Raúl Mendoza Cánepa

Una Constitución que celebrar

Los 30 años de vigencia de nuestra actual Constitución

Una Constitución que celebrar
Raúl Mendoza Cánepa
29 de enero del 2024


En estos días el Congreso de la República viene celebrando con justa razón los treinta años de vigencia de la Constitución de 1993, el único de los textos que ha demostrado que un régimen de confianza en la economía produce crecimiento. 

El 24 de enero de este año, precisamente, se realizó en el salón Raúl Porras Barrenechea del Congreso un foro ilustrativo sobre las razones por las que la Constitución de 1993 debe celebrarse y defenderse, “Modelo económico constitucional”. Organizado por la bancada de Renovación Popular y con dirección y participación de los parlamentarios Jorge Montoya y Gustavo Pacheco, fue una extraordinaria provisión de análisis e información desde todos los ángulos. Con los organizadores, los ponentes Jaime Yoshiyama, Diego Macera y Jaime de Althaus nos convencieron que esta Constitución es indispensable para consolidar los indicadores que nos acompañan desde hace treinta años. El eje fue la corroboración con datos y análisis social de que, en efecto, no ha habido mejor ministro de economía que el texto constitucional y que el desarrollo institucional sí colabora al crecimiento.

Es importante no solo celebrarlo, sino elevar a categoría de institución social un texto que, en su régimen económico, especialmente, debe ser inamovible. El Perú fue uno de los países que menos creció en América Latina desde 1972 a 1992. ¿Qué tuvo que pasar para que desde 1993 a 2021 fuera el de mayor crecimiento promedio en la región (4,5%)? Durante toda la historia republicana hubo constituciones nominales, semánticas y normativas (en la clasificación de Loewenstein) y la peculiaridad de cada una era la efectividad de su vigencia; como la de 1860, admirada por ser una conciliación liberal conservadora; pero no hay análisis de impacto que sirva en la historia constitucional como la que provee la de 1993. 

La izquierda pretende que un nuevo texto cambie las cosas, pero lo que debe cambiar es la izquierda, referente del fracaso social en la región. Con la Constitución de 1993 no solo se creció, también se redujo la desigualdad. Un dato clave es el acceso a la educación, que entre los adultos creció de 57% a 71% (IPE-El Comercio, 25 de febrero de 2023). En muchas regiones la pobreza se redujo a la mitad. Lo curioso es que, al margen de la ideología del gobierno de turno, se exhibió un piloto automático eficaz. Buena parte es que la Constitución le dio autonomía al Banco Central de Reserva. Nunca hubo la opción del descontrol inflacionario. 

Hasta antes de la pandemia y el desastroso gobierno de Pedro Castillo (que fueron un retroceso), la población con ingresos por debajo de los tres dólares diarios llegó a menos de 10%, la clase media creció de casi 20% de la población a 44%. Los sectores emergentes prosperaron desde el arenal de los años 70-80 a los comercios y urbanizaciones actuales. La Constitución fue la punta de lanza del desarrollo capitalista desde abajo. La producción real de la economía aumentó de S/ 162,000 millones a S/ 561,000 millones, mientras la inversión privada se quintuplicó desde 1993.

Cuando hay crecimiento es porque hay inversión, y cuando hay inversión crece el empleo y el consumo que alimenta la inversión y la recaudación, se reduce la pobreza monetaria. Aunque el tema pendiente es la calidad del servicio estatal, tanto como de los programas sociales y la gestión política sin sobresaltos, además de reducir la pobreza, entre otros, la pauta constitucional en el Perú es la mejor porque casi se sobrepone a la conflictividad política. Tácita o simbólicamente, La Constitución de 1993 ha sido “el mejor gobierno” de los últimos treinta años. La movilidad económica y social la provee un buen marco institucional, que como en North, nos da lo esencial: reducir la incertidumbre y asegurar la viabilidad de los proyectos personales.

Raúl Mendoza Cánepa
29 de enero del 2024

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