César Félix Sánchez
Cuerpo y cuaresma
El cuerpo está estrechamente vinculado con facultades espirituales superiores

La Sagrada Cuaresma, tiempo penitencial por excelencia del año litúrgico, comenzó este miércoles 22 de febrero. Hablar de este tema en un mundo como el actual donde reina el «bajo materialismo» puede ser bastante difícil. Por más que algunos «superados» se desgañiten queriendo convencernos de que el Occidente postfreudiano mantiene una relación más sana con lo corpóreo que el supuesto «oscurantismo» religioso tradicional, la evidencia es clara: la glotonería, el impudor y la promiscuidad, canonizados gracias a la revolución sexual y al consumismo, destruyen y degradan al cuerpo en una dimensión nunca antes vista.
Para muestra un botón: hará algunos años surgió una polémica en las redes sociales respecto del código de vestimenta de una universidad católica del interior del país. Aunque este código estaba lejos de ser estricto y ya para esa época había dejado en gran medida de cumplirse, la progresía de las redes sociales puso el grito en el cielo. Su mensaje podía resumirse en el siguiente paralogismo: «Yo puedo ir vestido a la universidad vestido de payaso y, aun así, ser un buen estudiante. Mi apariencia y vestimenta no tienen nada que ver con mi desempeño académico» y quien pensara lo contrario no pasaba de ser un cucufato acomplejado y «autoritario». Pero lo cierto es que, si bien puede existir alguien que vaya a la universidad vestido de payaso y sea un buen estudiante, lo más probable es que acabe siendo nada más que un buen payaso, en el mejor de los casos.
No es que el hábito haga al monje, si no que el hábito ayuda al monje a ser más monje, al recordarle constantemente su condición monástica y predisponerlo a cultivarla de la mejor forma a través de signos externos. Así, una vestimenta seria y austera predispondrá al estudiante al cultivo de las virtudes necesarias para las tareas académicas que, por definición, requieren de silencio interior y ausencia de estímulos sensibles intensos. Porque el cuerpo está estrechísimamente vinculado con facultades espirituales superiores como la inteligencia y la voluntad. Más aún, el cuerpo es el vehículo con el que el alma cultiva las virtudes y vive los valores.
El nihilismo antropolátrico contemporáneo considera, al igual que los viejos albigenses, que el cuerpo y el alma se encuentran separados. Por querer «revalorarlo», acaba convirtiendo al cuerpo en una suerte de bolsa de basura descartable, que puede ser abusado, maltratado y desquiciado de todas las maneras posibles, siempre y cuando, claro está, se cumpla con los dogmas utilitarios del «libre consentimiento» y la «autonomía». ¿Y así habrá quien se sorprenda del aumento exponencial de las enfermedades mentales y del suicidio en el Occidente moderno actual?
Parece que hay algunas voces que se elevan en esta resaca de las «libertades» y ven en el ayuno y en la penitencia, no esa oblación grata a Dios que eleva el espíritu y que es lo más excelso en estas prácticas, si no, al menos, una dimensión terapéutica fundamental que puede literalmente salvar la vida de los que las ejercitan. En un próximo artículo revisaremos conceptos como la autofagia, la desintoxicación de dopamina y la hormesis provocada por la adversidad física percibida, que otrora eran practicadas por los pueblos cristianos durante estos días y que han sido redescubiertas como físicamente beneficiosas por los científicos. Otra prueba más de que los que supuestamente «odiaban al cuerpo» en verdad lo protegían y que los que lo «liberan» en verdad lo matan.
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