Juan Carlos Puertas
Olvidemos las ideologías
La prioridad es enfrentar la embestida progresista y globalista

¿Acaso quienes marchan dominan los muy finos debates entre republicanismo y democratización, las tertulias sobre los alcances de la libertad, los límites o no del libre mercado, las muy concienzudas discusiones entre las semejanzas y diferencias de conservadores y liberales, o esas sutiles diferencias entre el nacionalismo y el recientemente bautizado patriotismo?
En una época en la que se actúa por sensaciones, en la que la imagen recibida domina la realidad y la transforma en verdad, en la que sentimos y no nos detenemos a pensar en la cuadratura del círculo, ¿resulta acaso importante seguir usando categorías incomprensibles para ponerle freno a esta embestida progresista y globalista?
Si algún tipo de oportunidad existe contra los creadores de sensaciones y verdades, sus jefes y la masa azuzada, parece que lo primero por hacer es dejar en el escritorio tan intrascendentes diferencias y disquisiciones. Y es que nos están matando, si es que ya no estamos muertos. Y no nos matan las ideas ni el sueño del debate racional, nos mata un programa de acción política muy bien planificado, que funciona como un reloj y que ha logrado perfeccionar su eficacia a puntos de la casi robotización.
Lo que está en juego es terminar siendo una más de las “naciones vacías de soberanía, semejantes a cáscaras de huevo a las que hubieran extraído la yema y la clara… [que] no pasarían de ser protectorados de un poder supranacional”(1). En castellano, el juego lo conocemos ya: vamos camino a ser un país sin historia, sin libertad, con propiedad limitada (si no eliminada), sin razón, sin religión ni valores, donde rendimos homenajes a los héroes que mueren por nada.
Y es que mientras en la vereda del frente ya conocen el juego de las sensaciones, fabrican “causas” tan concretas como “No al corrupto de Merino”, “No a Keiko”, “No al Congreso obstruccionista” (las causas negativas que generan hartazgo o antipatía son muchísimo más eficaces que las propositivas), de este lado convocamos a una “marcha libertaria” en apoyo a la Constitución de 1993, y lamentablemente la posición de conservar lo bueno, como lo decía el fallecido Scruton nos coloca en “una situación tal de desventaja cuando se presenta ante la opinión pública [porque] ...su posición es correcta pero aburrida; la de sus detractores, emocionante pero falsa”(2).
Cuando se cuenta con valores comunes mínimos en una situación como la que estamos, es hora de archivar los libros de teoría y buscar estrategias de acción común. ¿Qué me animaría a ir a una “marcha libertaria” cuando no soy libertario? Etiquetarnos con conceptos que nos encierran en una caja de cristal es no ampliar nuestra audiencia y seguir dándonos palmadas en los hombros entre nosotros. ¿A quien le interesa marchar por los libertarios, por los paleo liberales, los neoliberales, los conservadores, los de derecha popular y tantos conceptos que ni siquiera son homogéneos y terminan aburriendo, cuando lo que en concreto se quiere es pegarle al mismo gallinazo que todos vemos sobre nuestras cabezas?
Así como podemos coincidir en que tenemos mínimos comunes, podemos coincidir en que esos mínimos son lo más importante, más importante que toda la demás palabrería teórica, porque en concreto ya hemos visto lo que hacen los totalitarismos. Burke, el padre del conservadurismo, nos enseñaba que “el verdadero estadista debe unir la disposición de preservar y la habilidad para reformar”(3). Y es que lo nuevo siempre vende, la reforma vende. Un grito de reforma hoy es mejor que un “no” al cambio. ¿Qué reforma? No interesa, algo que pegue y preserve lo importante, porque la plaza ya está caliente y la masa quiere andar. Y si no anda en un sentido, otros la empujaran con mejor eficacia y recursos en otro.
Existen cientos de colectivos, agrupaciones, partidos; en fin, grupos que rezan mil ideologías porfiando por tener la razón. Pero a la vez ven al mismo gallinazo. Estas diferencias ideológicas, como sostenía Anthony Downs, pueden servir para las elecciones (atrapar nichos), pero no sirven para frenar la embestida actual. No hay espacio para terceros.
1 VIDAL, CESAR “Un mundo que cambia”. 2020
2 SCRUTON, Roger “Como ser conservador”. 2014
3 KIRK, Rusell “Edmund Burke: Redescubriendo a un genio”. 2007
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