Editorial Economía

La izquierda propone fábricas de pobreza y atraso

El debate sobre el modelo de sustitución de importaciones en la mesa

La izquierda propone fábricas de pobreza y atraso
  • 27 de enero del 2026


La izquierda no tiene modelo. Con grados más o menos, con énfasis más o menos, sigue insistiendo en el viejo modelo de sustitución de importaciones que empobreció a América Latina y sacó a Hispanoamericana del camino al desarrollo.

Antes de que se materializara este modelo en Perú –con el velascato– y otros países de la región, el promedio ingreso per cápita de Latinoamérica duplicaba a los de los países del sudeste asiático. Luego de más de dos décadas de aplicación de la fórmula estatista, los países del Sudeste Asiático sumaban seis veces el promedio per cápita de la región. La diferencia se había vuelto abismal, y a partir de los noventa la diferencia siguió creciendo hasta que los llamados Tigres del Asia, simplemente, alcanzaron el desarrollo.

¿Cómo explicar esta evolución tan adversa para nuestra región? ¿El modelo de sustitución de importaciones, la influencia nociva de las tesis marxistas en economía? ¿Estamos acaso resucitando un debate del pasado? De ninguna manera. Si analizamos los programas de los candidatos de la izquierda peruana, más allá de las envolturas, todas ellas parecen aterrizar en el programa de la sustitución de importaciones.

El modelo de sustitución de importaciones propone establecer un proteccionismo frente a la competencia externa a través de aranceles altos, y plantea eliminar los tratados de libre comercio. El objetivo: planificar el crecimiento de una industria autóctona, autárquica, al margen de la competencia de los mercados externos. Para alcanzar este objetivo se necesita un plan central, un dólar controlado y subsidios en general. Luego de una primera etapa de crecimiento y expansión artificial en la economía empieza a faltar dólares para subsidiar a la nueva industria, el déficit crece y comienza la emisión inorgánica de monedas. 

En el Perú del velasquismo de los setenta y ochenta –la democracia no desmontó el estatismo– y en la Venezuela y la Bolivia de hoy, y en todos los experimentos socialistas, ha sucedido lo mismo: el modelo se agota, se dispara la inflación y la pobreza se generaliza hasta sumar entre 60% y 90% de la población. Es decir, el modelo de sustitución de importaciones es una verdadera industria de la pobreza.

En Perú y Chile se aplicó el modelo de las economías abiertas en base a los tratados de libre comercio, la desregulación de precios y mercados y el papel subsidiario del Estado frente al sector privado. Sin embargo, las guerras ideológicas convirtieron a los estados en enemigos del crecimiento y del despegue de los mercados. En otras palabras, a diferencia del modelo de los llamados “Tigres de Asia” (Corea del Sur, Singapur, Taiwán) el Estado no acompañó el modelo. 

En el sudeste de Asia el Estado promovió las inversiones en infraestructuras y desarrolló impresionantes emprendimientos en ciencias, tecnologías y reformas del sistema educativo. En Chile y Perú las guerras con las izquierdas y los relatos del progresismo y wokismo burocratizaron el aparato estatal, se crearon ministerios por criterios ideológicos y las sobrerregulaciones se convirtieron en los peores enemigos del mercado. He allí el resultado: el crecimiento de Perú y Chile está medio camino.

En el Perú entonces el enemigo central del crecimiento y el desarrollo es el Estado que, no obstante contar con los mayores recursos de la reciente historia –únicamente comparables con los ingresos del guano del siglo XIX– no puede resolver los problemas del agua y el desagüe, construir escuelas, postas médicas y resolver el problema de las carreteras. El Estado consume una tercera parte del PBI nacional de más de US$ 300,000 millones, el Estado está repleto de dinero gracias a los impuestos que pagan los privados y las empresas, sin embargo, no puede resolver los problemas generales de la sociedad.

Es necesario entonces definir en dónde está el problema. El Estado es el problema y el Perú hoy se sostiene por el sector privado que financia el 80% de los ingresos nacionales y provee el 80% del empleo.

Si las cosas son así, ¿por qué la izquierda sigue aferrada a la momia ideológica del modelo de sustitución de importaciones?

  • 27 de enero del 2026

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