Miguel Ibarra
El otro sendero de los partidos en el Perú: el populismo
La antipatía de la clase política fortalece a los líderes populistas
Los partidos políticos tuvieron su origen histórico en los denominados clubes o facciones que existían en los parlamentos europeos de mediados del siglo XVIII. La vieja lucha europea entre monárquicos y republicanos, el desarrollo de las libertades y derechos, el crecimiento de las ciudades y el fortalecimiento de los estados, permitiría a estas facciones unificar criterios, fidelizar alianzas y crear grupos en defensa de sus intereses, con el objetivo de mantenerse en el poder. Los partidos políticos nacieron sin legislación propia ni reconocimiento constitucional hasta 1900, salvo algunas normas de carácter electoral que los mencionaban, siendo hoy una pieza clave para el fortalecimiento de la institucionalidad democrática.
El desarrollo de los partidos políticos para obtener nuevas formas de acceso y administración del poder, transcurrió primigeniamente del partido de masas al partido de elites, buscando su legitimidad social a través de diversas corrientes ideológicas como el liberalismo, el socialismo, el anarquismo y el nacionalismo, las cuales fortalecieron la polarización de las clases sociales, la renuncia al estado opresor y la idea de una nación fuerte y con identidad.
Esta evolución en las formas de acceder y mantener el poder político, abrió paso en los tiempos modernos a los Catch All Party o partidos atrápalo todo, término introducido por Otto Kirchheimer en 1966, para referirse a una nueva tipología de partido que buscaba atraer al máximo número de electores y de trascender a los intereses de grupo e incluso diferencias ideológicas. A este nuevo modelo, le seguirían los partidos cártel, descritos por Katz, Richard S. y Mair, Peter, que ponen el énfasis en el privilegio del que goza el partido en las instituciones públicas.
Pero a mediados de 1967, señala Carlos Prodi en sus libro "Populismo en el Perú: Teoría, Historia y Práctica", la Escuela de Economía de Londres, identificó un nuevo fenómeno que impactaría directamente en los partidos, pero sobre todo en las democracias latinoamericanas, el populismo. Las primeras ponencias sobre populismo fueron registradas por Ionescu y Gellner en 1969. Posteriormente en 2016, Bonikowski y Gidron señalarían que existirían tres enfoques para el estudio del populismo: a) como estrategia de movilización; b) como ideología; y c) como discurso político.
Para el populismo existe una división entre dos grupos homogéneos y antagónicos: el pueblo que es honesto y virtuoso y la élite gobernante que es inmoral y corrupta. Esta batalla moral y antagónica, resalta la superioridad moral del pueblo sobre la elite. Para el populista además no existen otros populismos, él es el único y genuino representante del pueblo y lucha frontalmente contra el establishment. Los populismos tienen líderes personalistas y carismáticos, y procuran la movilización de las masas contra una élite gobernante moralmente inferior. El líder populista, además, suele ser un outsider, alguien que viene fuera del sistema político y que, como consecuencia, no está contaminado de los vicios del establishment y la partidocracia. Entra en política por la indignación moral del sufrimiento del pueblo y la traición que la élite gobernante genera. ¿Les parece conocida esta descripción?
En el Perú, más allá del algoritmo del conflicto izquierda - derecha, la crisis moral de nuestra clase política y sus elites gobernantes, han generado la antipatía del ciudadano frente a la clase política, fortaleciendo así a los líderes populistas, muchos de los cuales terminaron presos en el Perú. Nuestros partidos han olvidado que el propósito de nuestra sociedad no es fragmentarse, sino cohesionarse. Estamos en pleno conflicto en el que lo ideológico, nos tiene atrapados en el viejo y confuso eje izquierda – derecha.
Moises Nain en su libro “La venganza de los poderosos”, decía que los tres grandes males de la política actual en toda democracia son la polarización, el populismo y la posverdad. Tres síntomas de una sociedad que solo escucha lo que quiere oír, con personas a las que las redes sociales les dan lo que quiere escuchar, encerrándolos en un círculo vicioso interminable.
Sin embargo, las experiencias de los gobiernos populistas de izquierda latinoamericanos han sido un completo desastre, se convirtieron en la elite que tanto criticaron y terminaron traicionando la voluntad del pueblo de quien se irrogaban su legítima representación ética y moral.
Esperamos que este 2026, los ciudadanos sepan identificar entre líderes populistas y líderes de verdad con visión de futuro, cuya moral, ética y experiencia sean la mejor carta de presentación y no solo su odio al establishment.
















COMENTARIOS