Cecilia Bákula
Cuando las formas son más que importantes
La propuesta de diálogo de Olaechea

Hace ya unos días que presenciamos una especie de duelo de ping pong entre el presidente de la República y el presidente del Congreso Un duelo que debería estar destinado a cerrar las brechas y lograr tender el ansiado puente para que el diálogo permita el indispensable acercamiento, sincero y responsable entre ambos poderes, dejando de lado ciertas formas poco protocolares.
Como quien toma conciencia de que las formas y las maneras son expresión de voluntades y conductas, ayer hemos sabido que el presidente del Congreso, Pedro Olaechea Álvarez Calderón, ha hecho llegar una carta formal y respetuosa al presidente, en la que le solicita se le conceda una cita para dialogar sin intermediarios. Un gesto de educación, caballerosidad y respeto, pero que no está exento de firmeza y posicionamiento de su condición de cabeza del Poder Legislativo. Lamentablemente frente a ello, solo a través de un tuit nuestro circunstancial mandatario responde indirecta y evasivamente, desconociendo la jerarquía del presidente de un poder del Estado, indicándole que “puede” asistir a una reunión ya convocada, con otra agenda y otros asistentes.
No puedo dejar de reconocer que, hoy por hoy, los sistemas digitales son medios de comunicación comunes y casi necesarios. Pero de allí a que el mandatario o las autoridades asuman que un tuit es la mejor forma de comunicarse, y que con solo escribir un grupo de palabras la población debe darse por enterada de acciones que implican formas, fondos y realidades, hay una gran distancia.
Muchos analistas lo han señalado ya: el diálogo es ahora, y más que nunca, indispensable. Si quien ahora habita la Casa de Pizarro se desplaza al interior del país, como seguramente corresponde, a dialogar con quienes gustan de tener al país paralizado, alientan el desorden y se oponen a las leyes y el futuro (y se da tiempo para visitas de representación en actos más bien protocolares y de visibilidad personal, ¿cómo no va a ajustar su agenda, por más recargada que esté, para dialogar con quien le extiende la mano para que sea el Perú el triunfador, para que sea la razón la que prime y sea el intercambio de ideas maduramente sopesadas las que conduzcan a buen fin?
Es este diálogo no hay ganador ni perdedor, no hay imposición ni sometimiento; debe haber madurez para que sean el Perú, el futuro y el bienestar los grandes triunfadores. Si esto no puede ser comprendido y asumido, si son los pequeños deseos personales, los grandes miedos internos y la incapacidad para enfrentar a unas ideas impuestas por otros, entonces la situación es realmente grave y la incapacidad para ejercer el gobierno se presenta palpable.
Los políticos y quienes ostentan cargos de responsabilidad no tienen que ser amigos, no tienen que pensar igual, pero si tienen la obligación de conversar, dialogar y concertar. Cabe, sin duda, recordar la gesta política de muchos grandes que ya nos dejaron. Me refiero a la emblemática figura de Ramiro Prialé quien acuñó esa extraordinaria sentencia de “conversar no es pactar”, cuando de verdad se cernían tiempos muy aciagos sobre el horizonte nacional y en un gesto de grandeza y habilidad política, cuando todo hacía pensar que el APRA, del que él era el secretario general, estaba en su última hora, supo dialogar y lograr un acercamiento en favor del país.
Dialogar nunca es claudicar. Conversar es un acto de inteligentes Y entre políticos, si bien los hay con pocas luces conductuales, sí podemos hacer un heroico esfuerzo para que un lúcido Olaechea pueda hacer ver a un temeroso Vizcarra (quien seguramente se arrebata con que se tenga esta percepción que él se ha labrado) que las posturas y visiones unilaterales solo conducen a callejones oscuros y que, frente a las múltiples necesidades no atendidas de los peruanos, frente al grito del desarrollo y la prosperidad que nos parecen esquivas, una salida de consenso, una solución de justo medio y por demás posible, los hará pasar a la historia como quienes pudieron deponer y ceder en beneficio de los 32 millones que ahora somos.
Si se logra un acuerdo maduro y de confianza mutua entre los poderes del Estado, si no se usan medidas arteras ni se involucra tendenciosamente a algunos medios de comunicación, claro que se podrá superar esta situación que no es más que una seria “crisis política”, un enfrentamiento innecesario entre poderes del Estado y una pugna que perjudica a todos.
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