César Félix Sánchez
La madre de todas las batallas: Lula contra Bolsonaro
Se enfrentan dos caudillos igualmente amados y odiados

Este domingo se resolverá la elección más decisiva en este lado del hemisferio, de la que podría depender, incluso, el apuntalamiento internacional definitivo para Pedro Castillo. Nos referimos a las elecciones de Brasil. Se enfrentan no solo dos caudillos, amados y odiados con igual pasión, sino dos visiones antropológicas, dos modelos de desarrollo e incluso dos Brasiles contrapuestos.
En un lado se encuentra Luiz Inácio Lula da Silva, antiguo sindicalista y hábil político, que supo dirigir una disímil orquesta sudamericana que reunía a las FARC, Michelle Bachelet, Ollanta Humala y a Fidel Castro, haciendo uso geopolítico del poderoso músculo público-privado brasileño donde no podía llegar con la ideología. Fue siempre el salvador in extremis de Hugo Chávez; el gran articulador del encuentro inconfesable entre el bolivarianismo más salvaje y la socialdemocracia «respetable» hispanoamericana. Todo, claro está, con el fin de alcanzar, por diversos caminos, el objetivo del Foro de Sao Paulo del que fue miembro fundador y patrocinador: una Iberoamérica colectivista y, a la larga, totalitaria.
En el otro lado está el capitán Jair Bolsonaro, figura que representa una de las resurrecciones políticas más sorprendentes de la historia iberoamericana: la del Brasil patriótico y cristiano, sepultado por décadas de marxismo y progresismo de todos los colores. ¿Qué se aduce contra él, más allá del farisaico problema de las «formas»? Su supuesta gestión «negacionista» de la pandemia, que habría tenido resultados «catastróficos». Más allá de algunas declaraciones polémicas del presidente, lo cierto es que, siendo Brasil un estado federal, los gobernadores opositores a Bolsonaro tuvieron cancha libre para instaurar cuarentenas y medidas semejantes. Y hay que tener en cuenta que la insistencia del presidente brasileño por mantener la economía abierta y funcionando salvó a su país del colapso absoluto. Y para los que tengan dudas sobre la corrección del enfoque bolsonariano, les sugiero que revisen lo que pasó en el Perú, donde Martín Vizcarra, ídolo globalista, aplicó el paquete completo de cuarentenas generalizadas y covidización del país con el peor resultado del mundo en todos los niveles.
Respecto del otro gran reparo, el ecológico, habría que ir más allá de la caricatura sensiblera y saber que lo que se juega en la Amazonía no son simplemente bosques (con todo lo importantes que estos sean) sino el principio mismo de la soberanía nacional, solo a partir del cual es posible hablar de estado constitucional de derecho, al margen de lo que digan los colectivistas verdes y los ingenuos. Claro está que para ciertos sectores supranacionales el objetivo final es una internacionalización de la Amazonía a través del debilitamiento de los gobiernos nacionales a través de la potenciación de seudo-naciones tribales minúsculas que no serán más que organismos de fachada de oenegés progresistas. Y si cae la Amazonía, el siguiente objetivo será la Patagonia (donde ya se está viendo algo semejante) y cualquier otra región que las élites supranacionales consideren de «interés ecológico».
Sin embargo, el fenómeno Bolsonaro no es para nada pasajero. No solo el parlamento está ahora controlado por fuerzas conservadoras, sino que el mismo Lula da Silva se ha «bolsonarizado» un poco. Prueba de eso es su reciente –y algo desesperada– Carta a los evangélicos, en la que se desdice de su anterior posición abortista, afirmando que está «opuesto» al aborto y que, de todas formas, una decisión al respecto dependerá del legislativo que ya está en manos conservadoras (solo le faltó añadir un «felizmente»). Otra señal de su desesperación por parecer menos radical es su elección como compañero de fórmula de Geraldo Alckmin, derechista tradicional y antiguo enemigo suyo. Así que, si al menos Bolsonaro ha sido responsable de este giro moderado de Lula, bien vale la pena la aparición de populistas de «extrema derecha», mal que les pese a los politólogos oficiales.
Todavía nada está dicho respecto a los resultados del domingo próximo. Incluso los mismos medios internacionales que subestimaban a Bolsonaro ya no se atreven a hacer pronósticos tan fáciles.
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