Javier Valle Riestra

Pedro Castillo, el vacilante

El candidato impulsado por el odio al Estado

Pedro Castillo, el vacilante
Javier Valle Riestra
12 de mayo del 2021


Si, es imposible que un disminuido psíquico aspire a ser jefe de Estado. Tal es el caso de Pedro Castillo, quien evidentemente no está en sus cabales. La prueba reside en el hecho de que durante meses sostuvo tesis bolcheviques (abolir el TC, la Defensoría del Pueblo, cerrar el parlamento y convocar a una Constituyente para hacer una nueva Ley de Leyes conforme a su demencia); y ahora lo niega. Hasta el cinco de mayo tenía un programa que cambió radicalmente al día siguiente. Mocos por babas. Un hombre de esas características debe ser aplastado en las elecciones, aunque mejor sería internarlo en un sanatorio psiquiátrico. Veamos los jefes de Estado del siglo XIX y de los siglos XX y XXI. Allí tenemos a intachables: San Martín, Riva Agüero, Bolívar, Manuel Pardo, Mariano Prado, Andrés Avelino Cáceres, a Nicolás de Piérola (siglo XIX), en el siglo XX a Manuel Candamo, Eduardo López de Romaña, José Pardo, Guillermo Billinghurst (toda la república aristocrática); y, después de la caída de Guillermo B. Leguía, Luis. M. Sanchez Cerro –un canalla, pero psíquicamente bien–, Manuel Prado, José Luis Bustamante y Rivero, Fernando Belaunde Terry y Alan García.

II

Voy a repetirme porque la historia es un círculo y una larga paciencia. Hace cinco lustro dije: Basadre en su eximio libro “la multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú” describe los diversos tipos de masa habidos en nuestro devenir; la incaica (Inti Raymi); la de la conquista (sus guerras civiles con sus lemas demagógicos como “edent pauperers et satubantur”, comerán los pobres y se saciarán); la colonial (multitudes que se exigía de los dominicos comenzar sus sermones con el predogmático “La virgen fue concebida sin pecado original”, como aconteciera 1662); la de la Independencia (aunque ésta más fue obra de ejércitos que de pueblos, sin embargo se asomó el 28 de julio de 1821 y el 7 de septiembre de ese año ante el anuncio de que las tropas de Canterac amagaban la Capital); en la República (la antimilitarista de 1834, 1844, etc. y sobre todo la de 1872 en que las masas en defensa de la Constitución y de la elección de Manuel Pardo, colgaron de las torres de la Catedral a tres de los insurrectos coroneles Gutiérrez: Tomas, Silvestre, Marcelino y Marcelino); y la multitud revolucionaria (la gesta aprista del 7 de julio de 1932 que ocupó Trujillo, luego de asaltar heroicamente el cuartel O'Donovan); como consecuencia de ese gesto el militarismo siniestro y cobarde mandó al paredón a 6,000 compañeros.

III

La multitud que ha aparecido hoy en Indoamérica no es al estilo relatado, agraristas, antimilitarista o antiimperialista. Es distinta. La hemos visto desfilar en Buenos Aires, Caracas, Quito, Lima, Santiago y ahora en Bogotá, por una seudo reforma tributaria y otras modificaciones; se han depuesto presidentes cambiando las circunstancias políticas. Depusieron a De la Rúa, depusieron y repusieron a Chávez y a Evo Morales a Merino, sucesor de Vizcarra. Son masas que se hartan fácilmente del gobernante que vivaron en la víspera. ¿Por qué? Porque las circunstancias económicas y sociales de América Latina son dramáticas y no hay soluciones a corto plazo –sumado ahora la pandemia del COVID-19–, de tal manera que lo buscado por la multitud es expectorar al gobernante que se encaramó en el poder prometiendo ocupación plena, alza de salarios, el paraíso. Odian, más que al gobernante, al Estado. Al Estado senil, como he dicho en otras ocasiones.

IV

Insisto, en el Perú nuestro Poder Constituyente originario ha aparecido en 1822, en 1828, en 1834, en 1839, en 1856, en 1859, en 1867, en 1920 en 1933 y sobre todo en 1979. Las revoluciones también generan constituyentes y nuevas Chartas. Francia (1879), México (1917), la URSS (1918), etc. Pero nuestra Constitución de 1979 no fue fruto del golpe de Estado. No ha habido Constitución más prístina que la de aquel año presidida por el c. Haya de La Torre. No solo por su vanguardismo, sino por su origen popular irrecusable. La Constitución de 1823 fue fruto de elecciones en un territorio en su mayor parte ocupado por los españoles; la 1826, 1828, 1834, 1839, 1856, 1860, 1867, 1919, obra de minorías; solo votaban los que sabían leer y escribir, pagaban contribuciones, eran jefes de taller, además de ser obra del asalto a las mesas. La totalitaria de 1993 con la cual gobiernan galanamente los antifujimoristas; es obra de un dudoso y estrechísimo referéndum, como dijo el TC en sentencia del año 2003 (STC 014-2003-AI/TC).

Quisiera votar por el APRA, mi partido, pero no participa en estas elecciones. Esperemos el futuro.

Javier Valle Riestra
12 de mayo del 2021

NOTICIAS RELACIONADAS >

Los Derechos Humanos y el juez Borea

Columnas

Los Derechos Humanos y el juez Borea

I Escribo este artículo, luego de haber conocido la noticia de...

04 de julio
La renuncia al cargo parlamentario

Columnas

La renuncia al cargo parlamentario

I La renuncia de varios parlamentarios a su bancada o partido, desde ...

05 de junio
Carnaval de partidos políticos

Columnas

Carnaval de partidos políticos

I Muchos se preguntan ¿cómo se construye un partido pol...

24 de mayo

COMENTARIOS