Jorge Morelli

Los dos escenarios

Los problemas que enfrentará el próximo gobierno

Los dos escenarios
Jorge Morelli
01 de junio del 2021


Si Castillo ganara el domingo, la primera batalla será en torno a la convocatoria inconstitucional al supuesto referéndum para elegir una Asamblea Constituyente. No hay modificación constitucional por referéndum en la Constitución. El referéndum para modificar la Constitución no lo puede decidir el poder Ejecutivo de facto por decreto supremo. El camino constitucional es otro distinto. Por lo tanto, esa convocatoria será objeto de una demanda ante el Tribunal Constitucional (TC). Todo el tema estará pendiente hasta que el TC se pronuncie. Si el gobierno de Castillo insiste en convocar al caballazo, como seguramente intentará, inevitablemente el conflicto de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo quedará instalado desde el primer día.

Segundo, la guerra abierta entre Castillo y Cerrón, que ya arreció en toda la campaña, se va a agravar y se convertirá en un segundo nivel de conflicto de poderes entre el Ejecutivo controlado por Castillo y la bancada de Perú Libre dominada por Cerrón. Estos dos niveles de conflicto de poderes serán el escenario permanente que la oposición tendrá que manejar.

En el escenario alternativo, si ganara Keiko Sofía, estaríamos ante una situación aguda de inmediato, por acusaciones de fraude que tomarán la calle en el intento de marcar la cancha y desestabilizar al gobierno entrante. Acá hay un problema de fondo. Propongo la siguiente pregunta: ¿por qué fracasó Macri en Argentina, por qué fracasó Piñera en Chile?, ¿por qué Duque está fracasando en Colombia y Bolsonaro en Brasil? Esas no son victorias de la izquierda, en mi opinión, sino fracasos de la derecha.

Y se deben a dos razones. Primero, ha habido una falla en el modelo económico. Los organismos reguladores no han asegurado la defensa de los derechos de la persona a la libre competencia en el mercado y contra el abuso de la posición de dominio de los oligopolios público-privados. Y menos aun se ha defendido el derecho ciudadano a la propiedad.

Hernando de Soto está convocando a una conferencia internacional auspiciada por los partidos republicano y demócrata en EE.UU.; y también en Europa, para señalar el peligro que hoy amenaza al Perú, mal conocido en el exterior, donde la prensa asume que la dupla Castillo-Cerrón es una especie de versión local del mexicano López Obrador o de los comediantes Fernandez & Fernández en Argentina, cuando lo que aquí ocurre es algo tanto o más peligroso que Maduro en Venezuela. Pero, al mismo tiempo, De Soto presentará nuevamente en esa conferencia su propuesta para corregir la inequidad, la falta de inclusión en el acceso a la propiedad y al capital, que se halla en el origen de la desigualdad en Sudamérica.

Eso no es todo. Pienso que el fracaso de la centro derecha sudamericana se debe, además, a algo que amenaza también desde el primer día el posible gobierno de Keiko Fujimori. La he llamado, muchas veces, “democracia de baja gobernabilidad”, la DBG. Es una falla en la arquitectura del sistema de gobierno. Un equilibrio de poderes mal diseñado que genera una baja gobernabilidad por causa de un permanente conflicto de poderes que no se puede resolver, a menos que el oficialismo tenga mayoría parlamentaria. La democracia, sin embargo, debería garantizar la gobernabilidad; especialmente cuando el gobierno no tiene mayoría en el Parlamento.

La democracia de baja gobernabilidad es una especie de enfermedad crónica, con la que es posible convivir, pero que debilita y desestabiliza la democracia, reduce sus defensas y trastorna su equilibrio hasta desnaturalizarla y hacerla incapaz de resolver los problemas del pueblo. Es de aquí que nace esa engañosa tolerancia con el autoritarismo que aparece todos los años en las encuestas de Latinobarómetro. La trampa es entonces el círculo vicioso del que hay que escapar, que lleva del fracaso de la DBG al fracaso del autoritarismo, que es su antítesis; una falsa solución que solo conduce luego a una nueva transición a la democracia de baja gobernabilidad.

La mayoría de las naciones sudamericanas instalaron desde su nacimiento, hace 200 años, ese desequilibrio que genera el conflicto de poderes permanente. Desoyeron el consejo de Bolívar en el discurso de Angostura. Decidieron ser repúblicas, sin darle al Ejecutivo un poder suficiente para equilibrar el peso del Congreso, que es enorme porque representa al pueblo. Y el caso del Perú es probablemente el peor de todos. Sería largo entrar en esto, pero se demuestra fácilmente. Pudo corregirse la falla del sistema de gobierno en el Congreso elegido el 2016, pero se perdió la oportunidad. Hoy hace falta retomar ese camino con pasos prudentes. El primero es volver a la bicameralidad, que permite encapsular el conflicto de poderes dentro del Congreso y sacarlo del ámbito de la relación con el Ejecutivo. Porque su polarización, exacerbada hasta el delirio por las sucesivas vacancias de la Presidencia y disoluciones del Congreso, han puesto a nuestra democracia al borde del abismo.

Jorge Morelli
01 de junio del 2021

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