Carlos Rivera

Conspiración carmesí con recutecu chotano

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Conspiración carmesí con recutecu chotano
Carlos Rivera
23 de septiembre del 2022


A las tres de la madrugada del martes 30 de agosto un importante diario limeño compartió la fatal noticia que se recogía de Palacio de Gobierno. Pedro Castillo, en un repentino ataque de furia atacó a su propio cocinero, Juan Pérez Concha quien estaba presto a revelar una coima del presidente y negociaba en secreto un posible acuerdo con la Fiscalía para salvarse de una condena de cárcel. En un forcejeo brutal el chotano sacó un machete (que le habían regalado los ronderos cajamarquinos en uno de sus tantos periplos ofreciéndoles de todo) y fue contra el cuerpo del infortunado, quien cayó al suelo inundando con su sangre los impecables azulejos del salón Túpac Amaru (donde las malas lenguas dicen que “Richard Swing” bailaba como Rafaella Carrá con el innombrable expresidente lagarto).

La escena no revelaba ningún elemento incaico sino parecía un crimen tramado por la mente de Robert Rodríguez y de su venerado opus Machete Kills. Una fuente informativa de izquierda de inmediato calificó el hecho como “extraño incidente que acabó en tragedia”. A los pocos minutos la noticia ocupaba todas las redes sociales y algunos creativos tramaban memes para expandir la nota desde sus posturas ideológicas. Benji Espinoza y Eduardo Pachas fueron convocados de inmediato. El primero ya se creía Aristóteles y el otro ensayaba una postura entre Tulio Loza y Saul Goodman.

La Fiscalía y sus peritos se hicieron presente, rodearon el palacio mientras realizaban sus diligencias respectivas. Afuera, los enjambres de los medios pugnaban por averiguar todos los detalles del crimen. Aparecieron como moscas miles de personas en los alrededores de la Casa de Pizarro arengando la inocencia de Castillo y culpaban a la defenestrada ex fiscal de la nación Patricia Benavides en su alianza con la prensa mermelera y golpista.

Castillo fue conducido bajo un fuerte contingente de seguridad e introducido en un carro especial para brindar sus declaraciones por lo sucedido. Los reporteros de un canal de televisión de oposición prepararon notas sobre la familia y los huérfanos que dejaba el occiso. Se reconstruyó toda su historia de cómo llegó desde Chota este manso cocinero y se ganó la confianza del presidente para que injustamente cayera muerto, un año después, cumpliendo su deber ante un falso héroe de la república.

Antes de que los gallos canten entrevistaron a Sigrid Bazán quien se mostró cauta y confiada de que Castillo respondería por los hechos, pero eso aún no ameritaba su renuncia. Como una apasionada Agatha Christie dejó entrever que podía tratarse de una conspiración de la derecha golpista. “¡Queremos pruebas!” gritaba mientras huía por una de las puertas del Congreso. En la Plaza San Martín, el ideólogo Anka convocó a cuatro gatos preparándose para el contraataque de la derecha golpista. “Tito Wanka” (Edison Félix Tito Peralta) ensayó una perspicaz teoría a lo Hércules Poirot para culpar al cocinero de su propia muerte, al agotar la paciencia de Castillo y vender su alma como el traidor Felipillo, quien nos entregó a las manos del maldito imperio español.

Verónika Mendoza, Marissa Glave e Indira Huillca compartieron un tuit de emergencia, en el que pedían que se investiguen los hechos sin cálculo político, y que era muy sospechoso que el escolta del presidente lo haya intentado chantajear. Diego Trelles Paz escribía sobre lo sospechoso de esta noticia, justo cuando Castillo se preparaba para sanear la economía y prometía encaminar la refinería de Talara en beneficio de todos los peruanos. Y más abajo, a manera de posdata, escribió: “Congreso corrupto”. Compartían el mismo rictus de sorprendidos con Marco Sifuentes.

Glatzer Tuesta a nombre del IDL escribió en su muro de facebook que este crimen no debiera detener la lucha contra la corrupción, y se reafirmaba como un apóstol de la verdad remarcando un “caiga quien caiga”. Un sociólogo agustino seguía pidiendo cerrar el parlamento o “jalarle la cadena” y acabar con esta nueva patraña de la derecha que nos gobernó por 200 años. Sinesio López seguía con su discurso contra la oligarquía y antimperialista, y con su titánica lucha desde la academia en  favor de los marginados; pero  su Facebook mostraba sus fotos desde la quinta avenida en Manhattan saboreando las delicias del imperio yanqui.

“Los niños” seguían negando ser asalariados del régimen y anunciaban denuncias penales contra Beto Ortiz por burlarse de sus tristes caras de pillos. “Es racismo”, “Que culpa tenemos de ser feos”, gritaban ante la prensa. La red de medios digitales que aglutina a los medios izquierdistas que se dicen objetivos, pero que quisieran que los  Fujimori ardan como brochetas y nos libren de sus presencias, convocaron a sus analistas (también zurdos) a consensuar de manera casi científica que toda la culpa la tiene el Congreso golpista  y Keiko y con ella estaríamos peor como presidenta.

A pesar del muerto, algunos fanáticos seguían pidiendo pruebas. Días después, Castillo confesó su crimen. Adujo un ataque de pánico, como si todos los diablos se le hubieran metido al cuerpo. Confesó que las anteriores acusaciones fiscales tenían base verídica. En efecto además de un infeliz era un pillo que quiso engañarnos a todos.

La izquierda peruana (arrogante, inculta y huachafita) ensayó el fantástico argumento de que existen sospechas fuertes que ese Pedro Castillo que confesaba todos sus crímenes en realidad podía tratarse de un doble o algún imitador de esos programas cómicos que salen en la televisión basura y prestaron su arte para que la derecha cumpla su vendetta porque un profesor, campesino, rondero, cholo power, metrosexual y casi tan milagroso como la uña de gato llegó a provocar urticaria a la derecha oligárquica. Susel Paredes declaró que el presidente parece haber sido torturado y amenazado para expresar lo que dijo y proteger a su familia, inmolándose como un borreguito para el holocausto.  La derecha es capaz de todo, soltó casi al despedirse ante el micrófono de un reportero que le robó esa frase.

Se anuncia la primavera y los árboles felices parecen cantar con los pajarillos en sus brazos, mientras una periodista peruana sigue dando cursos sobre fake news a pesar de habernos “noticiado” tantos malos cuentos desde El País. Una bella periodista de televisión anuncia la primera entrevista a Antauro Humala, los poetas arequipeños antifujimoristas prometieron leer filosofía y política para no opinar sandeces, como era su costumbre. Nicola Porcella vuelve a Esto es Guerra y Peter regresa con fuerza a la casa de los Maldini. Perú de tristes gentes y sin memoria, donde no sabemos qué hacer con ese sujeto (ahora asesino confeso) que sigue siendo presidente. Y yo, una vez más, estoy enamorado de mi país,  como Eva Ayllón. 

Carlos Rivera
23 de septiembre del 2022

NOTICIAS RELACIONADAS >

Memorias de la mezquindad

Columnas

Memorias de la mezquindad

  “Escribir no es un pasatiempo, un deporte.Es una servidu...

31 de marzo
El señor de las historias

Columnas

El señor de las historias

Ryoki Inoue es un cirujano brasileño de 62 años que oste...

10 de marzo
La rumba del cronista

Columnas

La rumba del cronista

La historia de mi segundo intento por concluir la carrera profesional ...

11 de febrero

COMENTARIOS