Manuel Gago

Haya de la Torre y las universidades populares

El saber, el único camino de superación

Haya de la Torre y las universidades populares
Manuel Gago
15 de mayo del 2024


Los cien años de fundación de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) fueron motivo para movilizar a los “compañeros”. Días atrás, con entusiasmo sin igual, militantes y simpatizantes del aprismo colmaron la Plaza de Acho en Lima. Una demostración de que, en efecto, Haya vive.

Desde joven, Víctor Raúl Haya de la Torre, el fundador del aprismo, entendió que la única manera de salir adelante como país es educando a la población. “Un estado democrático requiere la participación de todos los ciudadanos”, decía. Y desde las universidades populares, todos sus esfuerzos estuvieron concentrados para hacer del pueblo “factor consciente en la vida nacional”. El llamado a la docencia, a la tarea educadora, como apostolado, es constante en Haya. “El aprista debe ser fuerte mental y físicamente”, también decía. En esa tarea educadora estaban comprometidos los universitarios y partidarios. Los acostumbrados coloquios en las casas del pueblo –como son llamados los locales apristas– son una muestra. 

Los pobladores pobres y sin letra, sin acceso a mayores oportunidades, debían entender que la educación es fuente de abundancia y felicidad. Sin educación, las personas estarían reducidas a seres sin aspiraciones, sin alma, incapaces de cuestionar y observar el universo. Con educación serían libres, por voluntad propia y no ajena. Esa libertad, entendida como responsabilidad personal, sería parapeto contra los poderes fácticos, contra sus intentos desestabilizadores de la sociedad, la economía y la política.

Y así, mientras Haya conformaba universidades populares –considerado “el primer peldaño hacia el nivel más alto que reclama el progreso de la nación”, enseñándole al pueblo conocimiento y moral, civismo e historia– el dictador antiaprista Luis Sánchez Cerro reclamaba a la tropa “sangre aprista en las bayonetas”. 

De seguro, el joven Víctor Raúl conoció la biografía de Domingo Sarmiento, “de noble figura, hombre de superior calidad intelectual y humana. Maestro de escuela, armado de pluma y patriotismo dispuesto a combatir la ignorancia de los argentinos con constante prédica”. La finalidad de Sarmiento, como presidente, fue hacer de Argentina un país de “cultura superior”. Y también, influenciado por los sabios griegos, Haya haría suyo sus pensamientos, dichos cuatrocientos años antes de la era cristiana: “los gobernantes deben formarse a conciencia para desempeñar bien su cometido, por lo que han de instruirse en matemáticas, geometría, dialéctica y filosofía a fin de entender los conceptos universales”. Y, como pocos, sabría de Diego Thompson, el educador escocés, promotor de la educación de la mano de los Evangelios en Chile, Argentina y Uruguay. Invitado por el libertador José de San Martín se encargó de mejorar la educación peruana. El 6 de julio de 1822 se creó la Primera Normal de Varones. Por esta razón, en la fecha, se celebra el día del profesor. 

Estos buenos ejemplos –tan escasos hoy en día– inspirarían y entusiasmarían al joven pensador. Romántico como ningún otro, le ofreció a Indoamérica la ruta hacia la libertad y prosperidad. Las universidades populares serían el principal paso, haciendo del aprismo el gestor del saber ciudadano. 

Vale mencionar al misionero e intelectual escocés John Mackay, protector de Haya cuando era perseguido. Dictaba conferencias en la Universidad Popular González Prada. En su libro That other América (1935) reconoce y hace público la fortaleza espiritual de Haya y su afán docente. En una carta publicada en el libro cuenta que Haya, desde la prisión, pide libros para los presos, “quizás historias como Robinson Crusoe, la vida de Jesús y algo sobre historia del Perú y matemáticas”. 

La educación, entonces, conduce a la prosperidad. No hay otra manera de alcanzar nobles objetivos, no existen atajos para superar los retos, no es posible avanzar socialmente con una población ignorante y abandonada a su suerte.

Manuel Gago
15 de mayo del 2024

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