Editorial Economía

El arándano y la oportunidad que no se puede desperdiciar

Cuando el modelo funciona, el desafío es sostenerlo y ampliarlo

El arándano y la oportunidad que no se puede desperdiciar
  • 23 de abril del 2026


Las agroexportaciones peruanas cerraron el 2025 con un récord histórico: US$ 14,760 millones, un crecimiento de 20% frente al año anterior. No es un dato aislado ni producto del azar; es el resultado de décadas de inversión privada, apertura comercial y reglas que, cuando se mantienen estables, permiten convertir desiertos en polos de desarrollo. La magnitud del fenómeno se entiende mejor con otra cifra: más del 55% del empleo generado por las exportaciones proviene del sector agroexportador, superando los dos millones de puestos de trabajo.

En ese escenario, el arándano se ha consolidado como la joya de la corona. Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego del Perú, el Perú se mantiene como el principal exportador mundial por sexto año consecutivo, con más de 373,000 toneladas enviadas al exterior y ventas que superan los US$ 2,400 millones. Su ventaja es clara y difícil de replicar: la ventana productiva entre agosto y diciembre, cuando el hemisferio norte —principal destino— no cuenta con oferta local. No sorprende, entonces, que más del 50% de los envíos se dirijan a Estados Unidos, mientras Europa y mercados emergentes comienzan a ganar terreno.

Este liderazgo, además, no se concentra en un solo punto del país. Regiones como La Libertad, Lambayeque, Ica, Lima y Áncash reflejan un proceso de descentralización productiva que ha dinamizado economías locales y generado empleo formal fuera de Lima. Ese es, quizá, uno de los mayores logros del modelo agroexportador: llevar desarrollo a zonas históricamente relegadas.

Sin embargo, el éxito no debe ocultar las brechas pendientes. Hoy, las agroexportaciones se desarrollan en apenas el 5% de la superficie agrícola, cuando el potencial de expansión en la costa supera ampliamente esa cifra. La clave está en el agua. Sin infraestructura hídrica, no hay posibilidad de escalar el modelo. En ese sentido, la cartera de proyectos impulsada por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego del Perú (MIdagri) —que contempla 25 iniciativas de irrigación— representa una oportunidad estratégica que el país no puede seguir postergando.

Entre estos proyectos, destaca Chavimochic III. No se trata solo de ampliar la frontera agrícola en decenas de miles de hectáreas, sino de consolidar el corazón productivo del arándano peruano y generar cientos de miles de empleos. Su impacto potencial en la economía anual evidencia lo que está en juego: crecimiento sostenido o estancamiento por inacción.

A la par de la infraestructura, el marco normativo también juega un rol determinante. La Ley N° 32434 introduce incentivos que apuntan en la dirección correcta: reducción de cargas tributarias según escala, facilidades para pequeños productores y estímulos para la integración de la cadena productiva. En particular, los mecanismos que promueven la articulación entre grandes agroexportadoras y pequeños agricultores son fundamentales para evitar un crecimiento excluyente.

Ahora bien, el arándano no es el único protagonista. Productos como la palta y la uva de mesa confirman que el Perú ha construido una plataforma exportadora diversificada y competitiva. La lección es clara: el modelo funciona cuando el Estado cumple un rol facilitador, invierte en infraestructura, garantiza estabilidad jurídica y abre mercados.

El riesgo, como suele ocurrir en el Perú, no está en la falta de potencial, sino en la falta de ejecución. Con más de veinte tratados comerciales, una geografía privilegiada y condiciones productivas únicas, el país tiene todo para multiplicar su capacidad agroexportadora. Lo que no puede permitirse es frenar ese impulso por decisiones erráticas, trabas burocráticas o la postergación indefinida de proyectos clave.

Porque cuando un modelo demuestra que genera empleo, descentraliza el crecimiento y reduce la pobreza, lo responsable no es cuestionarlo sin fundamento, sino consolidarlo y expandirlo. El arándano es hoy la estrella, pero el verdadero desafío es que no sea un caso aislado, sino el punto de partida de una nueva etapa de desarrollo.

  • 23 de abril del 2026

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