César Félix Sánchez
Malos hasta para hacer el mal
Un balance de las elecciones subnacionales

¿Qué podemos sacar en conclusión de estas elecciones regionales y municipales? En primer lugar, quedó absolutamente descartada la hipótesis de que iba a ser una elección plebiscitaria respecto de Castillo. La dispersión, la indiferencia generalizada y la misma condición fantasmagórica del gobierno impidieron que se diese ese escenario. Quizás en los meses del «gran pánico» de 2021 (mayo-septiembre), alguno podría considerar que dado el origen regional de Perú Libre, cuya muy dinámica capitalización política y económica ocurrió en el plano subnacional, la gran estrategia del gobierno sería iniciar una farra fiscal populista al extremo, acompañada de una campaña demagógica y victimista de manipulación de masas, para capturar el mayor número de gobiernos locales y así enfrentar al Congreso, generando bien rociadas clientelas y toda suerte de botines. Pero no fue así. El ángel del Perú quiso que todas las facciones gobiernistas o “cogobiernistas» fuesen malas hasta para hacer el mal. Esa es la primera conclusión a la que podemos llegar.
La segunda conclusión es que ha llegado a Lima la realidad que cada cuatro años experimentamos en el interior del país: porcentajes mínimos históricos y victorias por pocos votos. Vi que algunos opinólogos se rasgaban las vestiduras porque el ganador de la alcaldía de la capital había alcanzado solo 23.58% de votos emitidos. A modo de consuelo –consuelo de tontos, claro está– les pediría que observen a Arequipa, donde en las anteriores elecciones, el ganador se hizo de la silla de Garcí Manuel de Carbajal con solo 11.42% y superando solo por algo más de cien votos a su inmediato contendor.
La tercera conclusión es que Rafael López-Aliaga y su partido son los únicos sobrevivientes entre las cuatro fuerzas que se disputaron el pase a la segunda vuelta el año pasado. Tanto el fujimorismo (aunque al no ser nunca un partido municipalista, el golpe es menos doloroso) como Perú Libre han quedado obliterados, así como Avanza País. Otro sobreviviente paradójico es César Acuña, que se ha hecho con la gobernación de La Libertad.
A la larga, López-Aliaga demostró prudencia al preferir capitalizar su influencia y caudal electoral antes de que se evapore y alcanzar una cuota de poder que le permitirá influir en las próximas elecciones presidenciales. Ya ha dicho que no postulará, pero quizás se convierta en el gran elector de la derecha y el «director espiritual» de la oposición al totalitarismo que se asomará en esa contienda. Esperemos que haga una gestión ejemplar. No solo el destino de la capital, sino el de la derecha y, a la larga, el del Perú, están en sus manos.
Reservaré para un artículo próximo mi análisis de los resultados en la región y provincia de Arequipa.
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