Editorial Economía

La flexibilidad laboral, una de clave de los países desarrollados

La solución al problema de la informalidad laboral

La flexibilidad laboral, una de clave de los países desarrollados
  • 19 de mayo del 2026


El Employment Flexibility Index 2020 ofrece una pista incómoda para el debate laboral peruano: los países con mercados de trabajo más flexibles —Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Reino Unido, Canadá, Irlanda y Dinamarca— son, casi sin excepción, los mismos que alcanzan el pleno empleo (desempleo entre 4% y 5% de la PEA) o niveles muy cercanos. Es una señal reveladora: allí donde contratar y despedir es relativamente sencillo, el desempleo tiende a ser bajo, la rotación alta y la economía más dinámica. La flexibilidad no destruye el empleo, lo hace posible.

Estados Unidos representa el caso más nítido. Su sistema de at-will employment permite que empleador y trabajador den por terminado el vínculo en cualquier momento, sin necesidad de alegar una causa específica, salvo discriminación o represalia. Esta libertad contractual sostiene uno de los mercados laborales más activos del mundo: cada trimestre se registran millones de contrataciones y desvinculaciones, reasignando mano de obra hacia los sectores más productivos. Con todo, la tasa de desempleo se mantiene en torno al 4% y los costos no salariales rondan solo un 30% de la compensación total, lo que hace viable contratar incluso para pequeñas empresas.

En la misma línea, Japón y Nueva Zelanda muestran que flexibilidad no equivale a desprotección. Japón ha ido dejando atrás el empleo vitalicio, ampliando contratos a plazo y esquemas basados en desempeño, acompañados de seguros de desempleo y recapacitación, logrando tasas de desempleo cercanas al 2.5%. Nueva Zelanda, por su parte, extendió los periodos de prueba de 90 días a todos los empleadores, eliminó los Fair Pay Agreements, que encarecían la contratación, y apuesta por reducir cargas regulatorias para liberar inversión privada y empleo formal.

En Europa, Dinamarca encarna la “flexiguridad”: despido relativamente sencillo, pero seguros de desempleo generosos y políticas activas que recolocan rápido al trabajador. El desempleo ronda el 3% y la rotación es alta, sin traducirse en precariedad. Irlanda combina reglas laborales previsibles y fuerte atracción de inversión; por lo que alcanzó en 2025 unos 2.82 millones de personas empleadas y una tasa de desempleo que promedia el 4%. Reino Unido y Canadá, con marcos regulatorios flexibles y mecanismos como los zero-hours contracts o seguros de empleo ágiles, se mueven en rangos similares de desempleo bajo y alta participación laboral.

El contraste con el Perú es evidente. En 2001, una sentencia del Tribunal Constitucional permitió al trabajador despedido optar por la reposición, introduciendo en la práctica una estabilidad laboral casi absoluta, similar al modelo boliviano de Evo Morales. Sumado a costos no salariales que superan el 70% de la planilla, según el BID, cada contratación formal se vuelve arriesgada y cara. El resultado: más del 70% de la fuerza laboral permanece en la informalidad, sin protección real.

La gran excepción fue la Ley de Promoción Agraria (Ley 27360). Ese régimen otorgó plena flexibilidad contractual al sector agroexportador, dado que permitió contratar de acuerdo a la estacionalidad de las actividades agrarias. Producto de esto, el empleo pasó de unas 460,000 personas en 2004 a más de 1.5 millones dos décadas después, entre puestos directos e indirectos. En regiones como Ica la pobreza cayó hasta alrededor del 6%, muy por debajo del promedio nacional de 27%, con salarios por encima de la remuneración mínima vital. La flexibilidad no generó explotación masiva, sino empleo formal e inversión.

No obstante, en 2020, la derogatoria de la Ley 27360 y su reemplazo por la Ley 31110 que crea el Bono Especial para el Trabajador Agrario (BETA), el cual agrega el 30% de la remuneración mínima vital nacional al salario agrario, reconoce la negociación por rama fomentando sindicatos locales y por federaciones, y promueve la contratación preferencial de los trabajadores previos, encareció de golpe el costo laboral: muchas pequeñas empresas migraron a la informalidad y las grandes aceleraron la mecanización. 

La lección que dejan Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Dinamarca, Irlanda, Canadá y el Reino Unido es consistente: la verdadera protección no consiste en blindar un puesto de trabajo, sino en asegurar que existan suficientes empleos formales y que la transición entre ellos sea rápida y acompañada. La flexibilidad laboral, bien diseñada, es condición para el pleno empleo; la rigidez indiscriminada, como muestra el caso peruano, es la antesala de la informalidad masiva.

  • 19 de mayo del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

El desierto peruano: la riqueza que el Estado todavía no descubre

Editorial Economía

El desierto peruano: la riqueza que el Estado todavía no descubre

El Perú se ha consolidado como uno de los grandes destinos cult...

15 de mayo
La soberanía espacial empieza con un satélite propio

Editorial Economía

La soberanía espacial empieza con un satélite propio

Hace pocos meses, el Gobierno peruano declaró de interés...

14 de mayo
Sigue la sangría fiscal de Petroperú y la izquierda saquea los recursos nacionales

Editorial Economía

Sigue la sangría fiscal de Petroperú y la izquierda saquea los recursos nacionales

El gobierno de José María Balcázar, el gobierno d...

13 de mayo

COMENTARIOS