Alejandro Arestegui

Las reformas laborales que el Perú necesita

Siguiendo los pasos de la reforma liberal llevada a cabo en Argentina

Las reformas laborales que el Perú necesita
Alejandro Arestegui
13 de febrero del 2026

 

El pasado 12 de febrero el senado argentino aprobó la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Esta sin duda es una batalla importante para lograr un cambio estructural para bien en Argentina. Lo mejor de todo es que dicho proyecto pasará a ser aprobado por capítulos en la cámara de diputados, cámara en la cual le es más fácil al oficialismo obtener una mayoría para aprobar todos los aspectos de dicha reforma. Ahora, trasladándonos a nuestro país, intentaré dar mis argumentos de por qué una reforma laboral de corte libertario es no solamente óptima sino necesaria para el futuro laboral de las próximas generaciones de peruanos.

La reforma laboral que propongo, a grandes rasgos, apunta a reducir y eliminar legislación absurda y caduca, eliminar trabas regulatorias y promover la flexibilidad en la contratación y despido. Dentro de las barreras concretas que impiden una mayor flexibilidad laboral encontramos a los costes elevados del despido, impedimentos legales para establecer contratos temporales, las sobrecargas no salariales y protecciones que van destinadas a solapar a los sindicatos y colectivos, más no proteger a los trabajadores.

Una eliminación de ventajas para gremios y sindicatos destinada a proteger al empleador y al trabajador individual buscaría maximizar la eficiencia económica sin vulnerar ningún derecho consagrado en nuestra constitución. Como bien sabemos, el Perú es un país que dentro de las próximas dos décadas alcanzará su punto álgido en cuanto a población juvenil, toda esta nueva fuerza laboral puede verse frustrada ante un conjunto de legislación laboral caduca y obsoleta. Basándonos en informes internacionales y estudios locales, esta reforma laboral ayudaría a una considerable reducción de la informalidad. Este quizás sea el punto más destacado dentro de la precariedad de la situación laboral de millones de peruanos, más allá de ello hay que hacer un análisis de diversos problemas y cómo esta reforma puede solucionarlos poco a poco.

Como primer punto, el mercado laboral peruano está altamente segmentado, pues solo un tercio de los trabajadores asalariados está cubierto por la legislación actual, lo que empuja al resto hacia la informalidad para evadir costos regulatorios elevados. La informalidad actúa como "amortiguador" en tiempos de crisis (como durante la pandemia), pero también perpetúa la pobreza y bajos ingresos, ya que siete de cada diez peruanos son pobres o están en riesgo de caer en ella. Esto no quiere decir que se cree una legislación especial para cada caso, más dentro de la ley general debe incluirse más modalidades de empleo y de simplificación de aportes.

Como segundo punto, siguiendo al ministerio de desregulación argentino, se debe abogar por una desregulación focalizada. La primera medida implica bajar costos de entrada a la formalidad, como impuestos a la nómina y trámites burocráticos, esto incentivaría la transición al sector formal, aumentando la productividad en 0.5-0.75% por cada 10 puntos de reducción en informalidad anualmente. Esto no solo generaría más empleos estables, sino que extendería beneficios como pensiones y salud a millones.

El tercer punto radica en las contrataciones y los despidos. La excesiva rigidez laboral, como indemnizaciones por despido equivalentes a 1.5 meses por año (con un tope de 12) y requisitos de aprobación externa para despidos, desincentivan la contratación, especialmente de jóvenes y trabajadores de baja calificación. En Perú, la elasticidad del desempleo al PIB es muy baja, pues implica menos del 10% tras un año de caída, lo que prolonga las recuperaciones posteriores a una crisis en más de 30 meses para empleos formales. Reformas flexibilizadoras, como las del Decreto Legislativo 728, redujeron la duración del desempleo de 8 a 5 semanas en Lima y aumentaron la rotación laboral, facilitando la creación de nuevos puestos. Otras reformas implicarían la difusión y el incentivo para la creación de contratos temporales, eliminación de barreras como la movilidad geográfica e incentivos tributarios para la contratación de gente joven.

El último punto implica mejorar el tema de la productividad y la competitividad económica del mercado peruano. Por increíble que parezca, los costos no salariales en el Perú representan casi el 60% del salario base, superando prácticamente a cualquier otro país de la OCDE, desincentivando la inversión y la rehabilitación de mano de obra a otras actividades productivas. Al inicio de este siglo y sobre todo durante el segundo gobierno de Alan García, el crecimiento del empleo se dio por un aumento en la formalización más no por una masiva creación de nuevos empleos. La pandemia de covid exacerbó la informalidad en Perú, con transiciones permanentes de formal a informal que duran hasta 9 años para trabajadores de baja calificación. Las rigideces actuales limitan estabilizadores automáticos (como seguros de desempleo, que cubren solo al 12% de desempleados), forzando ajustes vía recortes de horas o informalidad. Una reforma libertaria promovería protecciones "portables" (independientes del empleador), como cuentas individuales de ahorro para despido y subsidios a la reconversión, facilitando transiciones rápidas y reduciendo la pérdida de capital humano. Dentro de este tema diversos estudios son los que han llegado a la conclusión de que la excesiva protección al trabajador termina a largo plazo afectándolo. La sobrerregulación laboral, con la excusa de la protección al trabajador, termina siendo el lastre más grande para la formalización y crecimiento de un empleo de calidad.

Esto es solo un pequeño bosquejo de las numerosas reformas que se tienen que hacer en el Perú para lograr un mercado laboral cada vez más competitivo y libre. Se necesitan tocar otras cuestiones como las pensiones y la carga impositiva. Mientras hay países que evolucionan positivamente hacia la flexibilización del mercado laboral (como es el caso argentino), lamentablemente hay otros que están involucionando y empobreciendo a su población como es el caso de España. Tal como mencioné líneas atrás, al Perú sólo le queda unas cuantas décadas de crecimiento de población exponencial, si no se realizan las reformas laborales a tiempo corremos el riesgo de enfrentarnos a una enorme fuga de capital humano, ya que nuestros jóvenes verían con desilusión la falta de oportunidades producidas por la regulación nefasta. Espero que muchos de nuestros candidatos tomen nota y procuren tener la reforma laboral como una de sus prioridades en caso lleguen al poder. Es responsabilidad de los nuevos políticos encargarse de eliminar lastres y barreras creadas por sus nefastos predecesores. De ellos depende el futuro del mercado laboral y por ende, de la formalización en todos los sectores de la economía peruana.

Alejandro Arestegui
13 de febrero del 2026

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