Antero Flores-Araoz
Chema: siempre presente
Una semblanza del gran periodista y hombre de radio
Para quienes conocimos a José María Salcedo de la Torre, más conocido como Chema Salcedo, siempre estará en nuestro recuerdo, no solo por haber sido un gran periodista, un empedernido conversador y estupendo amigo, además de excelente ser humano, que cuidó a su padre hasta el final y soportó estoicamente un penoso cáncer que lo tuvo alejado algún tiempo de sus geniales entrevistas.
Tuve el privilegio de conocer a Chema desde temprana edad, cuando su familia migró desde España al Perú, luego de que su padre sufriera las penurias de la Guerra Civil Española en la que participó. En nuestra patria fue acogido por la familia Montori, también de origen vasco, la que tenía en Pedro Montori Uriarte a uno de los más significativos personajes de la colonia ibérica. Pedro Montori tenía un negocio de venta de juguetes y alfombras en la calle Mantas, integrante del jirón Callao en el centro de Lima, en que don José Salcedo Molinuevo laboró muchísimos años.
En aquellos tiempos también había otra juguetería, de don Germán Ortiz Montori, y con los Montori- descendientes de Montori Uriante, los Baertl Schutz, los Montori Schutz, los Baertl Montori, los Montori Alfaro y algunas otras familias de vínculos amicales entrañables, entre las que se encontraba la mía, siendo además ahijado de don Pedro, todos ellos formábamos un clan en el que, por lo general, la familia de Chema participaba en las reuniones familiares.
En su juventud Chema tenía notorias inclinaciones socialistas que no escondía, y en su carrera periodística fue director del Diario de Marka e integrante del Partido Socialista Revolucionario y de la Izquierda Unida. Ya con más años presidió el IRTP (Radio Nacional y Canal 7), incursionó en la cátedra universitaria y en la cinematografía, además de su genio literario. También fue conductor de importantísimos programas radiales y televisivos, principalmente en RPP, de la que tuvo que retirarse debido a su grave enfermedad, hasta que fue invitado a conducir programa de entrevistas en PBO, bajo la dirección de Philip Butters, superando sus limitaciones de vocalización.
Chema tenía como costumbre ir caminando desde su casa a las radios y televisoras en las que conducía entrevistas, así como programas de opinión. Y lo mismo hacía de regreso, pero en ese trajín cotidiano se cruzaba con gil y mil y, normalmente conversaba con quienes eran habitúes en sus paseos miraflorinos y san isidrinos.
Muy probablemente por su relación con los empresarios radiales y televisivos, así como con las familias Baertl y Montori, muy ligados a la actividad minera, fue retirándose de sus devaneos de izquierda para comprender la ecuación inversión - trabajo - bienestar, que es la que hace desarrollar y crecer a los países, así como salir de la pobreza y pobreza extrema.
A tiempo también se convenció que los postulados que llevaron a Cuba, Nicaragua y Venezuela al ostracismo no debían reproducirse en otros países, y menos en el Perú, que lo había recibido con los brazos abiertos.
Chema siempre será recordado por sus buenas formas al hacer periodismo, por el respeto a sus entrevistados y contertulios, pese a las discrepancias, y por entrevistar con altura y elegancia, haciendo de lo simple algo importante. Y con una narrativa que siempre tenía enseñanzas y moralejas.
Con razón tantas personas de bien extrañan al gran Chema, que ha hecho del periodismo escuela y de sus conversaciones cátedra. ¡Siempre se te extrañará, querido Chema!
















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