Dardo López-Dolz
Homenajeando a un dictador

¿Homenaje a Velasco fue cortina de humo para tapar mayor inseguridad?
Cuando un gobierno homenajea a un dictador como el General Juan Velasco, que condenó al país a un atraso que aparejó hambre y miseria, permitiendo o, peor aún, sugiriendo que una promoción del ejército lleve su nombre, nos revela a los cuatro vientos la catadura moral de quien nos gobierna, y deja claro su espíritu dictatorial y su nulo respeto a la libertad, y deja muy mal parados a quienes, desde dentro del gobierno, no tienen la valentía de oponerse al despropósito.
Se dice que uno de los acuerdos para la transición democrática de 1980 fue no investigar los crímenes y la corrupción del velascato, acuerdo írrito si es que existió y que debiera dar lugar al establecimiento de una investigación que establezca cuáles fueron las causas históricas de nuestra prolongada crisis. Sinceramente espero que, así como muchos aplaudieron la creación CVR, aplaudan igual una comisión que estudie y difunda los atropellos de la dictadura militar velasquista, cuyos ridículos extremos de prepotencia debieran conocer las nuevas generaciones.
Ya era lamentable la presencia del busto del dictador en la entrada del Cuartel General del Ejército, peor aún que una promoción de la Escuela Militar lleve su nombre. Como creerle a un Presidente o a un Ministro que habla de democracia y honestidad pero ataca febrilmente a su predecesor por las colas que hubo en los 80, sabiendo que nadie causó más años de escasez que Velasco. O por la corrupción estatal cuando recordamos cómo se enriquecieron las camarillas militares y sus amigos. Nadie regaló más fácilmente la soberanía que Velasco, quien tenía más asesores militares rusos y cubanos en territorio nacional que todo el resto de Latinoamérica junta.
Pero ni ese desatino, ni el recurso ministerial callejonero de insultar a congresistas, periodistas, ex ministros y a cuanta persona opine sobre el circo, deben distraernos de los grandes indicios de corrupción gubernamental y de la creciente inseguridad real que nos aqueja.
Aunque cada vez parece menos probable que se de la madurez y claridad intelectual suficientes, espero, por el bien de la necesaria credibilidad de un gobierno elegido en democracia, que esta gestión presidencial encuentre un rumbo razonable que le permita distanciarse de las sospechas de complicidad en la oportuna fuga de Martín Belaúnde Lossio.
Los crecientes niveles de inseguridad y violencia delictiva evidencian, como era previsible, la total ausencia de resultados reales de la estrategia mediática emprendida por el titular del sector llamado a solucionarla. La importancia de esto radica en el malestar que como ciudadanos sentimos cuando nuestro gobierno evidencia incapacidad para cumplir con la función esencial de la existencia del Estado, y genera además baja atractividad para invertir en un país en el que la inseguridad se suma a la debilidad institucional. Urge que de una buena vez se fijen objetivos claros y políticas consecuentes en materia de seguridad a corto y mediano plazo, porque tiempo para el largo ya no le queda.
Por Dardo López-Dolz
(06 - Ene - 2015)
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