Aldo Llanos
Cómo ser generación Z, destruir un país y creerse maravilloso
Cuando nada es verdadero, todo está permitido

¡Buenas tardes, amigues! Chicos, chicas y chiques, poetas interseccionales radicales de Internet y luchadores por la justicia social comprometidos con el feminismo (pero no con el feminismo TERF ni con las mujeres conservadoras, y menos con las que profesan fe alguna). Hoy vengo a ofrecerles una receta infalible para destruir un país y (encima) ¡creernos maravillosos! Solo añadan un poquito de estos ingredientes en una mente abierta, a punto de caerse del cerebro, y tendrán un auspicioso resultado. Avancemos, army políticamente correcta, ¡hasta la victoria final!
Primero, polaricemos las redes demostrando a todos los fachos que somos mejores personas que ellos. Organicemos protestas pacíficas armadas que si se vuelven violentas, siempre será por culpa de las autoridades. Si no, recuerden a Carlos Ezeta lanzándole un puñete al entonces congresista Ricardo Burga y a las juveniles almas puras que le lanzaron el cono en la cabeza al ex congresista Tubino. ¿Ven cómo esos ancianos incitan a la violencia?
Además, nuestros muertos siempre valdrán el doble y nuestros aliados en redes sociales se encargarán de eso. Y hasta altares profanos para la particular devoción serán armados. Nada mejor para la unidad de pensamiento que resaltar las muertes de los nuestros y obviar las del resto.
Segundo, ridiculicemos a nuestros mayores que reclaman por la estabilidad económica y social. ¡Ellos no saben nada! Son unos retrógrados sin sentimientos porque jamás pondrán un listón negro en sus perfiles, una banderita del país de turno ni una banderita del arcoíris en junio. Hasta hay que reeducarlos para que comprendan lo evidente: Vizcarra es un héroe, hay mujeres con pene y basta con aprobar un proyecto de ley (que ya existe) para parar la inflación.
Tercero, en vez de pedir la vacancia, inundemos las redes con pedidos a los congresistas para que se dediquen a la verdadera causa de estos males: el patriarcado. Cerremos filas junto al recuerdo de Farid Matuk y su sapientísima medida de separar los días de compras para varones y mujeres. Total, solo existen dos tipos de varones, los machistas y los potencialmente machistas.
Cuarto, dediquémonos a nuestros placeres inmediatos y luchemos por convertirlos en ley, mientras miles de vacunas están por vencerse, el alza de precios sigue imparable y las mypes siguen ahogándose. Naveguemos dichosos en la realidad virtual mientras virtualizamos la realidad de los peruanos; porque, como dijo Nietzche, “cuando nada es verdadero, todo está permitido”
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