Berit Knudsen

Finlandización como neutralidad forzada

La paz subordinada como forma de alcanzar el equilibrio geopolítico

Finlandización como neutralidad forzada
Berit Knudsen
03 de abril del 2025


El concepto de
finlandización regresa al vocabulario geopolítico describiendo una preocupante realidad: el resurgimiento de zonas grises de soberanía, con Estados que dejan de ser plenamente libres por temor o presiones de grandes potencias. 

Tras resistir dos invasiones soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial, una Finlandia aislada con grandes pérdidas territoriales firmó en 1948 un tratado en condiciones desiguales con Moscú para conservar su independencia institucional y sistema democrático. La Guerra de Invierno (1939) y la Guerra de Continuación (1941-1944) forzó un duro acuerdo: renunciar a integrarse a alianzas occidentales, mantener una postura exterior alineada con los intereses soviéticos, comprometiéndose a evitar expresiones anticomunistas. Así nació la finlandización: neutralidad impuesta desde el exterior, con autonomía interna, exigiendo sumisión geopolítica sin ocupación militar, pero subordinados estratégicamente.

El modelo resurge con presiones de Rusia hacia Ucrania, extendiéndose a lo que Moscú considera su “extranjero cercano”: Moldavia, Georgia e incluso los Estados bálticos. Según esta lógica, si un país pequeño desea existir sin amenazas, debe ceder parte de sus libertades estratégicas aceptando condiciones y renuncias como ingresar en la OTAN o tratados con Occidente.

Pero esta lógica no es exclusivamente rusa. Potencias como Estados Unidos replican prácticas similares en su entorno regional, imponiendo presiones diplomáticas, condicionamientos económicos o amenazas indirectas a países como Canadá o Panamá. En estos casos, la finlandización opera como herramienta sistémica: gestionar la paz a través de la sumisión, sin ocupaciones ni invasiones.

La implicancia del modelo es debilitar el marco normativo internacional de 1945 que buscaba, al menos en principio, limitar la injerencia y uso arbitrario del poder. Aunque la soberanía ha sido violada repetidamente, el consenso funciona como límite, aspiración y referente. La finlandización reinstala las esferas de influencia, normalizando la idea de que los fuertes tienen derecho a condicionar la soberanía de los vulnerables.

El caso ucraniano muestra la resistencia a una subordinación permanente, con la neutralidad forzada que pretende imponer Moscú. Transforman su lucha en símbolo del derecho a elegir, con el respaldo europeo a la resistencia como defensa de la soberanía plena.

Paradójicamente, la invasión a Ucrania llevó a Finlandia y Suecia, históricamente neutrales, a ingresar a la OTAN. Así, los intentos de Moscú por congelar el avance occidental lo aceleraron. El proceso muestra que los mecanismos y alianzas de seguridad podrían evitar que países pequeños resulten atrapados por las presiones de sumisión.

A nivel global, reducir la política exterior a cálculos de costo-beneficio debilita compromisos multilaterales, alentando un orden jerárquico donde los Estados vulnerables son presionados a aceptar condiciones impuestas. La geopolítica se debate entre dos visiones: una que defiende la soberanía como principio universal, promoviendo alianzas voluntarias basadas en normas; otra, que consagra la fuerza como base de legitimidad, reordenando al mundo según el tamaño, vecindad o fragilidad de los Estados.

La finlandización, promovida por Moscú o tolerada en otras capitales, es una amenaza que busca normalizar la paz subordinada como forma de equilibrio geopolítico. Su aplicación, con negociaciones promovidas por Estados Unidos, no debería consolidar el modelo obligando a Ucrania a renunciar a su autonomía como condición para la paz.

Por el contrario, si Ucrania preserva su soberanía sin someterse a una subordinación estratégica podría sentar un precedente, marcando límites a esta práctica, reforzando la idea de que el poder no debe imponerse sobre el derecho. Lo que está en juego no es el futuro de un país, sino la defensa del principio según el cual los pueblos tienen derecho a determinar su destino, sin pedir permiso a nadie, en el marco de la legalidad, democracia y derechos humanos.

Berit Knudsen
03 de abril del 2025

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