Los movimientos de la izquierda comunista, en más de una presen...
La decisión de la comisión de Energía y Minas del Congreso de aprobar un predictamen –sobre la base de nueve iniciativas– que modifica los plazos y los pagos de vigencia de las concesiones con el objeto de establecer el concepto de “las concesiones ociosas”, a nuestro entender, representa un acto revolucionario que al margen de las elecciones y los resultados sacudirá a toda la sociedad. En realidad, las izquierdas comunistas están llevando de las narices a algunas bancadas de la derecha y los mercantilismos pragmáticos (APP y Podemos) a un futuro estallido social en el Perú.
Si se establece el concepto de concesiones ociosas todas las áreas de las concesiones formales que no están siendo explotadas podrían ser invadidas y asaltadas, tal como ha sucedido con muchas minas en el corredor minero del sur –en donde se produce el 40% del cobre nacional– y en la provincia de Pataz, en La Libertad. ¿Por qué? El hecho de que estas áreas no sean explotadas de ninguna manera significa que estén en condiciones de ociosas.
Si en un área de una concesión formal no hay explotación, entonces se trata de zonas en donde se han encontrado reservas probadas de mineral luego de años y millones de dólares en inversión. Y si no se explotan es porque la explotación está en otro lugar y una compañía explora para alargar la vida útil de la mina e incrementar la rentabilidad en décadas. Otra vez, ¿por qué? Cuando las empresas desarrollan un denuncio minero suelen solicitar extensiones hasta más de 10,000 hectáreas con el objeto de titulizar la concesión y conseguir financiamiento en el sistema financiero internacional del orden entre US$ 1200 millones a más de US$ 10,000 millones.
Con el capital la empresa empieza a explotar el mineral confirmado, mientras desarrolla una incesante y frenética labor de exploración. La empresa amplía las reservas probadas del mineral, incrementa la rentabilidad de la empresa y los países, las regiones y comunidades se convierten en potencias minerales mundiales por el incremento de las reservas probadas. A esas zonas exploradas con reservas probadas, los defensores de la minería ilegal llaman “concesiones ociosas”.
Si el Congreso aprobara el concepto de concesiones ociosas estarían desencadenado un proceso revolucionario tal como manda el manual leninista. Los mineros ilegales organizarían ejércitos ilegales para invadir minas e instalar campamentos de minería ilegal.
Semejante fenómeno no es ninguna novedad. Ya sucedió en el Perú antes de la reforma agraria de Velasco que empobreció a todo el Perú. En ese entonces las izquierdas comunistas solían hablar de latifundios que concentraban las tierras sin producir, “eran una especie de propiedades ociosas que explicaban la pobreza de los campesinos”. A inicios de los sesenta en la Convención y Lares en el Cusco, Hugo Blanco disparó su fusil iniciando masivos procesos de tomas de tierras que avanzaron en otras regiones del país.
Con semejante estado de convulsión social, como se dice, la fruta estaba madura para desencadenar el segundo mayor proceso de expropiación de tierras luego de la independencia (que sucedió contra las comunidades campesinas y los nobles indígenas de entonces). Luego de la expropiación velasquista, tal como acaeció con la Venezuela de Hugo Chávez, el Perú se hundió en la pobreza generalizada y el subdesarrollo pasó a ser nuestro nombre y apellido.
He allí la gravedad del concepto de las concesiones ociosas.
















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