Dardo López-Dolz
El verdadero enemigo de la libertad

Ver de dónde vienen los tiros y a dónde apuntan requiere capacidad de visión política
En nuestros países, la libertad está amenazada por un método contemporáneo de reiterada eficiencia para destruir sistemas democráticos. Es necesario entender que no es un fenómeno espontáneo sino una estrategia, diseñada y financiada por grandes jugadores más allá de las fronteras de nuestra región, cuya ejecución ha sido encargada al organismo regional más eficaz para la tarea, con décadas de aprendizaje en la mejor forma de esclavizar naciones. Ver de dónde vienen los tiros y a dónde apuntan, para poder contener su avance, requiere capacidad de visión política y planeamiento de largo alcance, habilidades escasas en este mundo donde la academia alineada detrás de la lógica empresarial se olvidó que la economía nada en el mar de la política.
Quien se sienta tranquilo por la continuidad de las grandes lineamientos económicos o porque parecen hoy imposibles los clásicos golpes militares, se equivoca tanto como aquel que respira tranquilo cuando un radical abandona la dinamita para acceder al poder por el camino democrático. Lo hace con la intención de quedarse en el poder para siempre (¨Nunca más perderemos una elección¨, dijo Fidel Castro cuando Daniel Ortega fue derrotado), por eso, una vez en el poder, se abocará a terminar el desmontaje iniciado años atrás, a través de cierta prensa como cómplice involuntaria, la mayoría de las veces.
Es un error considerarlo una reedición del socialismo romántico castrense que demolió las bases del desarrollo sudamericano el Siglo XX; es suicida replicar las estrategias que sirvieron entonces a nuestros padres para salir magullados pero airosos.
La búsqueda de la causa última apunta a la necesidad de expansión económica de dos potencias de oriente. La dimensión de los fondos requeridos y los nuevos ¨inversionistas¨ confirman inequívocamente la paternidad de actores de talla global.
La receta del desmontaje de la libertad incluye siempre demolición sistemática de la credibilidad de clase política, el engorde de la democracia hasta hacerla disfuncional, la desaparición de los partidos nacionales mediante la la valla baja para la inscripción y el voto preferencial, pilares del caudillismo desintegrante.
El desarme obligado de la civilidad honesta, tolerando el crecimiento de la violencia criminal es pieza inequívoca, invariablemente oculta tras leyes que llevan escondida además la cimiente de milicias lumpen fundamentalistas, como en el proyecto oficialista que se debate actualmente en el Congreso.
La captura del aparato represor del Estado y del poder electoral, y el quiebre del espinazo moral de la Policía y las fuerzas armadas publicitando su evidente infección por la corrupción, cuidándose bien de no atacarla, anuncian el tercio de muerte.
Instalada esta monarquía plebeya, en la que el nivel intelectual del caudillo es accesorio, la sucesión ¨dedocrática¨ será consanguínea (Argentina) o amical (Venezuela).
Completa el panorama la actitud vergonzante de EEUU, que aún con gruesos errores contuvo activamente o como mera amenaza el ímpetu totalitario desde los 50s. Su genuina ingenuidad para entender otras realidades ha sido infectada deliberadamente por un paralizante sentimiento de culpa que lo inhibe hasta expresar la existencia del riesgo, y lo convierte en el único actor de talla global fuera de la cancha.
Por Dardo López Dolz
4 - nov - 2014
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