Juan Carlos Puertas

Para ganar elecciones hay que saber comunicar

Especialmente a los jóvenes y a los peruanos más pobres

Para ganar elecciones hay que saber comunicar
Juan Carlos Puertas
27 de abril del 2021


La política no es solo gobernar, ni crear ideas o soluciones a la cosa común; es sobre todo, y hoy en la era de la posverdad más que nunca, comunicar. Hace no mucho, escribía unas líneas en este mismo portal sobre las “ideologías”; decía que “si algún tipo de oportunidad existe contra los creadores de sensaciones y verdades, sus jefes y la masa azuzada, parece que lo primero por hacer es dejar en el escritorio tan intrascendentes diferencias y disquisiciones.”

Hoy con la aparición de Castillo, muchos se preguntan ¿qué pasó?  ¿Cómo es que las personas insisten en el comunismo, cuando se ha demostrado que no funciona en ninguna época ni lugar? Y es que nuevamente se yerra con la pregunta, y la respuesta a una pregunta equivocada es necesariamente también equivocada. Aquellos peruanos que votaron y están dispuestos a volver a votar por el “maestro” no entienden ni quieren entender cosas sobre el “modelo”, o reirán de costado cuando les digan “debemos salvar la democracia”. Muchos de ellos votaron por Fujimori en 1990, y en ese momento tampoco les importaba si era de “derecha” o de “izquierda” u otra de las tantas categorías que dominan los discursos de televisión o de los analistas.

El voto de Castillo no es un voto ideológico, es un voto que expresa un válido sentimiento de rencor por la catastrófica y hasta perversa política del progresismo y mercantilismo de los últimos veinte años en el Perú. ¿Qué más se podría esperar de personas que nunca recibieron el bendito "chorreo" del libre mercado, mientras en Lima muchos liberales alababan las cifras macroeconómicas? ¿O que les interesará la “democracia” o el “modelo” cuando ven a sus familiares morir enfermos de Covid sin oxígeno ni una cama? 

¿El Estado? ¿Cuándo me ha servido a mí el Estado? ¿Cuándo me robaron estuvo el Estado? ¿Cuando me enfermé estuvo el Estado? ¿Cuándo no tenía qué comer estuvo el Estado? Me suenan una y otra vez esas preguntas que le arrojaba en la cara una señora a quien no la dejaban operar su puesto de comida (por el encierro) a uno de esos reporteros tan responsables en la pandemia.

¿Pueden imaginarse qué puede pensar el trabajador que gana el mínimo y ve a su Jefe llegar en un Maserati? ¿O que cuando viene el reparto de utilidades no le cae nada porque sus jefes hicieron mil estrategias bastante legales para guardarse muy bien que sea lo mínimo? ¿O al agricultor que no puede sacar sus productos a mejores precios de flete por la charcherosa trocha por la que se llega a su pueblo? El chorreo, el milagroso chorreo, termina llegando en gotas del mismo tamaño que ese virus que hoy nos atormenta, al último de la fila. Pero prendemos Canal N y escuchamos a los De Althaus defendiendo el modelo, y debe ser una burla que hace chirriar los dientes a quienes viven acá nada más en Lomo de Corvina. Decir eso es una ofensa hoy en día.

Y claro, láncenme el rótulo también de comunista. Lo que me viene a la mente son los principios de solidaridad y subsidiaridad (tocados por primera vez desde hace muchos lustros en esta misma campaña de primera vuelta por López Aliaga). También me viene a la mente ese viejo concepto de “precio justo”, nacido con Aristóteles pasando por Santo Tomás de Aquino. Actualizar ello hoy, con los avances del derecho regulatorio y las políticas creativas que sean lo menos intervencionistas posibles, parece una necesidad; y no creo que sea una locura. Esa necesidad de las grandes obras de interconexión, agua y postas médicas, nunca empezadas y cuando sí, jamás terminadas. Pero para todo ello, ya no hay tiempo, hoy toca comunicar.

Y si toca comunicar para no tirar por la borda lo poco avanzado, fuera de buscar desesperadamente todos los nichos electorales que ya se vienen atacando, debemos hablar en lenguaje llano a esas mismas personas que han acumulado ese rencor y desesperación por el cambio. Ese que explosionó con la pandemia y el encierro, como muy bien advertía el profesor Hugo Neira. 

No creo que el fujimorismo deba gastar mucho esfuerzo en “aglutinar” a la derecha economicista o liberal, ellos no tienen otra opción que votar por ella. Tampoco requerirá mucho esfuerzo en captar a la limeñísima caviarada con un par de gestos y no sé qué de perdones, ellos tampoco tienen nada que jugar con Castillo. Y en todo caso, los flancos –es decir, todos los portales, medios, analistas, influencers, etc.– lo apoyarán.

Su problema es principalmente los jóvenes y ese Perú abandonado. Y a ellos, no creo que se les pueda convencer hablando de comunismo o democracia, menos del modelo. Explicar en fácil que es lo que reformará (porque la gente quiere reformas y tú quieres su voto, entonces algo debe reformarse, así son las cosas), como atacará la pandemia y como pondrá comida y plata en el bolsillo de la gente. ¿Qué cosas hará y por qué ella sí puede hacerlo y es imposible hacerlo con el modelo de Castillo? Los ejemplos de los paupérrimos gobiernos regionales de izquierda abundan en ayuda de esto. Por ahí creo que es el camino que deben transitar sus comunicadores. Y Dios mediante, aprendamos algo de todo esto, de lo contrario los jóvenes lo aprenderán como lo aprendimos nosotros los mayores, con lágrimas.

Finalmente, debemos tener claro que esta lucha electoral no es del fujimorismo contra el comunismo; la lucha es de la clase media peruana, la clase emprendedora, los nichos intelectuales que tienen una clara conciencia. Ellas deben ayudar a educar al pueblo explicando y siendo bizarras articuladoras en la sociedad, pero en términos sencillos, claros y llanos.

Es el momento de los ciudadanos peruanos. Incluso si pasara el peligro comunista, veo muy improbable que exista estabilidad o paz política, porque aún si ganara el Fujimorismo e hiciese una rápida gestión para solucionar los problemas de salud y hambre, existirá una presión de ese miserable progresismo instalado en el poder para no perderlo y seguir implantando sus agendas mundialistas. Al menos, con resultados en la mano, el fujimorismo podrá defenderse si aglutina todo ese sector del sentido común que busca honestamente lo mejor para los peruanos.

Juan Carlos Puertas
27 de abril del 2021

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