Jorge Morelli
Griegos indecorosos

Sobre la crisis griega que remece a los países de la Unión Europea
Juan Jacobo Rousseau cuenta en el Contrato Social la siguiente anécdota, no se sabe si históricamente fidedigna.
Narra que Esparta tenía en calidad de colonia a la isla de Samos y le cobraba fuertes impuestos. Hartos los samienses del abuso, enviaron a Esparta una comisión que fue recibida por el Tribunal de los Eforos, ante el que expusieron su queja.
Como el Tribunal no les hiciera caso alguno -ya que no pensaba rebajarles los impuestos-, la Comisión decidió protestar del modo más enérgico procediendo a defecar, nada menos, en el propio local del Tribunal.
Reunidos los Eforos a considerar el castigo que merecía semejante agravio, resolvieron declarar que los samienses tenían derecho a ser indecorosos.
Fuera de la lección de tolerancia que semejante respuesta conlleva, se trata sobre todo de una salida ingeniosa a una situación imposible. Así eran los griegos.
Y, a juzgar por su conducta actual, no han cambiado mucho.
Abrumados por una deuda impagable -del orden del 180% de su producto-, luego de haber vivido sin escrúpulos de la Unión Europea por décadas, ahora se hacen los desdeñosos, semejantes a los dioses, como dice el valse. Los griegos se están portando como una especie de abuelos incorregibles, unos crápulas queridos e ingobernables, con los que nadie sabe qué hacerse.
La astucia y el ingenio para lidiar con los medios materiales, cual pretendientes ávidos, es algo que la mitología –e incluso Homero- celebran a veces con gracia y admiración, y en ocasiones hasta recomiendan.
Puesta en semejante aprieto, lo que la Unión Europea necesita hacer, y probablemente hará –ya lo está considerando- es declarar que Grecia –la cuna de Europa- constituye un caso único. O sea, que los griegos tienen derecho a ser indecorosos.
Eso sí, solo ellos.
Jorge Morelli (@jorgemorelli1)
08 – Jul – 2015
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