César Félix Sánchez
Un país que se resiste a morir
Las midterms estadounidenses

Hoy se celebran las elecciones de medio término en Estados Unidos. Se renovará la totalidad de la cámara baja –la llamada «casa de representantes»– y un tercio del senado. Las consecuencias de esta elección determinarán, como ninguna otra elección anterior, el futuro de Estados Unidos.
Aunque Joe Biden, el altamente impopular ocupante de la Casa Blanca, se esmeró por satanizar a los republicanos como extremistas y abrazar como único caballito de batalla el supuesto derecho al aborto, amenazado por aquellos, a la larga esta elección ha sido un referéndum sobre una administración vista como inútil, en el contexto de una inflación galopante, una recesión evidente y una inmigración ilegal y una criminalidad descontroladas. El Partido Demócrata, por tanto, ha manifestado nuevamente su gran disociación respecto de la realidad política y su preferencia por utopías sociales y sexuales, defendidas por minorías a la larga insignificantes. Además, sus medidas populistas (como la Inflation Reduction Act que pretendía acabar con la inflación ¡aumentando el gasto público!) han acabado por ser contraproducentes.
Los hispanos e incluso los afroamericanos probablemente sorprendan a los observadores progresistas continuando con la dinámica ya vista en 2020: resultados históricamente altos a favor de los republicanos.
Si la Red Wave ocurre y el Partido Republicano toma el control de ambas cámaras, el camino para el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2024 está casi asegurado. Si, por el contrario, el Partido Demócrata mantiene el control al menos del Senado, es muy probable que Joe Biden y su camarilla pretendan con mayor ahínco obtener la nominación demócrata para el 2024 y movilicen la maquinaria partidaria para ese objetivo. Al margen de su históricamente alta impopularidad, se considera como una afrenta que el incumbent no alcance la nominación de su partido para la reelección. Además, Biden considera que su principal fortaleza consiste en no ser Trump, igual que en el 2020. Nuevamente estamos ante otra disonancia cognitiva demócrata: creer que el rechazo a Trump será igual de alto ahora, luego de que el beneficio de la duda respecto de Biden ha desaparecido por completo, particularmente en swing states como Nevada, Pennsylvania o Michigan.
En conclusión: el Partido Demócrata, salvo alguna distorsión misteriosa imponderable, se apresta a la primera de una serie de derrotas que podrían acabar por sepultarlo por los próximos años. Porque Estados Unidos se resiste a morir, a diferencia de otros países del Occidente posthumano.
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