Cecilia Bákula

¿Y cuál es la receta para el buen gobierno?

Invertir en educación y denunciar la corrupción

¿Y cuál es la receta para el buen gobierno?
Cecilia Bákula
12 de mayo del 2019

 

La pregunta busca una respuesta ante las múltiples acciones del Gobierno, que pareciera carecer de brújula —es decir, desconocer el norte al que quiere llegar— y que no da muestras de instinto político (del que sí hicieron gala algunos gobernantes con habilidad innata para ello). En otras palabras, que el ser interino o constituir circunstancialmente una plancha de gobierno no garantiza habilidad ni pericia. Y lo que es peor, nuestros actuales gobernantes se presentan como poco capaces para convocar y rodearse de expertos, técnicos y asesores de la más alta talla, que deberían ser su faro orientador.

Varios asuntos son de interés y dignos de análisis desde la perspectiva de la desorientación que percibo. A mi criterio, un tema crucial y lamentable ha sido la presentación de la ministra Flor Pablo en el Congreso. No obstante, se nos regaló un video que a manera de “casual conversación” mantenía ella con el premier, quien le extendía un cheque en blanco de confianza y apoyo. Pero su exposición no logró ni tranquilizar los ánimos ni dar respuestas convincentes. Ser responsable de la cartera de Educación, en un país como el nuestro y en este tiempo, es una responsabilidad que seguramente sobrepasa las fuerzas y habilidades de una sola persona. De allí la necesidad de contar con asesores y expertos, que tanto en la respuesta política como en el desarrollo de la esencia técnica del cargo, la hagan ser eficiente en su desempeño.

En el Perú, la educación está quebrada. Y ello pasa no solo por el cuestionamiento a lo que muchos han considerado un error garrafal, referido a la tan mencionada “ideología de género”, que por ser precisamente una ideología no debería ser impuesta. Distinta es una educación en valores de respeto e igualdad. Pero el tema va más allá, pues la crisis del sector se aprecia en la carencia de centros educativos que merezcan ese nombre, en la pobrísima infraestructura educativa, en la postergación de los maestros en cuanto a salario y formación, en el bajo nivel de exigencia académica, en el desconocimiento grave que los alumnos tienen de nuestra historia y geografía, y en la ausencia de aquellos valores ciudadanos que deberían ser inculcados con pasión y compromiso.

Pero cuál es la receta, me pregunto. Invertir e invertir en educación. Y me atrevo a sugerir que este sector es uno de los que está en mayor nivel de crisis y podría ser declarado en emergencia. La educación eficiente y que garantice competitividad, crecimiento personal, educación formal y ciudadana no es un secreto; otros países lo vienen logrando con grandes éxitos y nos van dejando a la saga. Esto significa que más de una generación nuestra (agregando el tema severo de la anemia) serán ciudadanos a los que les costará mucho salir adelante, con el costo humano, social y económico que eso significa.

Otro tema sobre el que debemos reflexionar y actuar es el de la ética, como único instrumento para detener la corrupción, lacra que desangra internamente al país y nos roba la esperanza del futuro. Y la receta aquí si es simple y clara, aunque habrá muchos a los que esta sencilla propuesta les pueda parecer obsoleta. La ética nos permite conocer el bien y diferenciarlo del mal y sus consecuencias en la sociedad humana. ¿Qué se requiere?, crear en cada ambiente de influencia propia, un clima ético que nos aleje de creer que todo tiene un valor monetario. ¡No! Los principios y los valores no se venden y eso lo estamos olvidando. La corrupción compra conciencias y las acalla. Por eso este es un tiempo de una hermosa y necesaria rebeldía ciudadana ante el avance, aparentemente imparable, de la corrupción. ¿Por qué no levantar nuestra voz y alzar la mano para señalar, directa y claramente lo que está mal, lo que hace mal, lo que denigra, lo que destruye?

Es por ello que todos estamos en la obligación de actuar y hacerlo responsablemente. Debemos opinar y ser conscientes de que el futuro de nuestros hijos y nietos requerirá la acción y participación real y efectiva, con generosidad y entrega, de aquellos que por muchos años creyeron que ser “espectador” de la historia del país era suficiente. Hoy esa postura, además de obsoleta, significa condenarnos al fracaso como nación. Por ello, es grande la actualidad de Vallejo: “Hay, hermanos, mucho por hacer”.

 

Cecilia Bákula
12 de mayo del 2019

NOTICIAS RELACIONADAS >

El incierto proceso electoral que se avecina

Columnas

El incierto proceso electoral que se avecina

Durante una reciente conferencia de prensa, la presidenta Dina Boluart...

31 de marzo
El precio de la desordenada modernización

Columnas

El precio de la desordenada modernización

No hay duda de que nuestras ciudades crecen de manera vertiginosa y de...

24 de marzo
El Perú: un país que busca su destino a tientas

Columnas

El Perú: un país que busca su destino a tientas

  Desde hace ya un tiempo comprobamos que el país transit...

17 de marzo

COMENTARIOS