César Martín Peñaranda
Economía mundial 2017

Se proyecta un crecimiento de 3.4%, impulsado por EE.UU.
El nuevo año se vislumbra como otro turbulento, con virajes económicos y políticos, y potencialmente acarreando cambios fundamentales a escala mundial. Hemos identificado siete grandes alertas para el 2017 y en adelante que trataremos en los siguientes artículos: China y la sostenibilidad de su política económica; la era Trump, o Trumponomics; riesgos de quiebra en la zona euro; el populismo y cuestionamiento al comercio; el fin de la austeridad fiscal en el mundo desarrollado; el despertar de la inflación o reflación; y la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento para los commodity dependientes. En esta oportunidad haremos un análisis general de qué esperar para las economías desarrolladas y mundo emergente.
Según los últimos estimados del FMI, se proyecta que la economía mundial crezca 3.4% el 2017, levantando el 3.1% del pasado año, con un alza de 1.6% a 1.8% en los países desarrollados y de 4.2% a 4.6% en los mercados emergentes. El gran catalizador de los primeros será Estados Unidos (EE.UU.), creciendo 2.2% vs. 1.6% en el 2016, y apoyado por una demanda interna robusta, la recuperación en los precios de la energía y una trayectoria más clara del dólar, una vez acaecidas las elecciones. Se avecina además el factor Trump, cuyos efectos se evidenciaron ya al menos en los mercados financieros: Dow Jones al alza en más de 10%, bonos del tesoro a diez años alcanzando el 2.6% de alrededor de 1.85, y el precio del cobre rozando el 2.7 de niveles en el entorno del 2.1.
Este optimismo apuesta por una rebaja de impuestos corporativos y personales, un plan de estímulo fiscal centrado en infraestructura y la simplificación de las regulaciones a los negocios. Pensamos, sin embargo, que la elevada deuda federal, las propias limitaciones y efectos de la política fiscal propuesta (más en nuestro próximo artículo Trumponomics), así como la incertidumbre por las políticas comercial e inmigratoria, podrían potencialmente restringir e incluso eliminar los beneficios de corto plazo.
Siguiendo en el mundo desarrollado, Gran Bretaña (de 1.8% a 1.1%) y la zona euro (de 1.7% a 1.5%) contrarrestarán parcialmente a la baja el desempeño de EE.UU. El primero aún con la resaca e incertidumbre del Brexit, esperando activar en marzo el artículo 50 que formalice su salida; mientras que la segunda bajo los continuos riesgos sistémicos atados al delicado sistema bancario y la aparición de más euroescépticos en un año electoral (Holanda, Francia, Alemania, ¿Italia?). Un punto a favor en Europa, si bien controlado, es el aparente fin de la austeridad fiscal, aunada además a la extensión hasta diciembre del programa de compras de activos del BCE.
Entrando a los emergentes, China registrará la cifra más baja en 27 años (6.2% de 6.6%), en un contexto de permanente balance entre su crecimiento y la estabilidad del yuan. Dada la retórica proteccionista de Trump, focalizada en el gigante asiático, la depreciación de la moneda china podría acentuarse por el deterioro de la cuenta corriente, obligando a su autoridad monetaria a reducir la oferta doméstica de dinero en defensa del yuan, yendo en detrimento de la actividad económica. Paralelamente, China seguirá luchando contra sus debilidades estructurales: elevada deuda corporativa, sobrecapacidad industrial e ineficiencia de sus empresas estatales.
El contrapeso lo pondrán los demás BRIC. India mantendrá un crecimiento superior al 7%; así como Brasil y Rusia, que saldrán de sendas recesiones, con tasas de -3.3% y -0.8%, respectivamente, para crecer a 0.5% y 1.1%, beneficiándose del alza en el precio de los commodities y trayectorias más estables del tipo de cambio. En el caso de Brasil será fundamental su capacidad de continuar con las reformas, consolidación fiscal y liberalización de sectores, tendencia que esperemos continúe generalizándose en Latinoamérica.
Por César Martín Peñaranda
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