Miguel A. Rodriguez Mackay
Chile reacciona
Una respuesta electoral que la ultraizquierda no previó

Los resultados, casi al 100%, de las elecciones presidenciales en Chile han confirmado no solo el primer lugar para el candidato J. Kast de la ultraderecha de este país, que disputará con el izquierdista, también extremo, Gabriel Boric, quién será el próximo presidente de Chile para el período 2022-2005, sino que muestra un espejo político para los sureños distinto al de los últimos dos años, en que todo hacía presagiar que el país se iba hacia es despeñadero.
La democracia, al tiempo que es imperfecta pues no siempre la mayoría tiene la razón, también da las chances para la rectificación ciudadana. No lo creo que sea porque se trate de una victoria parcial en primera vuelta de la derecha ante la izquierda chilena porque lo sea de izquierda, sino por los profundos temores sociales y económicos que comenzaron a tomar forma en todo Chile donde todo lo que se ha construido y que incluye a los gobiernos democráticos de izquierda posteriores a la dictadura del régimen de Augusto Pinochet Ugarte.
Nadie en su sano juicio en el vecindario sudamericano sensatamente podría desconocer que Chile cogió ritmo a fines de los años ochenta y todo los noventa y la primera década del siglo XXI, principalmente, para erigirse como uno de los Estados más compactos en su desarrollo nacional, volviéndose la sana envidia en la subregión; sin embargo, los últimos dos años han sido realmente nefastos para Chile y debo reconocer que a pesar de que el anarquismo quería crear las condiciones para tirarse abajo a un sistema político muy bien constituido con su democracia por delante, el país no se ha dejado y lo ha hecho de la mano de su presidente, Sebastián Piñera -no es santo de mi devoción- que se ha mostrado firme, primero para lo más importante en el realismo político chileno: mantenerse en el poder pues lo quisieron sacar del Palacio de La Moneda en todo momento al promover una sociedad nacional convulsa con protestas diarias, buscando que por cansancio el mandatario conservador termine cediendo a las cuestas comunistas y anarquistas que por medio de la desestabilización con violencia como método, querían desesperadamente que se creen las condiciones para la toma del poder político. Sin que nada esté dicho aún, debo decir que estuvieron cerca. La circunstancia real de que Chile es un país dividido ha jugado en favor del anarquismo y extremismo para conseguir la realización de un plebiscito nacional en 2020 que logró aprobar que la Constitución de 1980, no vaya más.
Está claro que la pandemia ha coadyuvado a crear una psicología colectiva del hartazgo como nunca se ha visto en Chile y en otras partes de la región. La desilusión social es grande y entonces nadie cree en los políticos del agua tibia, aquellos que no se definen y que no son claros en sus mensajes. El momento de la pandemia le ha dado duro a los caviares en Chile y en otros de Sudamérica. Mirando el Perú, que es lo más cerca de mis narices que cuento para mi análisis, la caviarada de nuestro país ha saltado hasta el techo por no contar con una cuota en el gobierno del presidente de la República, Pedro Castillo.
Una sensación de miedo colectivo porque Chile realmente se pierda ha promovido una reacción social que la ultraizquierda de este país no creyó hasta hace pocos meses apenas instalada la Convención Constitucional que tiene por consigna el cambio del modelo económico en el país, lo que sería una completa catástrofe para un país al que realmente le costó y mucho alcanzar posiciones realmente impresionantes en su medición del desarrollo.
Si miramos matemáticamente los resultados de la recientísima primera vuelta en Chile podríamos inferir que para la segunda que será el domingo 19 de diciembre, la derecha chilena obtendría una victoria lo que sería la continuación, grosso modo, de una apuesta económico social que le estaba dando resultados a Chile, a pesar del 6% de inflación que está experimentando como no había registro hasta hace una década. En efecto, los votos de José Antonio Kast, que son 28,01%, los del liberal Francisco Parisi que llegan al 12,95% y los del oficialista Sebastián Sichel que son el 12,64% de los votos, sumarían para la segunda vuelta 53,60%, mientras que la izquierda obtendría 37,35% de la suma de los votos del izquierdista radical Gabriel Boric y de la centroderechista Yasna Provoste, de las canteras del partido de la expresidenta Michelle Bachelet. Es verdad que las segundas vueltas electorales jamás deben mirarse de esa sola manera, pero también lo es que las matemáticas, una vez contagiadas de la política exigirán el rostro de la suma que acabamos de realizar o una tendencia parecida, salvo que suceda una verdadera circunstancia atípica asociada a los candidatos en términos personales o de que a partir de ahora se construyan nuevas alianzas, como estoy seguro será lo que pase mirando al balotaje definitivo de diciembre.
Lo cierto es que el Foro de Sao Paulo, laboratorio de las estrategias para alterar el statu quo de normalidad en Chile y en nuestra región al querer sembrar las condiciones para que en nuestros países se impongan sociedades anarquizadas, debe estar sumamente preocupado por el resultado preliminar en Chile, y seguramente buscarán activar sus métodos ya conocidos de convulsión, para volver a crear el contexto de enfrentamientos sociales, que le ha dado ciertos resultados en algunos países. Los resultados de Ecuador en julio de este año que puso en la primera magistratura del país al banquero Guillermo Lasso que revirtió su segundo lugar en la primera vuelta al candidato del correísmo, sumados a los recientes en toda Argentina que le ha arrebatado espacios al gobierno de Alberto Fernández, y esta primera vuelta en Chile, son anuncios de que las cosas podrían comenzar a cambiar para una región como la nuestra que más allá de contar con gobiernos de derecha o de izquierda, lo que no quieren los pueblos es caer en manos de regímenes aprovechados, imprevistos e irresponsables que nadie se merece.
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