Juan Carlos Puertas

¿Solo un frente detendrá la embestida comunista?

La pelea política hoy es esencialmente cultural

¿Solo un frente detendrá la embestida comunista?
Juan Carlos Puertas
23 de octubre del 2019


Leo diversas opiniones de periodistas y analistas políticos indicando que lo más apropiado en estas circunstancias es formar un frente electoral: “Solo un frente multipartidario de centro y derecha frenará la avanzada comunista en las congresales de enero y consolidará los valores republicanos y patrióticos” dice Martha Meier en
Expreso (1). Sobre ello, pretendo hacer una aproximación, tanto de fondo como de forma (o circunscrita al tema electoral).

En el tema de fondo, es complicado encontrar a qué se le denomina “centro” o “derecha” dentro de los partidos disponibles. Dado que todos ellos, tanto aquellos que denominemos “centro” o “derecha” desde un punto de vista economicista, de una u otra forma se adhieren a algún tipo de liberalismo y derecho-humanismo, sin haber logrado interpretar que con ello son parte protagonista de la polarización existente. En cuanto al tema liberal, es este el que, colocando como valores aquello denominado “pluralismo” e “individualismo,” ha dado cabida a una anestesiamiento colectivo, que ante la ausencia de valores fuertes pulula entre particularismos sin lograr una visión de lo conjunto.

Con ello, este centro o derecha con rasgos liberales ha creado individuos pasibles o a la propaganda mercantilista o a la propaganda de los medios (Estado). Al no tener un ancla sólida en valores, las opiniones han dejado de ser tales, quedando solo “sensaciones”, y es bastante conocido que es esa “nueva izquierda” que recién ahora alarma a los liberales, la que ha capitalizado –al lograr aglutinar en su discurso–, cualquier inconformidad de los particulares en un discurso dialéctico que hoy está extendido a cualquier área. Y esto se conoce desde 1985, por lo menos, cuando Laclau y Mouffe resucitan la estrategia gramsciana para aplicarlas en este sistema demócrata y liberal que hoy pretende defenderse.

En cuanto al discurso de derechos humanos, también deconstruido por esta nueva izquierda, dado que estos nuevos “derechos” son para ella meras herramientas que se usan para “aflorar” o “visibilizar” supuestas situaciones de subordinación indebida, son fácilmente asimilados tanto por estos partidos de “derecha” y “centro” contribuyendo a esta constante necesidad (creada por discurso y propaganda) de cada vez nuevos derechos. No se advierte que con ello, conforme lo han escrito claramente los gurúes de la nueva izquierda: a) generan polarizaciones b) articulan nuevas demandas que deben ser recogidas y c) procurarán a la larga la crisis del sistema, para ser reemplazado por el soñado igualitarismo comunista.

Votar entonces, por partidos que no han logrado entender que la pelea política hoy es esencialmente cultural, jurídica y filosófica (y en nada económica) es un albur, por decir lo menos. Las consecuencias para su amado “libre mercado” son la causa necesaria de haber sucumbido a estos discursos. La ecuación es sencilla: a más derechos, más regulaciones y tamaño de Estado, a más regulaciones y mayor necesidad de ingresos al Estado, menos incentivos a la inversión; y con ello, menos capacidad de generar empleo, y a la larga mayor desempleo y pobreza, finalmente, más personas que deben ser apoyadas por el Estado. 

Mientras los políticos, o ideólogos de los partidos no entiendan que este amor al pluralismo, individualismo y a los derechos humanos son los ingredientes del goce comunista, un voto en ese sentido no parará necesariamente a la izquierda. ¿De qué sirve votar por quien se autodenomina de derecha o centro, pero que no sabe cómo evaluar el perfil teórico jurídico de un magistrado que propondrá al Tribunal Constitucional? Y es que hoy el discurso de los derechos también le ha quitado espacio a la política, desde que el Tribunal Constitucional está adscrito a una visión expansiva de estos “derechos”. Así, tomará decisiones que cada vez más (como de hecho está sucediendo) invadirán los fueros parlamentarios. No por nada existen dos grandes corrientes de constitucionalismo en las visiones de Bellamy y Waldron, en oposición a la de autores como Dworkin y otros; cada cual genera o un tribunal restringido o un tribunal invasor de competencias.

Si esto es así desde una aproximación de fondo, resulta todo lo contrario en el panorama electoral. Primero, Fuerza Popular se posicionó en el 2016 como la opción menos mala, dado que sumados pasivos y activos, en la práctica (y por su plan de gobierno del 2016) representó de alguna manera ese freno a la embestida de nueva izquierda. Pero lo comprendió recién casi en su último año de existencia en el disuelto Congreso, porque de lo contrario habría plantado cara desde la primera cuestión de confianza vinculada al referéndum del año pasado. Antes del último año, se congració con la población conservadora porque con mucho esfuerzo (evidentemente no todos entendían que los temas de género y derechos eran solo muestras de una estrategia más general) defendió ciertas causas de este sector. Ante lo sucedido, Fuerza Popular debe caminar solo porque, guste o no, la histeria colectiva por varios desaciertos comunicacionales, entre otros, la coloca como un peso difícil de cargar. Por otro lado, no es difícil prever que Fuerza Popular sacará no menos de 8% en las elecciones por su “voto duro”.

Ante ello, ¿a dónde voltear? Un frente subiría la valla de los partidos que lo integren. El Apra caminando solo, también debería pasar la valla electoral. Y para un “frente” también en el imaginario colectivo, es un peso que fuera de sus militantes, será difícil de llevar.

Otros partidos tienen sus pasivos también, pero creo que en relación al Apra y Fuerza Popular, es mejor apostar porque estos partidos vayan solos, dado que lo más probable es que estarán protegidos por sus núcleos duros. Y en lo demás, debe irse por poner los huevos en una cesta, una cesta que entienda finalmente como juega el enemigo marxista en el siglo XXI. En este escenario el PPC hace rato sucumbió al progresismo, con lo que no resulta una opción.

Un frente tendría que formarse en el Congreso, no en las elecciones. Posicionarse al centro, no ideológico sino en la percepción del votante en este momento, con el discurso que ni ellos ni la izquierda. Creo que es una mejor opción que la de cargar pesos que ya la propaganda colocó como los diablos en el imaginario de la población.

 

1) https://www.expreso.com.pe/opinion/martha-meier-m-q/la-avanzada-comunista

Juan Carlos Puertas
23 de octubre del 2019

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