Renatto Bautista
Mitrídates VI, el sempiterno enemigo de Roma
Una constante amenaza en el Mediterráneo

Indudablemente, a lo largo de su historia la República de Roma tuvo terribles enemigos. El más analizado y estudiado es el general cartaginés Aníbal, porque puso en duda la hegemonía de Roma en el Mediterráneo Occidental.
¿Quién se enfrentó a Roma y puso en duda su hegemonía en el Mediterráneo Oriental? Ese personaje fue el Rey de Ponto, Mitrídates VI. Él enfrentó a Roma en tres guerras. Si sumamos sus años de guerra nos dan un total de 16 años no prolongados de guerra.
Mitrídates VI nació en el año132 a.C. y murió en el año 63 a.C. Hijo del rey Mitrídates V. Subió al trono en el año 120 a.C., pero gobernó como titular en el trono desde el año 112 a.C. Mitrídates VI en su afán de expandir su reino, invadió los territorios romanos en el Asia Menor y se alió con varias ciudades griegas, deseosas de alzarse en rebelión contra Roma. En este contexto, entra en escena un personaje importante en la historia de Roma, Sila, quién fue Dictador en Roma y sempiterno rival de Mario, siete veces Cónsul y tío de Julio César.
Al comienzo de la guerra, Mitrídates derrotó a los romanos en las batallas del río Amnias y la batalla del Monte Scorobas. Cuando Sila lideró al ejército de Roma derrotó a Mitrídates VI en las batallas de Queronea (no confundir con la Batalla del 2 de agosto del 338 a.C. cuando Filipo II y Alejandro Magno vencieron a Tebas) y en la batalla de Orcómeno.
Sila pudo destruir y acabar con la independencia del reino, pero no lo hizo debido a que tenía que regresar de inmediato a Roma y derrotar a Mario El Joven, hijo de su sempiterno rival Mario. Por esta razón, Sila y Mitrídates VI firmaron el Tratado de Dárdanos por el cual Mitrídates devolvía los territorios conquistados a Roma y pagaba los gastos de guerra. Esta situación es similar al Tratado de Lutacio. Dicho tratado fue firmado en el 241 a.C. entre Roma y Cartago al término de la Primera Guerra Púnica.
La segunda guerra se inició cuando el general romano Murena invadió los territorios del reino de Ponto, pero sin conseguir una victoria decisiva frente a Mitrídates VI por consiguiente se retiró del territorio de Ponto.
La tercera guerra fue la más larga y dolorosa comparada con las dos anteriores. Mitrídates VI pudo reorganizar su ejército e invadir de nuevo los territorios romanos en Asia Menor. El general romano Lúculo lideró la contraofensiva que llevó al ejército romano a invadir el reino de Armenia, cuyo rey Tigranes II era yerno de Mitrídates VI.
Lúculo nunca permitió a sus tropas el saqueo de las riquezas de los reinos de Ponto y de Armenia. pero él sí saqueaba todo lo que podía. Por dicha razón las tropas romanas se amotinaron. Este suceso más las intrigas de Pompeyo en el Senado generaron que le designasen a Pompeyo como nuevo comandante romano en la guerra contra Mitrídates.
En la coyuntura antes mencionada, tanto Mitrídates VI como su yerno Tigranes II reconquistaron sus territorios por el momentáneo vacío de poder que dejaron los romanos. Seguidamente, Pompeyo invadió rápidamente la capital de Armenia mientras tanto Mitrídates VI huyó a sus posiciones del mar de Azov con la intención de reunir un nuevo ejército y seguir en su guerra contra Roma. Al ser riesgoso emprender una campaña en aquellos territorios, Pompeyo emprendió la pacificación de Siria y la conquista de Jerusalén.
Mitrídates VI llegó a sus territorios del mar de Azov, su hijo Farnaces decidió tomar como prisionero a su padre en el palacio real. La muerte de Mitrídates VI es bien contada por el destacado historiador sueco Carl Grimberg:
Las súplicas de Mitrídates no hallaron eco en Farnaces. El padre comprendió que ya no había esperanzas, pero no quiso abandonar sólo este valle de lágrimas. Obligó a sus mujeres, a su concubina y a sus hijas a beber la copa de veneno, antes de tomarla él. Pero Mitrídates se había inmunizado contra el veneno, de modo que éste no se hizo efecto; ordenó, pues, a un soldado que le cortara la cabeza. Así murió Mitrídates, a los sesenta y ocho años, en 63 antes de Cristo(1).
Indudablemente, el rey de Ponto Mitrídates VI fue un sempiterno enemigo de la República de Roma porque todas sus energías fueron por el encumbramiento de Ponto como potencia hegemónica en el Oriente en contraposición del creciente expansionismo de Roma. Si bien es cierto que nunca Mitrídates decidió emprender una campaña en el territorio de la Península Itálica sus campañas en el Asia Menor más su alianza con el reino de Armenia significaron una constante amenaza a la República de Roma en el Mediterráneo Oriental por un período de 16 años no prolongados de guerra. A modo de conclusión, afirmaré que Mitrídates VI fue un enemigo peculiar para Roma, un político frontal hasta que perdió -literalmente- la cabeza.
1 Historia Universal Tomo 8 Julio César. Autor: Carl Grimberg. Edición: Sociedad Comercial y Editorial Santiago (1987).
COMENTARIOS