movadef y, sorprendentemente, lo hace como forma de rechazo a lo que consideran es un injusto señalamiento de los luchadores sociales, algo que denominan “terruqueo”. Por otro lado, el sector opuesto rechaza virulentamente cualquier cercanía o gravitación alrededor de los remanentes de Sendero Luminoso. Este nuevo contexto les favorece porque centra la atención a la confrontación política entendida en forma de bandos, antes que a las ideas y antecedentes de estos individuos (afiliación senderista o simpatías pro-senderistas).
En este escenario, la dispersión deja de ser únicamente una consecuencia de la derrota de Sendero Luminoso y puede convertirse también en una estrategia de supervivencia política. La dispersión de sus militantes y sus intentos por camuflarse en la vida política, infiltrarse o hacer alianzas con grupos y partidos políticos de izquierda podría ser el intento de algunos por reinventarse y dejar atrás el pasado; sin embargo, como el caso de Bermejo y Maraví, esto no parece ser la norma. Esta vez, los exmiembros y simpatizantes de Sendero Luminoso intentan ocupar cargos políticos para contrabandear sus ideas anti-sistema. Y esto debido al fanatismo con el que defienden sus ideales, aunque han aprendido a callar sus vítores a Abimael Guzmán. No debemos olvidar los intentos aislados de reclutamiento y adoctrinamiento en Trujillo, bajo la fachada de ONG llamada “Voluntad Transformadora”, y en Ayacucho mediante el Frente de Defensa que lideraba Rocío Leandro Melgar alias camarada Cusi. No se trata de un proyecto organizado, no que sepamos, aunque podemos atender al llamado de reorganización decretado en la creación del Movadef, no obstante, pareciera un conjunto de esfuerzos individuales, de personas que han ido escalando por su cuenta y aprovechando la debilidad institucional y la tolerancia de la izquierda política para hacerse con parte del poder.
La ausencia de una estructura centralizada no significa, sin embargo, que estos esfuerzos carezcan de consecuencias políticas. Luego del desastroso gobierno de Pedro Castillo, cuando creíamos haber superado la amenaza senderista, el Congreso del 2026 vuelve a traer a la memoria a Sendero Luminoso, dándoles la oportunidad de ocupar curules a personajes con vinculación a dicha agrupación terrorista. Esta vez, Iber Maraví, fundador del organismo generado Conare, y Moisés Chipana, exdirigente del organismo generado Fenatep, han sido elegidos como senadores, mientras que César Tito Rojas y Alejandro Manay, ambos exdirigentes del Conare, formarán parte de la Cámara de Diputados. Llama la atención cómo la izquierda local, hoy en la forma de Juntos por el Perú, tolera e invita a participar a elementos asociados a ideas que en su momento persiguieron a esa misma izquierda que hoy les abre las puertas de la vida política y ponen en riesgo la institucionalidad del país. ¿Permisibilidad inocente o complicidad silenciosa? Aunque no se pueda establecer cuál de las dos, lo cierto es que el fantasma de Sendero Luminoso sigue vigente. Hoy, una vez más, acecha desde el Congreso. Estemos vigilantes.
















COMENTARIOS