Neptalí Carpio

Lima: centro de inmigración de Sudamérica

Es una de las cinco ciudades más globalizadas del continente

Lima: centro de inmigración de Sudamérica
Neptalí Carpio
19 de enero del 2018

 

¿Quién hubiera imaginado hace veinte años que la capital del Perú, de manera inusitada, se convertiría en la ciudad que ha mostrado mayores estándares de inmigración en esta parte del continente? Según un reciente informe de la Superintendencia Nacional de Migraciones, en la última década la cifra de turistas que cambiaron de calidad migratoria a inmigrante, para permanecer más tiempo y así poder trabajar en Lima y otras partes del Perú, aumentó en un 600%. Una cifra verdaderamente espectacular.

Ese mismo informe resalta que son venezolanos, colombianos, españoles, chilenos y argentinos los que muestran mayores estándares de llegada al Perú para buscar trabajo, con un capital en busca de oportunidades o enviados por las empresas que se han asentado en el Perú con significativas inversiones. El caso especial y crítico lo constituye la masiva inmigración venezolana que —por las facilidades dadas por el Gobierno peruano y la crisis del país llanero— se viene convirtiendo en un problema social, porque es una mano de obra más barata que la peruana y que empieza a generar recelos; especialmente en los 250,000 jóvenes que cada año ingresan a la edad de trabajar. El fenómeno de inmigración, como todo fenómeno socioeconómico, muestra aspectos positivos y negativos.

Hace más de veinte años los estudiosos de las ciudades capitales en el mundo —como la holandesa Saskia Sassen, el argentino Néstor Canclini García, el alemán Jürgen Ossenbrrügge y los propios urbanistas peruanos— en sendos estudios señalaban que era muy difícil que Lima pueda salir su ubicación como una de las ciudades capitales más atrasadas del continente y con casi nulas posibilidades de acercarse —por los menos— a las llamadas “ciudades globales” del primer mundo. Sin embargo, para sorpresa de estos analistas pesimistas, el informe JJL Globalisation and Competition: The New World of Cities, del año pasado, ya dio cuenta de que Lima se ubica entre las cinco ciudades más globalizadas de Latinoamérica. El reporte precisa que Lima es una de las treinta ciudades emergentes de todo el mundo analizadas. Para ello se tomaron en cuenta aquella ciudades que tienen un PBI per cápita por debajo de US$ 25,000.

La sorpresiva ubicación de Lima guarda relación con la percepción que tienen los limeños de nuestra capital ahora, en el 2018, pese a la crisis política nacional. La última encuesta de IPSOS —a propósito del 483 aniversario de nuestra capital— revela el optimismo de los limeños, una sensación que no existía hace diez o veinte años. Según la referida encuesta el 86% de sus pobladores expresan que Lima es “una ciudad bonita”, mientras que solo un 8% dice que es “una ciudad fea”. No solo eso, el 58% expresa que preferiría seguir viviendo en Lima, aun si se le presentase una oportunidad de emigrar a otra ciudad. Solo un 41% optaría por irse. Esta percepción bien puede explicar por qué extranjeros de diversos países de Sudamérica, e incluso de Europa, vienen a Lima en busca de oportunidades.

Nada de lo anterior debe ser óbice para esconder los graves problemas que arrastra nuestra ciudad: el caos del transporte, la inseguridad, la falta de empleo, el empleo precario o la propia informalidad. Sin embargo la pregunta que habría que hacerse es ¿por qué miles de extranjeros prefieren migrar a Lima en lugar de a otras ciudades, sabedores de que existen estos problemas que se sienten a cada paso? A mi juicio, la razón fundamental radica en que Lima se presenta como una ciudad con mejores oportunidades para hacer negocios, invertir e incluso de inventarse su propio trabajo. Es, además, un punto de conexión con otras ciudades del Perú que también vienen creciendo. Después de todo, otras capitales tienen los mismos problemas que Lima; pero al momento de hacer el análisis de costo, beneficio y riesgo, los extranjeros evalúan que, a pesar de todo, vale la pena aventurarse a venir a Lima.

Esta constatación, debe ser muy útil para los gobernantes y para el próximo alcalde de Lima, que será elegido en octubre. El centro de atención debería concentrarse en extender la infraestructura de servicios, de negocios y de fomento a la cultura, así como los megaproyectos de desarrollo vial —la mayoría de los cuales debe ejecutarlos el Gobierno nacional— para consolidar esta tendencia positiva de Lima en el contexto global. El éxito de los Juegos Panamericanos del 2019 será un momento central de esta tendencia. En este caso no puede haber errores.

Según la institución Yachiyo y Pacific, solo para organizar y desarrollar el sistema de transporte de Lima se necesitan de US$ 5,500 millones —inversión en vías (43%), trenes (37%), vías troncales (18%) y en administración del sistema— hasta el año 2025. Esto representa un promedio de US$ 687 millones anuales. Nótese que los ingresos de la Municipalidad de Lima alcanzan un promedio de US$ 300 millones, de los cuales por lo menos el 30% son para gastos corrientes y otros. En consecuencia, se requiere inevitablemente de un mayor presupuesto y de inversiones del Gobierno nacional, como ocurre en las líneas del Metro.

 

Neptalí Carpio
19 de enero del 2018

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