Cecilia Bákula

Santa Rosa de Lima, según el Arzobispado

¿Una santidad reinterpretada?

Santa Rosa de Lima, según el Arzobispado
Cecilia Bákula
08 de septiembre del 2019

 

Cada 30 de agosto el Perú y el mundo recuerdan y celebran a una santa muy especial, mundialmente conocida y venerada, como es Santa Rosa de Lima, patrona de América y las Filipinas y ejemplo de una existencia de singular comunión con el Señor. Ella llevó una vida de servicio que hoy es motivo de inspiración para muchos. Y entre nosotros, para religiosos, policías, enfermeras y personas de a pie, que ven en ella un modelo de entrega generosa a seguir.

En mi formación cristiana, siempre he sabido —y me reafirmo en ello— que la santidad, si bien es algo grande, de gran esfuerzo y tenacidad, consiste en hacer con alegría la voluntad de Dios y en asumir la propia vida caminando al pie de la Cruz. Ello implica, aprender de y aprehender a Cristo, ejemplo máximo de obediencia y entrega, y amarlo y seguirlo como Él quiere que se le siga. Puedo entender que son criterios difíciles de asimilar para muchos, pero mortifica lo que podría yo calificar como un mal uso de los valores que Rosa asoció a su propia vida, no sin mucho sacrificio, pero sí con inmensa convicción de que ese era su camino.

Nunca pensé que se podría mostrar a Santa Rosa con valoraciones tan ajenas a su tiempo y a su circunstancia, y menos que su santidad pudiera verse comprometida o sustentada en acciones o propuestas de lucha social o política. No digo que ello la desmerezca, ni mucho menos; creo que simplemente parece que se quiere buscar justificaciones “humanas” en el campo del amor a Dios y, por ende, al prójimo. Desde mi punto de vista, y tal como conozco a esa santa, sus renuncias, acciones de caridad, vida retirada y compromiso con Dios, y su gran amor, estuvieron lejos de requerir una interpretación ajena a la íntima vida espiritual.

Señalo lo anterior porque, con motivo de la fiesta de Santa Rosa, me sorprendió el lanzamiento de un video editado y publicado en el portal y la cuenta de Twitter del Arzobispado de Lima, que muestra a Santa Rosa intentando asociarla a criterios contemporáneos y a justificaciones no válidas para su comportamiento ni para su compromiso de unión mística con Dios y de entrega al prójimo. No dudo que una vida de la magnitud que fue la de Santa Rosa pueda merecer muchos estudios, análisis e interpretaciones, pero todo ello debe darse dentro del contexto de la época en que vivió la santa y respetando los criterios históricos necesarios.

Me ha llamado la atención algunas expresiones que aparecen en ese video como “las injusticias interpelaron hondamente a Rosa de Lima”; si es cierto que la pobreza y el abandono son siempre motivo de escándalo y exigen la respuesta del católico y de la sociedad, pero de allí a afirmar que fueron realidades que “interpelaron” a la santa, creo que hay una gran distancia. Ese término implica el requerimiento o exigencia de una explicación o la demanda de una justificación por parte de quien es el responsable de la situación generada. Asumo que Santa Rosa, lejos de ser litigante, actuó viendo en el prójimo el auténtico rostro de Cristo, sin asumir un cuestionamiento que hubiera, a mi criterio, desviado sus esfuerzos de entrega; no porque dejara de preguntarse el por qué de las cosas, sino asumiendo realidades y poniéndose al servicio de ellas. Hoy, esa interpelación sí que es una obligación por parte de la sociedad y de quien ve y vive el escándalo de la pobreza, el abandono y la desatención. ¿Interpelamos todos?

Quizá lo que más llama la atención es que se haya dicho que ella estaba “disconforme con la espiritualidad ritual y vacía de la época”... Es casi imposible entender qué es lo que se quiso decir con aquello de la disconformidad hacia una religiosidad vacía porque implicaría desmerecer en todo la tradición cristiana; tampoco se comprende cómo podría ser una práctica religiosa ajena a la ritualidad.

Del mismo modo, se señala que Santa Rosa “decidió vivir en una comunidad cristiana de laicos y no en un convento, separada del mundo”. Esta afirmación es falsa y falaz, pues la historia señala claramente las razones por las que ella, con obediente dolor, aceptó no vivir en un convento y que la vida en un convento, no puede ni debe asociarse a una lejanía del mundo. Es una interpretación vacía y peyorativa para quienes optan por una vida conventual, opción que es avalada y requerida por la Iglesia y, a fin de cuentas, una decisión personalísima de quienes la asumen.

Y, para concluir, señalar que nuestra Santa, “tuvo que luchar también con el machismo de la época” es crear un falso análisis histórico al asignarle un activismo político que, si bien puede ser moderno y actual, está a millas de distancia de la comprensión de la sociedad de entonces, y más lejos aún de los intereses de Isabel Flores de Oliva; no porque no pudiera hacerlo, sino porque, como yo lo entiendo, su objetivo de vida no exigía ese cuestionamiento, aunque pudo haberlo hecho. Exigía para ella entrega y compromiso.

El video deja de lado rasgos importantísimos de su espiritualidad que se ven minimizados ante un análisis poco certero. Olvida también elementos importantes de la propia circunstancia personal y familiar, en las que Santa Rosa encuentra más de un motivo para una sencilla santidad. Quizá ha sido una oportuna reflexión la que ha llevado al propio Arzobispado a retirar de las redes sociales el citado video. Valoro esa acción.

 

Cecilia Bákula
08 de septiembre del 2019

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