Cecilia Bákula
Centenario del APRA
El Partido Aprista fue fundado en México, el 7 de mayo de 1924

Nuestra vida republicana ha visto la brevedad, fragilidad, diversidad y poca contundencia de muchas organizaciones políticas; muchas de ellas nacidas con gran expectativa e ilusión por parte de la población, con un sinfín de promesas y, por lo general, con una gran dosis de oportunismo y no poco sentimiento de mesiánico de quienes, en su momento, se erigieron como sus líderes.
Distinta y felizmente diferente es la historia ya casi centenaria del Partido Aprista que este 7 de mayo celebrará con orgullo sus primeros cien años. Si bien el nacimiento nacional tuvo lugar en Lima el 20 de setiembre de 1930, como organización política de carácter e interés continental, nace en México el 7 de mayo de 1924, cuando en un acto de gran valor simbólico, Víctor Raúl Haya de la Torre, en el antiguo y prestigioso colegio de San Ildefonso del Distrito Federal, entrega al presidente de la Federación de Estudiantes de México la bandera Indoamericana, comprendiendo Haya de la Torre, que el futuro de la política del continente implicaba incluir no solo a los grupos dirigentes y tradicionalmente visibles,, sino a las mayorías indígenes, por entonces ampliamente invisibles y es por ello que el concepto de “Indoamérica” caló profundamente en su momento y cabe señalar que no fue por puro azar que la fundación tuvo lugar en México ni con la presencia de José de Vasconcelos; Haya que tenía ya para entonces un amplio conocimiento de la realidad política de entonces, señaló: “Ninguna experiencia histórica es en verdad más cercana y más aprovechable para los indoamericanos que la que nos ofrece México. En mi concepto, la Revolución Mexicana es nuestra revolución; es nuestro más fecundo campo de ensayo renovador”.
Se establecieron entonces los cinco fundamentos iniciales sobre los que se creó, difundió y se ha desarrollado la Alianza Popular Revolucionaria Americana – APRA:
- Lucha contra el imperialismo,
- Búsqueda de la unidad política en América Latina,
- Nacionalización progresiva de tierras e industrias,
- Internacionalización del Canal de Panamá,
- Solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.
Hoy en día, el Partido Aprista Peruano mantiene lazos de amistad estrecha con organizaciones políticas afines pero es un partido político exclusivamente peruano, de mucho arraigo popular y en un proceso constante de renovación, fortalecimiento y superando el difícil momento que significó la repentina desaparición de Alan García, quien fuera en los últimos años su líder natural, al haber llevado al Partido Aprista al ejercicio del máximo poder político en la presidencia de la República.
En el Perú y aunque a algunos les disguste, la historia del APRA ha estado siempre vinculada a la gran aceptación por parte del pueblo al haber sido la única organización que supo captar las esperanzas de todos los grupos sociales: intelectuales, obreros, trabajadores manuales y de ser como el intérprete y el vocero de los sin voz. Ese arraigo popular despertó miedo y recelo en los grupos de poder y en los candidatos emergentes en los procesos electorales en los que el APRA participó pues en no pocos se le vetó con todo tipo de artimañas.
Por ejemplo, en 1931, se dijo que Haya de la Torre había sido derrotado frente a Luis M Sánchez Cerro; el pueblo aprista desconoció los resultados y posteriormente, ese sentir quedó corroborado cuando se encontraron ánforas con cédulas de votación a favor del Apra y que no habían sido contabilizadas, pero el fraude ya se había consolidado y el régimen usurpador de Sánchez Cerro no escatimó esfuerzo alguno en perseguir y encarcelar no sólo a Haya de la Torre sino alos dirigentes apristas y simpatizantes. El odio llegó a extremos tremendos como lo sucedido en Trujillo se produjo el 7 de julio de 1932 un fallido levantamiento armado que desencadenó en enfrentamientos entre el pueblo aprista y la fuerza armada. La insurrección fue duramente reprimida, siendo Trujillo la primera ciudad en la historia bombardeada desde el aire y por la propia fuerza aérea del país ;miles de apristas fueron detenidos y se calcula más de seis mil fueron fusilados en las ruinas peruanas de Chan Chan. Y, como sucede siempre, la sangre de los héroes, no se derrama nunca en vano…
Con ilusión democrática, Haya de la Torre decide apoyar la candidatura de José Luis Bustamante y Rivero, aportando una ingente cantidad de votos pero el fin fue el golpe de Estado dado por Manuel A. Odría que utilizó toda la fuerza de su ilegalidad para perseguir al APRA, declarar que estaba fuera de la ley y por lo tanto propiciar su amplia acción en la clandestinidad, perseguir a los líderes y motivar, por no decir obligar que en 1949, Haya de la Torre se asilara en la embajada de Colombia, en donde tuvo que permanecer 5 años, 4 meses y cinco días, siendo el suyo un caso de asilo que concitó el interés internacionales, llegó a la Corte Internacional de Justicia y sentó precedente creando jurisprudencia al respecto.
Cuando Haya de la Torre pudo regresar al Perú, el país ansiaba su presencia, reclamaba su liderazgo, su calidad humana, su honradez y conducción política y por ello, decidió participar en las elecciones presidenciales, obteniendo el 33% de los votos válidos. No obstante, las Fuerzas Armadas faltando a su deber constitucional, imponen un Veto para impedir que Haya fuera presidente y ante la posibilidad de una severa crisis nacional, de una nueva represión para los apristas, en un gesto que solo habla de grandeza y decencia, Víctor Raúl Haya de la Torre, sabiéndose triunfador, se somete a ese maltrato e injusticia y el 4 de julio de 1962, pronuncia el histórico “Discurso del veto”, una pieza de oratoria, de historia, de literatura política. Es decir que se inmoló en aras de la tranquilidad nacional, esperando un mejor momento para su partido, el partido del pueblo, que ahora festeja su primer centenario.
Hago este brevísimo recuerdo histórico para señalar la importancia de la pervivencia del APRA en la historia de nuestra historia; pervivencia que va más allá de los triunfos en el ejercicio del poder, sino que se sustenta en la coherencia del mensaje. Cuando el joven Alan García, teniendo 35 años llegó al poder, parecía increíble que un aprista se ciñera la banda presidencial y más increíble que lo hiciera años más tarde por segunda vez, no solo para enmendar errores sino para conducir al país a los más altos niveles de crecimiento y desarrollo y esa realidad, la añora el pueblo, la añoran los apristas y la añoran aquellos que creemos en la urgente necesidad de contar con líderes que, como lo hizo Haya de la Torre, vivan con coherencia entre lo que se dice y se hace, hagan de la política una mística de servicio, un compromiso con la historia, con la decencia, con la esperanza de cada ciudadano pues se sirve a electores y a detractores.
El APRA se enfrenta hoy a la necesidad de asumir la modernidad sin afectar la esencia, de atender y dar solución a problemas internos y de estructura y de recuperar el corazón de los millones de corazones apristas pues los hay en el Perú. Ardua tarea pero hay por delante un horizonte luminoso para enfrentar, aún con luces y sombras el segundo centenario, haciéndolo con alegría y optimismo porque como bien dicen los slogans que animosamente repiten los seguidores: “El APRA nunca muere” pues guste o no, anida profundamente en el alma del Perú y se prepara para despertar a ese mañana de esperanza en donde se construirá un país con pan y libertad.
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