Maria del Pilar Tello
La crisis no termina
Se necesita transparencia absoluta en la segunda vuelta
El proceso electoral, con sus irregularidades, lejos de cerrar la crisis política, la proyecta hacia el próximo gobierno. Tendremos un presidente elegido formalmente, pero con legitimidad de origen debilitada. Un detalle no menor por ser el punto de partida de lo que vendrá.
La legitimidad de origen surge de la confianza en el resultado electoral, es el principal capital político de un gobierno. Sin ella, el poder se vuelve frágil. Deja de conducir y pasa a solo a resistir para mantenerse. Su legitimidad está comprometida por factores concurrentes. El primero, la falla de limpieza del proceso electoral. También influye la fragmentación extrema de la oferta política, con decenas de candidatos que no convencen pero impiden la construcción de mayorías claras. Y finalmente, la ausencia de propuestas consistentes, que ha dejado al electorado sin referencias sólidas para decidir.
La segunda vuelta se dará sin un centro político capaz de articular consensos. Los indeseables radicalismos se imponen por manipulación o por descontento. Esto no solo limita las posibilidades del futuro gobierno, lo condiciona negativamente como un gobierno sin legitimidad de origen que enfrentará al menos tres riesgos inmediatos. El primero la ingobernabilidad con tan poco respaldo ciudadano, sus decisiones serán cuestionadas, resistidas o bloqueadas. El Ejecutivo se vuelve dependiente de acuerdos precarios y coyunturales. El segundo es la captura del poder por actores con agendas que no convencen a grandes mayorías. Cuando el poder político carece de legitimidad, otros poderes se imponen, económicos, mediáticos o de mafias, ocupan el vacío.
El tercer riesgo, el más preocupante, es la erosión progresiva de la democracia. Cuando la sociedad pierde confianza en la suprema consulta electoral, se abren a indeseables opciones autoritarias que prometen orden y eficacia desde el populismo y la fuerza desnuda.
A esto se suma el inicio de la bicameralidad. El nuevo Senado nace en medio de una crisis de confianza que se prolonga. Su rol será determinante, puede ser el espacio de equilibrio y reflexión que recupere la imagen deteriorada del Congreso que ha sido factor esencial de desgaste y bloqueo democrático.
No basta con que el proceso electoral concluya. Es necesario reconstruir la legitimidad. Se necesita transparencia absoluta en la segunda vuelta. Expresar una voluntad política clara y explícita de construir acuerdos amplios, surgidos de un liderazgo capaz de reconocer la crisis que se prolonga, en lugar de negarla.
















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