Francisco Swett

Leviatán y yo

Cómo alcanzar el equilibrio entre Estado y sociedad

Leviatán y yo
Francisco Swett
07 de octubre del 2019


Martin Wolf, editorialista económico del
Financial Times, comentó pocos días atrás (septiembre 28) el libro más reciente de Daron Acemoglu (MIT) y James Robinson (Universidad de Chicago), conocidos por su autoría conjunta del influyente Por qué fallan las naciones. En su obra más reciente ellos exploran la metáfora de Dinamarca, país donde coexisten un Estado y una sociedad fuertes. Alcanzar dicha convivencia, argumentan, no es fácil, y Esta se mantiene en un equilibrio delicado e inestable de poder. El Estado, por lo demás, no otorga la libertad, y la ausencia de este tampoco la consigue. La libertad, debemos entender, no es simplemente la ausencia de un Estado represivo sino, como lo argumenta Philip Pettit y lo cita Wolf, “una vida plena libre de opresión, miedo e inseguridad extrema”.

El marco teórico de los autores lo provee el Leviatán de Thomas Hobbes quien postuló que la condición humana era la del conflicto permanente (homo hominis lupus). A fin de preservar la existencia en un medio de soledad, pobreza y exterminio, postula Hobbes, los hombres deciden entregar a un Estado todopoderoso la custodia de sus vidas, pero, siguiendo su narrativa, el Estado deviene en un ente opresor y se convierte en el “Leviatán despótico”. Desde ese punto de partida, los autores desarrollan su tesis de convivencia entre Estado y sociedad, la misma que abarca los extremos, desde entre las antípodas del despotismo y el ausentismo, el “Leviatán Ausente”, teniendo como punto de equilibrio al “Leviatán encadenado”. 

El despotismo es el ecosistema del totalitarismo; todo es Estado y la Sociedad es nula. Sus prototipos incluyen, entre otros, a la Unión Soviética, China, la Alemania nazi, Corea del Norte y Cuba, todos regímenes caracterizados por la esclavitud del individuo al gobierno todopoderoso. Al otro extremo, el Leviatán Ausente tampoco promueve la libertad, como lo podemos observar en Somalia donde el caos, el libertinaje, el dominio de los señores de la guerra, el terror y la ausencia de la Ley asimilan la descripción originalmente formulada por Hobbes. 

En el punto de equilibrio, el Leviatán Encadenado se caracteriza por la persistencia del equilibrio entre Estado y sociedad, circunstancia que fortalece el ejercicio de la libertad al existir normas que limitan el ejercicio del poder de la autoridad y como contraparte obligan a la sociedad a cumplir con las normas establecidas. Es el Imperio de la ley complementado por el libre ejercicio de la política dentro de la norma establecida y la libertad de intercambio en el mercado. La confianza de la sociedad en el Estado promueve la paz y demanda del Estado la efectividad en el cumplimiento de sus funciones de protección, arbitraje, ordenamiento y bienestar general.

Los ecosistemas descritos no son estáticos. La evolución puede dar paso a la involución. La disolución de la Unión Soviética, por ejemplo, dio paso al Leviatán ausente, mas frente a la pasividad de la sociedad reemergió el Leviatán despótico de Putin. El sendero evolutivo hacia el Leviatán encadenado está, además, plagado de obstáculos tales como la presencia de grupos depredadores como los que dominan Honduras, Nicaragua Guatemala y Venezuela. En estos países la influencia letal del narcotráfico se ha apoderado del Estado y subyugado a la sociedad, la corrupción campea y brilla por la ausencia el ejercicio de la norma legal. 

¿Dónde se encuentran Perú y Ecuador? Desde mi perspectiva, considero que la evolución de Perú hacia el Leviatán encadenado ha sido, generalmente, consistente, quedando, eso sí, generaciones por delante cargadas con la responsabilidad de mantener el norte para sustentar el ejercicio de la libertad económica, afianzar la fuerza de la norma legal y fortalecer las instituciones de la democracia.

En Ecuador, por contraste, los doscientos años de país no han sido suficientes para construir una nación que equilibre al Estado y a la sociedad. Es un medio donde el pacto social tiene interpretaciones divergentes y antagónicas, la economía permanece amarrada con pesados grilletes y el asedio de la barbarie recrudece por la herencia del gobierno socialista que presidió sobre la mayor bonanza del país. Y que ha dejado como legado la ruina económica, la desinstitucionalización del Estado y una sociedad que permanece en una condición alarmante de disfuncionalidad.

Francisco Swett
07 de octubre del 2019

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