Francisco Swett
Alguacil alguacilado: el FMI y el poder político
La crisis económica en Ecuador

El Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene la fama de ser el “cuco” de los gobiernos de los países que caen en desgracia económica. Se le ha acusado de ser implacable y socialmente ciego, y de dar recetas que privilegian la búsqueda de equilibrios macroeconómicos (fiscal, monetario o de balanza de pagos) a expensas del crecimiento que, en definitiva, es la causa motora (driver) de los equilibrios en el tiempo.
Estas reflexiones las hago por cuanto, luego de festinar el Gobierno anterior una centena de miles de millones de dólares de ingresos petroleros y haber incurrido en un gasto público en exceso de US$ 300,000 millones, Ecuador está hoy pagando las consecuencias de la impericia y negligencia culposa de quienes tuvieron la responsabilidad de bien cuidar tal botín inédito de ingresos. Ecuador es hoy un “paciente” del FMI que, tal como van las cosas, no podrá cumplir con las condicionalidades negociadas. Condiciones que, entre otras cosas, implican que la economía no crecerá en el próximo trienio, habiéndose además ignorado el grave problema del régimen previsional que está actuarialmente quebrado.
Para el FMI importa quién es el deudor y su peso específico. Ningún mercado emergente, excepto China e India, tiene por sí solo la capacidad de conmover al mundo, y el FMI, institución que tiene a su haber más fracasos que victorias, se doblega —eso sí— ante el poder político. Pocos años atrás, en los días de la crisis financiera internacional, su propio supervisor interno declaró que la institución erró seriamente en el cálculo de los riesgos debido a una actitud condescendiente y liviana para con los reguladores financieros y bancarios del Reino Unido y de los Estados Unidos, entre otros. Destacó el supervisor en su informe que el Fondo Monetario no se percató de la severidad de los problemas acarreados por la interconexión de las economías, sosteniendo que las políticas correctivas estaban dando los resultados esperados para enfrentar la crisis, y sentenciando que la solución de los problemas era cosa hecha.
La cita textual del informe expresa que “la capacidad del FMI para identificar correctamente los crecientes riesgos fue obstruida por un nivel elevado de convivialidad y sentimiento de grupo, por la subordinación intelectual de la institución, por una expectativa generalizada de que una crisis financiera mayor en las economías avanzadas era poco probable, y por deficientes métodos de análisis”.
Las voces críticas internas fueron acalladas o ignoradas. Hubo incapacidad manifiesta para expandir los análisis y también falta de experiencia y conocimiento. Tal como en el caso que hoy nos ocupa en Ecuador, donde se ignora la gravedad del problema de la seguridad social, en el episodio de las economías desarrolladas la discusión interna en el Fondo ignoró los problemas de las burbujas de activos residenciales y financieros, producto de la manipulación de las tasas de interés por los bancos centrales y sistemas financieros. En definitiva, la institución careció de la solvencia requerida para encarar a tales autoridades por cuanto se trataba de personajes que gozaban “de muy buena reputación y tenían enorme capacidad de análisis”. El monitoreo de la economía americana igualmente ignoró las debilidades de las políticas en ejecución y toleró la falta de colaboración y entrega de información, haciendo aparecer al Fondo como el abanderado del sector financiero americano.
Así las cosas, ¿qué puede esperar del Fondo un país que, como Ecuador, tiene un gobierno que carece de la visión y el sentido de urgencia para apreciar que la economía se desmorona? Acá los papeles se reversan y son las autoridades las que carecen de la “muy buena reputación y capacidad de análisis”, por lo que negocian el cumplimiento de metas que no requieren de mucho cálculo para demostrar que no solo no son realizables, sino que parten de una visión errada de lo que se requiere para salir del ciclo recesivo. ¡Si tan solo se percataran de que el tiempo perdido no es rescatable, y que ya nos hemos dado el lujo de perder dos siglos construyendo una sociedad disfuncional!
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