Antero Flores-Araoz
Valium Super Plus
Las airadas protestas de algunos candidatos por los problemas en la votación
Se ha realizado la primera vuelta de las elecciones generales del año 2026, como correspondía y, atendiendo a que ninguno de los dos candidatos presidenciales con mayor votación superó el número de votos necesarios para ser proclamado como el próximo presidente de la República, tendremos que ir a la segunda vuelta electoral.
Evidentemente no nos estamos refiriendo a la votación oficial, sino solamente a aproximaciones que por más serias que puedan ser, solo son aproximaciones, sean ellas a boca de urna, conteo rápido o cualquier otro sistema que utilizan encuestadoras e incluso la misma autoridad electoral.
Dada la información proporcionada previamente por las autoridades electorales, se consideraba que iríamos a tener un proceso rápido, claro, y por supuesto transparente, más cuando las agrupaciones políticas participantes del proceso electoral no habían expresado mayores observaciones, como tampoco la prensa, que más bien había informado que el material electoral había sido distribuido a tiempo.
Pues, oh sorpresa, llegó el 12 de abril, día de la primera vuelta electoral y en diferentes locales de Lima en que se realizaría el sufragio, no había llegado el material necesario. Y para 187 mesas también de la ciudad capital, no llegó el material por más que el JNE amplió el horario para las elecciones y se vio la autoridad electoral precisada a disponer que el acto eleccionario de dichas mesas fuese realizado al día siguiente.
Algo que había tranquilizado a la ciudadanía es que durante la campaña electoral no hubo atentados contra los candidatos, de lo que hay que agradecer a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas que los secundaron en la tarea de mantener el orden interno.
La ONPE debería explicar a la ciudadanía son las motivaciones, incluidas las técnicas, para contratar a particulares el transporte y entrega del material electoral, cuando por muchos años lo habían hecho eficientemente nuestras Fuerzas Armadas, al igual de la motivación por la que no se recurrió a ellas cuando se evidenciaron fallas en el transporte privado.
Muchos han levantado su voz de protesta a altos decibeles por lo acontecido, incluso saliendo a la prensa a decir que hay que anular todo el proceso, pues hacer el sufragio para algo más de 60,000 electores, podría variar el resultado presidencial, lo que es imposible puesto que entre el segundo candidato más votado y el tercero, hay una diferencias en votos marcadamente mayor, por lo que tal contingencia es imposible que se convierta en realidad.
No solamente hay errores de ONPE, pues la fiscalización del JNE tampoco los corrigió, sino que el propio gobierno, recién el viernes 10 de abril, dictó la norma legal para el tratamiento laboral con motivo de las elecciones. Las fallas siguen sumando, pero no para anular el proceso.
Las airadas protestas de algunos candidatos, de dirigentes de agrupaciones políticas, así como de analistas y expertos en procesos electorales, nos llevan a muchos ciudadanos comunes y corrientes a pedirles calma, pues con gritos destemplados nada se construye, pero si se puede destruir mucho, más cuando está en juego la honra de las personas.
Sin que medie siquiera una investigación administrativa, hasta la máxima autoridad electoral que es el JNE, piden la inmediata detención del Jefe de la ONPE y diversas otras autoridades de tal institución, como si ello fuese a solucionar el desaguisado del que tratamos. ¿Dijo algo el JNE o la Contraloría General de la República, cuando se contrató el transporte y distribución privada del material electoral? Que sepamos algo concreto, pues nada de nada.
Convendría que muchas personas consigan su super Valium para que se tranquilicen y más cuando se trata de candidatos y dirigentes partidarios que, de llegar a ser elegidos y proclamados como diputados o senadores, tendrán que conciliar con otras bancadas para alcanzar los votos requeridos en diversidad de votaciones. Es dificilísimo pasar de las imprecaciones e insultos, a la convivencia pacífica, razonada y respetuosa ¡Ténganlo muy presente!
Reconociendo que es un proceso con dificultades y deficiencias, no podemos clamar al cielo con el aleluya, pero tampoco echar más leña al fuego, que ya lo hay abundante.
















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