Francisco Swett
El Juego de Los Tronos, versión siglo XXI
El trasfondo de la guerra comercial entre EE.UU. y China

Cual juego de poder, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China tiene sus orígenes en la búsqueda de la hegemonía. Si Richard Nixon cambió al mundo cuando visitó a Mao en Beijing, en 1972, Donald Trump no concibe la pérdida del sitial de liderazgo propiciado por la debilidad de Obama al decidir “liderar desde atrás”. Aun cuando a Trump se le pueden atribuir muchos defectos o errores, aquel de no tener una agenda de poder y atender los requerimientos de su gran electorado blanco, evangélico, de clase media baja y temeroso de los cambios que la demografía impone, no es uno de ellos.
Lo que empezó como una escaramuza sobre los tipos de cambio, pasó pronto a convertirse en una guerra comercial abierta. Y hoy apunta a un ataque directo contra empresas chinas que, como Huawei, constituyen, o son percibidas como, organizaciones que sirven los intereses del gobierno chino, de sus fuerzas armadas y de la nueva clase de plutócratas de la China moderna. Está en juego el dominio de la quinta generación de comunicaciones (5G), que con sus características de latencia, velocidad y densidad hará aparecer a las comunicaciones y a la transmisión de información actuales como pertenecientes a la era del telégrafo. La 5G permitirá el desarrollo de la Inteligencia Artificial, cambiando así los paradigmas no solo de la convivencia entre las personas, sino la estructura misma de los mercados laborales, la competitividad económica, el desarrollo científico y tecnológico, la vigilancia por parte de los gobiernos y el poderío militar de las naciones.
Según Trump, las administraciones que le precedieron permitieron que esto ocurra. Con su tenencia superior al trillón de dólares en bonos e instrumentos financieros, China es el mayor acreedor del Tesoro Americano. Su superávit comercial con Estados Unidos bordea los US$ 200,000 millones anuales. Huawei, específicamente, es vista como una organización que ha liderado el robo de tecnologías, negocia con el enemigo (Irán), es ya el segundo proveedor de teléfonos inteligentes a nivel global y es —al momento— dominante en el desarrollo de la tecnología 5G. Son, en la visión geopolítica del gobierno americano, razones de fondo para, jugando hardball, ponerlos en vereda a todos quienes intenten cambiar el tablero de poder. Finalmente, aun cuando la misma estrategia de juego rudo ha sido usada con Canadá, México, la Unión Europea y la OTAN, y en el rompimiento del acuerdo nuclear con Irán, el objetivo primordial sigue siendo China.
Desde el otro lado de la Muralla, la óptica tiene sus propios matices. China carece actualmente de la capacidad de producción de chips y procesadores, y sus gigantes tecnológicos dependen del sistema operativo de los americanos. Consideran que Washington hace bullying y parecen resignarse al cambio en las reglas del juego. Pueden responder a la subida de aranceles al 25% con sus propias retaliaciones y tienen la capacidad de disturbar el mercado de superconductores pues, como lo recordó sin necesidad de hablar el presidente Xi, poseen más del 80% de las reservas de minerales de “tierras raras” en el mundo. Si los chinos ganan autarquía en el manejo de sus requerimientos de alta tecnología, se habrá dado una clara señal de que el centro de gravedad de la economía global se mueve más aún hacia el Pacífico Oriental.
¿Quiénes pierden en el Juego de Tronos? La Bolsa de New York ha visto su capitalización de mercado disminuida en algo más de un trillón de dólares. Los consumidores americanos, o en su defecto algunos de entre los comerciantes, deben pagar impuestos que no existían, y ello puede redundar en presiones inflacionarias que requerirán subidas en las tasas de interés. Finalmente, se afecta la economía global, bajan los precios de los commodities, y sufren los mercados emergentes. Trump puede pensar que gana la partida ,pero abusar de las leyes de la economía no es algo que ningún poderoso puede hacer sin que esta pase la factura: ¡caveat emptor!
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