Heriberto Bustos

La pelota de cuero

Quien tiene un partido determina quiénes y en qué elecciones participan

La pelota de cuero
Heriberto Bustos
03 de abril del 2025


Recuerdo que cuando pequeño, poseer una pelota de cuero, era detentar el poder sobre la diversión o entretenimiento de todos los chiquillos del barrio, pues el dueño, determinaba no solo las circunstancias, sino las reglas de juego, dicho de otro modo, era el amo y señor de los momentos de ocio fuera de la escuela. Al ostentar la autoridad, escogía quienes jugaban en su equipo y en el otro; por lo general se alineaba con los que mejor lo hacían tratando de asegurar su éxito de ese preciado momento. Sin embargo, en circunstancias de posible derrota de su equipo, no dudaba en recoger su pelota y marcharse rumbo a casa; si bien surgían protestas, estas no pasaban de tímidos y cuidadosos improperios, pues, como era de esperar no faltaban sus ayayeros o “felpudines” que alcanzaban la información, resultando algunos, excluidos de los siguientes juegos, hecho de por sí doloroso.

La rebeldía frente a estos actos –al estar asentados los valores inculcados por nuestros padres– era común; “derrocar” al poseedor de ese instrumento, significaba poseer algo colectivo. Ante la dificultad de adquirir en el mercado, nos dirigíamos al camal, esperando la oportunidad de degüello de algún cerdo para rogar al carnicero nos obsequie la vejiga de este preciado animal y tras conseguirlo, recurrir a nuestros aún débiles pulmones a fin de inflarlo hasta su máximo volumen. Con este nuevo trofeo se convocaba a competir, invitando incluso al odiado poseedor de la pelota de cuero; cierto es que la pobre vejiga no duraba demasiado y como dice el chavo, volvíamos “sin querer queriendo” a caer en los brazos de un dictadorcillo en potencia; pero estábamos aprendiendo a no ser oprimidos.

Ahora, en estos tiempos modernos, el barrio se ha extendido a un escenario de carácter nacional, pero al igual que las prácticas de socialización de antaño, el espacio que vivimos nos invita a participar en el recreo de la vida, donde se juega los destinos de la patria y el instrumento de participación ya no es la pelota de cuero, ahora lo constituyen los partidos políticos. Para quienes tienen inclinación por participar en la política formal, salvo honrosas y respetables excepciones, contar con un partido o movimiento político resulta necesario e imprescindible y por tanto hay que crearlo, siendo la condición básica en primer término tener dinero, pues la vocación por servirse del país les es intrínseco. Por lo general, quien tiene un partido convoca a sus adeptos, determina quiénes, en qué o para qué participan, obteniendo ventajas a cambio de un beneficio personal; no siendo extraño el cobro de cupos para aspirar a ciertos cargos públicos. Pareciera que de poseer la pelota de cuero a tener un partido político constituyera una constante de manejo arbitrario para poseer o acceder al poder.

Convocada las elecciones generales para el cambio de gobierno y del Congreso, tenemos en la línea de partida, a más de medio centenar de organizaciones; lidiar con ellos para decidir a quién otorgar nuestra confianza nos lleva en primer lugar a identificar los principales problemas que aquejan al país; en segundo término, a tener claridad sobre las salidas o soluciones, en tercer lugar, conocer a las organizaciones en cuanto a su relación con la ética y ciertamente el compromiso real con el país; finalmente demostrar celosa vigilancia al comportamiento de las instancias encargadas de velar por la justeza de la voluntad popular. Cuestiones nada fáciles, pero necesarias, en tanto constituyen los puntales básicos de ejercicio de una ciudadanía democrática que debe poner coto a los extremismos y la improvisación que tanto daño vienen causando a la población. 

Necesitamos informarnos sobre las verdaderas intenciones de los partidos políticos, decidirnos a participar en el debate de propuestas válidas y de militar si consideramos necesario; requerimos ser ciudadanos interesados en el progreso del país. No olvidemos que “cada pueblo tiene al gobernante que merece”. En el poco tiempo que resta para las elecciones y sin perder la esperanza de contar con un nuevo gobierno que trascienda la ineptitud, procedamos a realizar una autocrítica sincera. Porque si decimos que el gobierno es inepto, recordemos que quienes los eligieron fueron muchos de los que hoy critican tras las rendijas de su conciencia. No más errores.

Heriberto Bustos
03 de abril del 2025

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