Francisco Swett
De palabrejas y abuso de los conceptos
La verdad detrás de ciertos lugares comunes

Hallo chocante oír o leer frases y palabras que, debido al extremo abuso, están devaluadas. Tal es el caso de “gracias a Dios”, “hasta las últimas consecuencias”, “o se hace porque se hace”, “es un hecho histórico” y “las frías cifras”. No se trata de no dar gracias a Dios. El uso en vano de la frase contraviene de alguna forma (levemente o no) el Segundo Mandamiento. Debemos presumir que Dios está muy atareado manejando los temas del universo para preocuparse de que la señora halle el par de aretes favoritos o que el ladrón agradezca haber escapado de la policía.
En cuanto a “hasta las últimas consecuencias” y “se hace porque se hace” son expresiones de finalidad y autoridad que conjuran la fuerza y el poder del mandamás de turno, razón por la cual son expresiones favorecidas en nuestra intelectualmente vacía discusión política. La prepotencia y la finalidad que evocan estas expresiones nos lleva a concluir que su uso es inversamente proporcional a la calidad de los argumentos. Las más de las veces, las “últimas consecuencias” resultan inconsecuentes. Y los resultados que observamos no son el efecto de un preordenado determinismo, sino que se originan en cadenas de causalidad que no siempre comprendemos o que, las más de las veces, son el producto de mera casualidad.
Los hechos “históricos” resultan ser cualquier evento que adule al actor o protagonista que quiere ensalzar su estación en la vida. La historia es algo más complejo que los eventos de rutina. Para merecer el título de histórico, un hecho debe rescatar circunstancias particulares poco probables, inéditas, o conllevar un cambio de paradigma social o económico. Histórica es la revolución en las comunicaciones, la inteligencia artificial, el descubrimiento del genoma humano, la llegada del hombre a la Luna; histórica es la figura de Churchill, quien ejerció el poder para preservar la existencia de la gente y sociedad que confió su supervivencia en su liderazgo. Histórico, finalmente, será el evento de hallar la vida en otros planetas.
En materia de números fríos, qué tal unos cuantos que definitivamente rompen la expresión. Una economía con alto crecimiento y presiones inflacionarias se dice que está sobrecalentada, por lo que sus números no pueden ser fríos. ¿Son “frías”, esto es privadas de sentimiento, las fechas de aniversario, de nacimiento o muerte de un ser querido? Por lo menos podemos catalogar tales cifras como números “sentimentales”. ¿Es frío el número ganador del premio mayor de la lotería? ¿O es que las dimensiones de las candidatas ganadoras en los concursos de belleza son “cifras frías”? El calentamiento global, al igual que un día soleado en el trópico (o ahora en Groenlandia, donde los trineos de nieve son ahora motos acuáticas) no denotan números fríos por ningún lado que se les mida la temperatura.
El argot y la vulgarización de frases y expresiones confunden y no ayudan a la comunicación entre las personas. Son, además, atajos que, en la era de las redes sociales, permiten denostar o simplificar hasta el absurdo temas que merecen reflexión. Si ignoramos la lógica de la causalidad elevamos el idiotismo a expresión de certeza. Permitimos que los políticos abusen de nosotros. Limitamos seriamente la imaginación, y terminamos pauperizados por desterrar la riqueza de los conceptos.
Qué tal si, entonces, concluyo esta columna afirmando que “gracias a Dios”, Él me iluminó para escribirla puesto que su contenido es “histórico” y sus conclusiones deben llevarnos hasta las “últimas consecuencias”. No puedo dejar de lado expresar que, aun cuando no cito números de ninguna temperatura, me he “afiebrado” con tantas barrabasadas.
COMENTARIOS