Cajamarca se asienta sobre uno de los corredores geológicos de ...
Si uno revisa las propuestas y programas que los diversos movimientos de izquierda presentan en esta campaña electoral, inevitablemente, se concluirá que estas fuerzas políticas siguen congeladas en el viejo modelo cepaliano de la sustitución de importaciones que ha fracasado en el Perú, en Venezuela, en Argentina y en todos los países Hispanoamericanos. Un modelo que, finalmente, explica por qué Latinoamérica perdió el tren del desarrollo mientras los llamados Tigres de Asia se enrumban en el camino hacia el desarrollo.
Con grados más, con grados menos, las izquierdas siguen con el viejo modelo y encuentran en el régimen económico de la Constitución de 1993 del Perú a una cordillera en contra que les impide avanzar. El modelo de sustitución de importaciones, como su nombre lo dice, busca una industrialización artificial del país mediante la intervención directa del Estado: aranceles altos que prohíben la competencia de los productos extranjeros con la nueva industria nacional, subsidio generalizado a los nuevos sectores en desarrollo, regulación de precios y mercados en general y creación de empresas estatales como ejes de la economía. El resultado es conocido: luego de un breve tiempo de auge faltan dólares y comienza la emisión desesperada generando inflación y pobreza general.
El modelo de sustitución de importaciones no solo genera quiebra de la economía nacional, inflación y pobreza, sino que, inevitablemente, empuja a la estatización de la economía. Semejante modelo que ha fracasado en toda Hispanoamérica es imposible que se desarrolle bajo el marco constitucional de la Carta de 1993 del Perú. Las razones: nuestra Constitución consagra la autonomía del BCR, establece la libertad general de precios y mercados, protege el comercio internacional, respalda la competencia de mercado, consagra el respeto a la propiedad privada y los contratos y establece el papel subsidiario del Estado frente al sector privado. He allí entonces la razón de que las izquierdas agiten por la asamblea constituyente.
En el Perú el modelo de sustitución de importaciones que aplicó el velasquismo se desarrolló durante las décadas de los setenta y los ochenta (incluidos el segundo gobierno de Fernando Belaunde y el primero de Alan García) destruyendo un 30% del PBI y, a través de cerca de 200 empresas estatales, se desató un déficit fiscal de cerca del 14% del PBI y una de las hiperinflaciones más aterradoras de la historia. El resultado: más del 60% de la población en pobreza.
Algunos datos estremecedores: antes del modelo de sustitución de importaciones del velasquismo y de la democracia de los ochenta el ingreso per cápita del Perú era el doble que el de Corea del Sur. A inicios de los noventa, antes de las reformas económicas de Alberto Fujimori, el ingreso per cápita de Corea del Sur era 6 veces más que el del Perú.
Las izquierdas, en todas sus versiones, ya sea las más ortodoxas o las reformistas, se acercan o se alejan del modelo de sustitución de importaciones, pero siempre giran alrededor de este centro de gravedad, de este modelo de la industria artificial. Por ejemplo, cuando un candidato señala que utilizará las reservas internacionales del BCR para incrementar la demanda interna, en realidad, está proponiendo acabar con el papel rector del BCR y destruir la posición monetaria que le ha costado más tres décadas de sangre sudor y lágrimas a los peruanos por unos meses de pachanga y bonanza artificial. Una propuesta de este tipo solo puede corresponder a una estrategia de industrialización artificial.
El gran problema de las derechas es que hasta ahora no se decide a confrontar ideológicamente a las izquierdas desnudando el trapo viejo y andrajoso del modelo de sustitución de importaciones que hundió al Perú con el velasquismo y ha destruido el futuro de Venezuela. Es hora de correr el velo y mostrar la barbarie económica de la izquierda.
















COMENTARIOS