En el Perú más del 70% de la población ec...
Uno de los hechos más lamentables de la campaña electoral es que los movimientos de la centro derecha no han puesto en el banquillo de los acusados de los males nacionales al Estado burocrático, sus ministerios y oficinas y, sobre todo, a la descentralización y las gestiones regionales. La descentralización en el Perú se ha convertido en el peor enemigo de los pobres y una fuente permanente de informalidad.
Por ejemplo, en el país cerca de 3.5 millones de personas carecen de agua potable y alrededor de 7.6 millones no cuentan con sistemas de alcantarillado. De acuerdo a lo gastado a través de los gobiernos regionales en la última década no debería haber ningún peruano sin agua potable ni alcantarillado; sin embargo, el déficit sigue aumentando. En regiones como Cajamarca y Loreto este problema afecta a la mitad de la población y no hay cómo avanzar. El saqueo de los recursos –que las empresas privadas aportan al fisco– a través de los impuestos es un fenómeno incontrolable en las regiones.
Vale señalar que, de cada tres soles, que se gasta en el presupuesto nacional, dos se hacen a través de las regiones y el presupuesto de estas unidades entre el 2007 y el 2023 se incrementó en 290% en términos nominales. Por ejemplo, en el Plan Nacional de Competitividad del 2019 se proyectó que la solución de los problemas en agua, desagüe, postas médicas, escuelas y carreteras en los próximos cinco años demandaban S/ 117,000 millones. Y para los siguientes 20 años la brecha del déficit en estos sectores sumaba S/ 363,000 millones.
¿Amigo lector sabe usted cuánto se gastó entre el 2019 y el 2025? Alrededor de S/ 312,000 millones en proyectos. No obstante, todos los problemas siguieron igual y, en el caso de agua potable y alcantarillado, incluso, la brecha aumentó. ¿Cómo es posible que los peruanos de buena voluntad toleremos semejante barbarie? En las regiones más pobres –como Loreto, Puno, Cajamarca, Ayacucho y Huancavelica– la informalidad por falta de servicios suma más del 80% de la población, y la falta de agua y desagüe flagela a alrededor del 40% de la población.
Abstenerse de denunciar el fracaso superlativo de la descentralización es contemporizar con un tema que se ha convertido en una de las causas centrales de la pobreza en las regiones. Si las regiones hubiesen invertido todo el dinero perdido en construir carreteras, escuelas, postas médicas y resolver los problemas de agua y desagüe, la pobreza y la informalidad en las regiones más pobres del país se habría reducido significativamente. En Cajamarca, por ejemplo, buenas carreteras y conectividad en general, en el acto, transformaría la situación económica de las poblaciones al conectar a los productores con los mercados y multiplicar las oportunidades.
Otro de los hechos más lamentables del fracaso de la descentralización y el saqueo de los recursos nacionales por parte de caudillos y camarillas regionales es que, sorprendentemente, se convierte en una herramienta de los proyectos antisistema. ¿A qué nos referimos? Los caciques regionales tienen que construir un relato, una narrativa, para explicar la falta de agua potable, desagüe, escuelas, postas médicas y carreteras. Es incuestionable que no pueden reconocer que les sobran recursos para los más pobres y que el dinero es saqueado en un océano de irregularidades y corrupción.
¿Qué sucede entonces? En este contexto los caudillos y movimientos regionales construyen la fábula acerca de que la falta de agua y desagüe se explica por la explotación de las empresas mineras, agroexportadoras, pesqueras y el sector privado. El cuento perfecto para seguir saqueando los recursos públicos y seguir preservando una descentralización que empobrece.
Al respecto vale señalar que el sector privado financia el 80% de los recursos del Estado y algunas regiones, gracias al canon minero, por ejemplo, simplemente nadan en recursos para resolver los problemas de las poblaciones en pobreza.
Los peruanos de buena voluntad, entonces, estamos obligados a acabar con la actual descentralización que empobrece.
















COMENTARIOS