Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

Cuando…

Reflexiones en torno a la educación en el Perú

Cuando…
Eduardo Zapata
15 de February del 2018

 

Cuando veo una realidad política y social que nos consterna y avergüenza día a día más y más, pienso en la educación.

Cuando veo que la rabia y la impotencia propician en la gente comprensibles respuestas primarias e instintivas, pienso en la educación.

Cuando constato dolorosamente que —a través de marchas, reclamos y declaraciones— se reduce la corrupción a las malas artes en la política y la economía, olvidando aquellas en las que incurrimos nosotros cotidianamente. Cuando la palabra corrupción la trasladamos, entonces, siempre al “otro” y nunca a nuestro quehacer y responsabilidad.

Cuando veo políticos, “líderes de opinión” y empresarios declarando y actuando con soberbia y suficiencia, aun cuando son hijos de una educación colapsada hace más de cuarenta años.

Cuando veo que 120,000 maestros postulan a un examen y solo aprueban 10,000, a pesar de que fueron “capacitados”, pero por muchos de quienes se nutrieron ya de una educación fracasada.

Cuando veo que una universidad separa a sus autoridades —rectores, decanos, directores de carrera y aun muchos profesores a tiempo completo— en una torre de marfil y alejados de sus estudiantes.

Cuando observo profesores que corren detrás de una maestría facilista en no importa qué, simplemente para satisfacer una exigencia finalmente fútil.

Cuando constato, en fin, que una burocracia estatal culturalmente inepta pretende normar la vida universitaria y decidir el destino de miles de jóvenes, a pesar de ser funcionarios herederos de una educación que precisamente se pretende cambiar.

Cuando constato todo esto, creo firmemente en que ha llegado la hora de un sinceramiento educativo, social y cultural inevitable.

Desregulemos la vida de las universidades, eliminemos los títulos a nombre de la nación, fortalezcamos cuatro o cinco universidades públicas en base a la meritocracia y a concursos abiertos a profesores extranjeros, posibilitemos convenios con universidades de prestigio. Y aquellas universidades que quieran acreditarse que lo hagan con instituciones internacionales serias, para evitar que se forme —como en la construcción— un posible “club de las acreditadoras”. Recuperemos la universidad.

Y, por favor, eliminemos la hipocresía de las universidades “sin fines de lucro”. Suena bonito, pero sabemos que en ellas las utilidades que “no existen por ley” sirven para pagar prebendas y mantener grupos de poder. Con el escudo del “buenismo” y el desprecio al “nefasto lucro”.

Mientras tanto, señor ministro de Educación, reforme de veras y de raíz la educación escolar. Una educación para nuestros tiempos, no para el ayer deseado por muchos que se dicen pedagogos. Una educación que no diga groseramente que es “para el trabajo”, sino para la felicidad de los alumnos en un mundo nuevo. Que no excluye, por supuesto, el desarrollo de competencias y habilidades para un trabajo elegido a partir del disfrute del conocimiento.

 

Eduardo Zapata
15 de February del 2018

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