Cecilia Bákula

La devoción al Señor de los Milagros

Entre la tradición y la fe

La devoción al Señor de los Milagros
Cecilia Bákula
20 de octubre del 2019


Regularmente, aprovecho este espacio en El Montonero para compartir alguna reflexión sobre temas de coyuntura y para plasmar mi propia visión de algunos temas o circunstancias. Hoy quiero hacerlo en referencia a una vivencia limeña, peruana, que ha trascendido los límites de nuestras fronteras y que se ha convertido, de alguna manera, en un elemento de identidad nacional.

El culto al Señor de Pachacamilla, que empezó asociado a un barrio pobre de la capital virreinal, se ha convertido en una expresión de fe mundial. Se puede afirmar que en más de 200 lugares de la tierra se reproduce este culto y se vive con intensidad, y si a ello le agregamos la tradición que dice “donde hay un peruano, está el Señor de los Milagros”, tenemos una práctica religiosa extendida por todo el globo.

En la reciente publicación de la Municipalidad de Lima, el núm. 18 de los Munilibros, titulado El señor de los Milagros de María Rosa Álvarez Calderón, Liliana Canessa y el P. Hidalgo, leemos datos muy interesantes respecto a la imagen y al culto mismo. Los acoto porque hoy, 19 de octubre, el Señor, como le decimos con respeto filial, culmina su segundo día de recorrido procesional y ha regresado a su casa en el monasterio de las Nazarenas. De allí salió el día 18, como cada año, acompañado de un mar humano, cuyas motivaciones, creencias y razones son del dominio más íntimo de cada uno. No obstante, esa expresión pacífica de fe y fervor, fidelidad y culto no ha merecido ni una nota en los diarios de la capital, enredados en la pugna por los titulares de mayor agresión, confrontación e información que poco ayuda a la paz que ese pueblo, que se ha desbordado a las calles, busca. Cuántos de los que han acompañado la procesión no habrán clamado por paz, institucionalidad y buen futuro.

En la referida publicación se explica claramente lo siguiente:

“Cuando nos referimos al Señor de los Milagros hablamos, en realidad, de dos imágenes. La del muro original, que según Rubén Vargas Ugarte es de 1651, y se encuentra aún en el retablo mayor de la iglesia de las Nazarenas, y la del trasunto de 1687, que sale de su monasterio y recorre desde entonces en procesión las calles de Lima...”.

Cabe entonces reflexionar en las fechas. Hablamos de una práctica de piedad que tiene unos 368 años, de manera ininterrumpida y notablemente creciente. Esa imagen pintada en una pared, por un artista criollo y desconocido, se mantuvo en pie a pesar de que la ermita de la que era parte colapsó totalmente con el terremoto que asoló a la ciudad el 20 de octubre de 1687, siendo recordado como uno de los tres más devastadores sismos que ha sufrido nuestra capital: 1687, 1746 y 1940.

Es en esa circunstancia, en que era indispensable clamar a Dios, que Sebastián de Antuñano decide sacar en procesión una réplica del Cristo pintado en el muro. Y ese es el origen, simple pero contundente, de un ejercicio piadoso que nuestra ciudad respeta, quiere y respalda.

En la actualidad, las milagrosas andas de El Señor de los Milagros recorren Lima durante cinco días, retornando definitivamente al monasterio el 1 de noviembre. Desde ese día hasta el siguiente octubre, la imagen procesional se custodia en el coro bajo del monasterio, en donde no está al acceso del público sino, más bien, bajo la custodia de las religiosas carmelitas de las Nazarenas. Es por ello que cada octubre, cuando el Señor sale nuevamente a encontrarse con sus fieles, a ser expuesto al lado del altar mayor, listo para salir por las calles, hay una explosión de alegría, de algazara y devoción, y es como el reencuentro con el amor, con la esperanza y la fe.

Muchas actividades se asocian a esta devoción popular, intensamente vivida por los fieles. Mencionaremos solo algunas: el uso del hábito morado, la compañía de las sahumadoras, las alfombras de flores y el exquisito turrón, que es un clásico en nuestra ya destacada gastronomía.

Fe, devoción, tradición, cultura, identidad y piedad. Hermosas palabras que se convierten en expresiones de una manera de ser de Lima en octubre.

Cecilia Bákula
20 de octubre del 2019

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