Cesar Peñaranda
Covid-19: estrategia y riesgos del retorno a la normalidad
Garantizar que no afecte el proceso de contención del virus

Por las cifras al alza respecto de la contención del Covid-19 la cuarentena ha sido extendida dos semanas, hasta el 10 de mayo, pero con el añadido en este caso que previamente el 4 se iniciaría un proceso progresivo de apertura de actividades para ciertas empresas de determinados sectores o subsectores. En este escenario surge la pregunta central que se harán los empresarios de cuáles serán las escogidas, pues todos sin duda querrán estar en esa lista. Esto último determinará, por parte del sector empresarial, la preparación de diversas opciones de cómo estructurar y ejecutar la apertura, dado que con legítima aspiración querrán ser las escogidas.
Por cierto el Ejecutivo tendrá al final que definirlo sobre la base de una determinada metodología y criterios o indicadores, que entendemos que han sido elaborados y que serán puestos a consideración de una comisión integrada por tres representantes del Ejecutivo y presidida por el del MEF, además de integrada también por un representante de los gobiernos regionales, del Colegio Médico, del sector privado (empresarios), trabajadores, universidades y prensa peruana. Sin duda una conformación muy peculiar. La responsabilidad de esta comisión se torna muy delicada y deberá tomar sus decisiones con total independencia y con criterios eminentemente técnicos y objetivos, con la mínima discrecionalidad, pues las presiones de todo tipo que vendrán de diferentes frentes serán muy fuertes para estar presente en la lista.
Por ello, en nuestra opinión lo que debe primar, lo relevante, lo que tiene que estar muy presente para precisar qué empresas deben figurar en este primer grupo que ingresaría a operar es garantizar al máximo posible que no afecte el proceso de contención del Covid-19. El resultado que esperamos del enorme esfuerzo que todos hemos realizado y que está teniendo un altísimo costo económico es vencer al Covid-19 en el menor tiempo posible con el menor número de fallecidos y costo social factible. Ello determina que el principal indicador para en un primer momento separar qué empresas califican y cuáles no debe ser de carácter sanitario y ello nos lleva a aplicar la tasa básica de reproducción, conocida como la tasa Ro, que es la relación entre la tasa de contagio y la de recuperación y que se busca esté por debajo de 1; en términos simples el promedio del número de contactos y la probabilidad de contagio que tendrá cada trabajador por día en determinada unidad productiva.
Las empresas con un Ro menor a uno califican y las mayores no. Solo después de agrupar a las empresas según este indicador entrarán a tallar indicadores de carácter económico y de otro corte, no antes, en el caso de que se quiera reducir el número de empresas seleccionadas para iniciar este proceso. No tiene ningún sentido permitir el ingreso de una empresa que, por ejemplo, aporta mucho en impuestos, divisas y mano de obra, si tiene un Ro por encima de 1, será negativo para la lucha contra el coronavirus. Tener presente que el sistema de salud enfrenta serias dificultades para atender esta enfermedad, está próximo o al borde del colapso.
Empero, lamentablemente el problema no culmina con lo señalado pues por las características del servicio público de nuestro país se presentan otras dificultades para cerrar la primera lista. Concretamente es el medio de transporte público que no ofrece las condiciones apropiadas para aplicar, como corresponde, el requerimiento de la distancia social. Tendrá que diseñarse un esquema especial de aforo y control en las diversas modalidades de transporte público a utilizar, a la par con explorar la viabilidad que las empresas seleccionadas utilicen movilidad propia, siempre siguiendo pautas mínimas que aseguren el cumplimiento de la distancia social. Además, habrá que preparar protocolos sanitarios que tendrán que cumplir estrictamente las empresas al interior de las mismas.
Actualmente están operando empresas calificadas como indispensables para la coyuntura, al margen de precisar su Ro, que pertenecen a diversos sectores económicos que tienen distinta ponderación en el cálculo del PIB y que incluso podrían ampliar o intensificar su actividad. Es el caso del rubro de alimentos, servicios financieros y de aquellas vinculadas a los servicios públicos como luz, agua y telefonía. Empero, sectores muy relevantes por su ponderación en el PIB no están en funcionamiento o lo hacen de manera muy limitada dependiendo del rubro específico tales como minería e hidrocarburos (con un peso en el PIB de 14.4%), manufactura (16.5%), construcción (5.1%), comercio (10.2%) y la mayoría de los integrantes del sector servicios (37.1%). Este último conformado por transporte, almacenamiento, correo y mensajería (4.97%); alojamiento y restaurantes (2.56%); telecomunicaciones y otros servicios de información (2.66%); finanzas y seguros (3.22%); servicios prestados a terceros (4.24%); administración pública, defensa y otros (4.29%); y, otros servicios, donde destacan servicios inmobiliarios y servicios personales (14.89%).
Dependiendo como resulte el Ro de las empresas de algunos de estos sectores podrán activarse a partir del 4 de mayo, mientras otras tendrán que esperar que evolucione favorablemente la contención del Covid-19 a la par con diseñar procesos o realizar ajustes que les permita reducir su tasa Ro. El impacto económico ha sido muy severo, que calculamos con la extensión de la cuarentena y el esquema y tiempo que tome el necesario ingreso progresivo de las actividades productivas generará un decrecimiento del PIB en el entorno del 10%. Por ello nuestro llamado, desde el inicio, a que sin perjuicio de las políticas macro que son horizontales y van al encuentro en lo sustantivo a un problema de liquidez, correspondía diseñar políticas micro, pues los sectores enfrentan realidades y dificultades distintas, a fin de disponerlos adecuadamente a retomar sus actividades tan pronto se levante la cuarentena.
Que sepamos se ha avanzado muy poco en esta dirección y queda la duda en cuanto a cómo operarán las que inicien actividades el 4 de mayo; no obstante, aún hay tiempo para ir en esta dirección en favor de las que están en lista de espera. Insistía también en la necesidad de examinar cómo se vislumbra la situación económica hacia fin de año para desde ya preparar un programa con visión de mediano-largo plazo, en línea con lo que alguien hace unos días recordó que expresó el gran politólogo Henry Kissinger “gestionar la crisis al mismo tiempo que se construye el futuro”.
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