Francisco Swett

Impeachment

¿El final de Donald Trump?

Impeachment
Francisco Swett
30 de septiembre del 2019


Por estos días resuena la palabra
impeachment, término que en la usanza americana describe el proceso por el cual la Cámara Baja del Congreso de los Estados Unidos debate y vota, por simple mayoría, los méritos de una acusación contra el presidente por supuestos crímenes graves y violación expresa de la ley (“high crimes and misdemeanors” como lo establece la Constitución). Aprobada la moción, el juzgamiento tiene lugar en la Cámara del Senado, donde se requieren dos tercios de los votos para remover al mandatario. En la historia americana dos presidentes –Andrew Johnson (sucesor de Abraham Lincoln) y Bill Clinton– fueron interpelados (impeached) y ninguno de los dos fue condenado por el Senado. En el caso del Presidente Nixon la Cámara Baja votó a favor del impeachment, pero no fue juzgado por el Senado, pues renunció al cargo. 

Por varios meses, los demócratas han venido argumentando que el presidente Trump merece ser interpelado. Nancy Pelosi, presidente de la Cámara Baja, se ha resistido debido a los riesgos políticos que tal acción acarrea. En un año de elecciones, además, se extreman los cuidados hasta que, llegado el momento y frente a una afrenta que se considere abiertamente lesiva por parte del Ejecutivo, se justifique la acción.

Y ha llegado ese momento en que perciben que existe la masa crítica para la interpelación. Trump ha despreciado abiertamente al Congreso; su particular estilo de construir sus propias verdades, aun cuando estas sean desmentidas por la evidencia, y su actitud abiertamente polarizadora, que ha exacerbado la convivencia política y social de la nación, han ido desgastando el espacio para el diálogo civilizado que otrora caracterizara a la política americana.

El episodio de Ucrania, evento que conduce al momento actual, nace de una denuncia de un whistleblower anónimo (literalmente, el que sopla el pito de alarma) quien puso el grito en el cielo luego de que, en un diálogo telefónico entre el presidente americano y el ucraniano, Trump insinúo un quid pro quo entre la continuación por parte del gobierno americano del apoyo económico y militar que los ucranianos requieren frente al hostigamiento permanente y mordaz del presidente ruso. Y por parte de los ucranianos, “hacer el favor” de entregar información que comprometa al hoy candidato aparentemente favorito para la nominación demócrata, Joseph Biden, por el hecho de que su hijo Hunter habría participado en negocios supuestamente corruptos en ese país; alegando que Biden, cuando vicepresidente, habría intervenido directamente para lograr la separación del cargo al Fiscal General ucraniano a cargo de la investigación. 

La táctica de Trump es consistente con su forma de jugar al poder. Ya lo hizo en 2016 cuando Rusia y Wikileaks se aliaron para espiar a los demócratas, y Hillary Clinton fue hostigada hasta el cansancio por la utilización de un servidor no seguro. En típico estilo “trumpista” la negociación con los ucranianos, canalizada a través de su abogado personal, Rudolf Giuliani, un personaje a ratos brillante y a ratos poseído por una torpeza absoluta, ha logrado encender la llama de las pasiones políticas. Involucra, además, al Fiscal General, Bill Barr, quien es acusado de ser obsecuente servidor de la Casa Blanca y corromper el curso de la justicia. La decisión inicial de no entregar el reporte del denunciante y, menos aún, la transcripción de la conversación telefónica, configuró un evento de “desprecio al Congreso”, que fue uno de los causales del impeachment de Richard Nixon en 1974.

Se anuncia una guerra campal. No obstante ser remota la posibilidad de que el Senado, de mayoría republicana, vaya a votar para condenar a Trump, hay que recordar que fue así como comenzó el escándalo Watergate, episodio que evolucionó de un robo fallido a la “pistola humeante” que dio al traste, en el espacio de un año, con el presidente Nixon que había recién ganado una elección por abrumadora mayoría. El proceso acaparará la atención nacional y mundial a lo largo de la campaña y, con una economía que se debilita, pondrá a prueba la reelección tan deseada por el mandatario. Se ha destapado la caja de Pandora y el pronóstico es, por ello, reservado.

Francisco Swett
30 de septiembre del 2019

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